La democracia cansada

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Conferencia Ateneo Republicano
SANDRA FERNÁNDEZ LOMBARDÍA  |  Fotografía: Melanie Escuredo Silva

Ninguna corbata en la sala. Aaron Guerra, estudiante de primero de DADE, revisa su hoja manuscrita mientras las butacas rojas reciben el peso de una treintena de espectadores. La jornada empieza con algo de retraso, pero empieza. El Salón de Grados de la Facultad de Derecho se sume en el silencio.

Francisco J. García se presenta como el coordinador de las cuatro conferencias que el Ateneo Republicano de Valladolid tiene preparado para este mes de abril. Bajo el nombre ‘Proceso constituyente: Caminando hacia una nueva constitución’, García explica que el Ateneo pretende justificar por qué una mera reforma de la Ley electoral sería insuficiente y qué ventajas traería la creación de un nuevo proceso constituyente. Después de agradecer la asistencia de los presentes, cede la palabra a Aaron, que ya no necesita su hoja para introducir brevemente al protagonista de esta jornada.

Se trata de Julio González García, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, que durante las casi dos horas de reunión explica cómo funciona la Ley electoral de nuestro país y cuáles son los problemas que más incumben a la ciudadanía.

 

En busca de un nuevo proceso

González considera anacrónico que España mantenga unas reglas electorales parecidas a las de 1977. “Fueron muy útiles en su momento, pero la sociedad actual es mucho más madura”, afirma. Gracias a estas leyes, continúa, “el Partido Popular, con menos de un 30% de los votos, tiene una mayoría absoluta en el Congreso”. Esta mayoría absoluta también hace que vea con gran escepticismo la creación de este nuevo proceso. “No me imagino al PP aprobando un cambio como éste”. En la sala, algunas risas flojas le dan la razón. El ponente se encoge de hombros.

“Nuestras reglas electorales fueron muy útiles en su momento, pero la sociedad actual es mucho más madura”.


El Real Decreto-ley de 1977 fue, según el ponente, un pacto de fuerzas políticas que crearon “un régimen electoral marcado por el miedo, constreñido y hecho para favorecer a las mayorías”. Va más allá y afirma que el sistema electoral que tenemos perjudica a la ideología de izquierdas, debido a que se encuentra segmentada en un mayor número de partidos. Para justificar este razonamiento hace referencia a unas declaraciones de Oscar Alzaga en Italia en las que afirmaba que el sistema electoral había sido elaborado por expertos que tenían como objetivo primordial que “el gobierno de Suárez tuviese una mayoría absoluta en el Congreso”. Para el conferenciante, estas afirmaciones suponen una atrocidad y justifican la importancia de buscar un nuevo proceso más justo e inclusivo.

Conferencia Ateneo Republicano
Julio V. González García. Catedrático de Derecho Administrativo. Fotografía: Melanie Escuredo

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Una democracia de partidos

El catedrático no entiende que la participación política se centre en los partidos. “En este país, la democracia pasa por los partidos y cualquier otra opción es prácticamente inviable”, señala. Una democracia así, cansa. Cree que esta situación acarrea dos problemas. Por un lado, es casi imposible que una iniciativa legislativa popular llegue a la cámara, mucho menos que se apruebe, ya que no se permite que un ciudadano sea el que defienda la propuesta y en su lugar la presenta un diputado que, por lo general, no quiere que se apruebe. Por otro lado, Julio González cree que con la democracia actual los referéndums están mal vistos. “Para cualquiera que haya viajado un poco, resulta sorprendente que los partidos se nieguen a preguntar a la ciudadanía”. Aprovecha la ocasión para reivindicar el referéndum revocatorio, que permitiría que el país pudiese votar la revocación de su presidente si considera que éste no está realizando bien su trabajo.

“En este país la democracia pasa por los partidos y cualquier otra opción es prácticamente inviable”


Otro problema es la falta de igualdad entre los partidos políticos. Al existir un límite de partidos, la concesión de avales y trámites jurídicos es muy complicada. Los medios de comunicación, según el catedrático, agravan esta situación. “No resulta razonable que, por ejemplo, Izquierda Unida no haya sido invitada al gran ‘debate a cuatro’ o que el presidente del Gobierno se permitiese el lujo de no asistir”. Asegura que en cualquier otro país esto sería una provocación.

Conferencia Ateneo Republicano
Francisco J. García, organizador de la jornadas. Fotografía: Melanie Escuredo

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Demasiados problemas, escasas soluciones

El ponente procede, también, a hablar de los principales problemas del actual sistema electoral. Comienza por la circunscripción electoral. “Hay provincias demasiado representadas, Guadalajara no puede ser igual que Madrid”. También considera que este sistema repercute, de nuevo, en las minorías y en la izquierda, al presentarse más sesgada. Como era de esperar, la ley D’Hondt tampoco es de su agrado y explica que existen múltiples alternativas de elección, pero que la falta de acuerdo entre partidos es una gran traba. “No es complicado cambiar la forma de elegir diputados, el problema es elegir una”.

“El sistema electoral español favorece a la derecha, ya que la izquierda siempre está más fragmentada”.


Julio González no podía dejar escapar el tema del voto en el extranjero: “Existen demasiados trámites, habilitar el voto electrónico sería lo más lógico”. Pero donde verdaderamente ve defectos es en el Parlamento. El conferenciante no entiende el sistema de control político actual. “Es absurdo que el partido de oposición deba pedir permiso al Gobierno para controlarlo”. De nuevo, algunos de los asistentes se ríen y el catedrático niega con la cabeza. “Es que no tiene sentido”, insiste.

El último gran problema que Julio González ve en nuestro Parlamento es el abuso de los Decretos-ley. Para ser más concretos, alrededor de 90 en la última legislatura, muchos de ellos sin ese carácter de urgencia y necesidad que, en teoría, deberían tener. “Se ha llegado a imponer por Decreto-ley algo que entraba vigor al año siguiente”, sentenció.

El catedrático termina con una reflexión. “No creo que una democracia mejor vaya a llegar, solo hay que mirar el actual pacto de gobierno. Nadie se pone de acuerdo; estamos perdiendo la educación”. El catedrático se despide de sus asistentes abogando por una ciudadanía más informada y crítica. Aunque con pequeños debates sobre la forma de obtenerlo, todos los presentes se muestran a favor de un cambio. Mediante partidos o participación ciudadana, con el gobierno en funciones o sin él, pero un cambio. Un nuevo camino.