Svetlana Alexiévich: la mujer que da voz a quienes no la tienen

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AITANA BRUSA SAFIGUEROA  |  Fotografías: Espacio libros, FilboEl Universal

Periodista, escritora, ganadora de un Premio Nobel de Literatura, un Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán, un Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro y participe de la escritura polifónica, son algunos de los logros que pueden leerse en el currículo de Svetlana Alexievich.

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Svetlana Alexievich / Fotografía: El Universal

Con 19 años Svetlana comenzó sus estudios como periodista en la Universidad de Minsk, en la capital de su país natal, Bielorrusia. Fue al terminar sus estudios y comenzar a ejercer su profesión cuando el que considera su mentor, Alés Adamóvich, la introdujo en el mundo, en el que después triunfaría: el mundo de la literatura.

No había muchos escritores que se “atreviesen” a escribir en lo que se denominó como escritura polifónica”, una forma que tiene como técnica la fusión entre el periodismo y la literatura. Los testimonios en primera persona de los protagonistas son recogidos en una labor periodística que posteriormente se transforma en un formato literario, una tarea para la que Alexievich cumplía todos los requisitos.

El primer libro que escribió haciendo uso de este innovador formato fue La guerra no tiene rostro de mujer (1983). Los testimonios de las cientos de mujeres que lucharon durante la Segunda Guerra Mundial y a las que nunca se les rindieron honores como a sus compañeros de batalla los hombres, fueron recogidos en este volumen tras dos arduos años de viajes a lo largo y ancho de la geografía soviética para entrevistarse con las protagonistas a las que se les volvió la cara. En el momento en el que el libro fue publicado, Mijaíl Gorbachov era presidente de URSS, lo cual supuso un gran amparo para la recién estrenada escritora. Gorbachov pretendía abrir las fronteras del país que gobernaba y una de las medidas que quiso llevar a cabo y que favoreció a el conocimiento y difusión de la obra de Alexievich fue la glásnost, que permitió la publicación del libro y su posterior representación como obra teatral en Moscú.

Svetlana junto a algunas de las protagonistas de su novela / Fotografía: Filbo
Svetlana junto a algunas de las protagonistas de su novela / Fotografía: Filbo

Como en casi todos los libros escritos por Svetlana la censura ha jugado una labor decisiva. Se encontró con dirigentes que le abrieron las puertas como Mijaíl, pero a día de hoy el presidente bielorruso Aleksandr Lukashenko sigue vetando sus obras y nombrándola persona “non grata”. Otro de los hombres más poderosos también la veta y la llama “traidora de la patria”. “Espero que el premio Nobel me proteja de él, aunque de esto no estoy nada segura”, asegura en una entrevista concedida a El Mundo haciendo referencia a Vladímir Putin, presidente de Rusia.

Su siguiente libro Los muchachos del zinc (1989) recoge también los testimonios de aquellas personas a las que nunca se les ha preguntado, las madres que perdieron a sus hijos en la Guerra de Afganistán y los soldados que sobrevivieron, pero que siguen luchando.  «He subido a un helicóptero y desde el aire he visto centenares de ataúdes de zinc, el suministro para el futuro, brillantes bajo el sol, bonito y terrorífico» afirma la autora durante su tarea de recogida de información.

Cautivos de la muerte (1993) cuenta la historia de los que vieron el ocaso de la URSS y no pudieron soportar la caída del régimen soviético, la división y la pérdida de todo aquello en lo que creían y confiaban, por lo que se quitaron la vida.

“Me dedico a la historia omitida, las huellas imperceptibles de nuestro paso por la tierra y por el tiempo. Recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma”


Voces de Chernóbil (1997) es una de sus obras más conocidas y recoge los testimonios de más de 500 personas durante una década de investigación. Estos protagonistas (bomberos, personas que vivían en la zona de la explosión, físicos, familias de los que perdieron la vida, supervivientes, etc.) presenciaron, y muchos presencian, el caos de la explosión de Chernóbil, que tanto física como psicológicamente sigue teniendo un papel muy importante en sus vidas diarias. Este fue el libro que nominó a la escritora para el Premio Nobel que, finalmente, ganó. Según la Academia sueca, la escritora resultó ganadora “por sus textos polifónicos, y por sus monumentos al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”. Aun así es una de las obras de Svetlana que está vetada por orden del presidente en Bielorrusia.

Época del desencanto. El final del homo sovieticus fue publicada en 2013. “El comunismo se propuso la insensatez de transformar al hombre ‘antiguo’, al viejo Adán. Y lo consiguió […]. En setenta y pocos años, el laboratorio del marxismo-leninismo creó un singular tipo de hombre: el Homo sovieticus”. Así se resume el argumento de esta obra, que narra el cómo eran y cómo son los soviéticos comunistas, qué hay en sus cabezas o cuáles son sus metas, todo relatado en primera persona, como sello personal de la autora.

Últimos testigos publicada el año pasado en España, es su obra más reciente. Después de toda la desolación de las sagas anteriores, entrevista a los que debieron ser niños y que ahora son madres, padres, abogados, peluqueras, electricistas, etc. después de que la guerra se llevase su niñez. La Premio Nobel apenas interviene en el libro, no da su opinión, no comenta los hechos, solo tiene unas líneas en el prólogo, el resto son los testimonios de los 100 huérfanos bielorrusos representantes de los otros 30.000, a los que la guerra les cambió la vida. Muchos de ellos tuvieron que presenciar cómo mataban a sus seres queridos y cómo destruían sus hogares y sus ciudades en las que que malvivieron durante años, con apenas comida, ni ropa,  y que dejan testimonios como este:

“Me dan miedo los hombres… Me dan miedo desde la guerra”.


Como un resumen de todos los libros que ha escrito, así como una reflexión final, este libro concluye su labor como cronista de la situación pasada y presente del régimen soviético. “Por mi parte se acabaron las guerras. No puedo. Nunca más. Estoy agotada. Mis mecanismos de protección, mis blindajes, están perforados”, sentencia Alexiévich.

Ahora su carrera ha tomado una nueva dirección. La desolación, la muerte y las penurias ya no son protagonistas de la obra que está escribiendo: ahora lo es el amor. El amor que, en propias palabras de la autora, “es la única manera de salvarnos”.

El increíble trabajo que ha desempeñado durante estos últimos años ha sido esencial para dar cabida a quienes no la tenían, un espacio, una voz, para todos aquellos a los que la historia había querido enterrar.

1 COMENTARIO

  1. Aitana has recogido el trabajo y su proyección pero también nos has mostrado a la persona. Gracias

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