ANDREA MARCILLA CARRANZA  |  Fotografía: Pexels  |

Cuerpos mercantilizados, trata de personas, mujeres y niñas extorsionadas, suicidios, actores y actrices explotados… Todo ello lleva a plantear la pregunta: ¿Merece la pena seguir consumiendo porno?

Las respuestas las da la escritora Mabel Lozano junto al inspector de Policía Pablo J. Conellie.  Su libro ‘PornoXplotación’ habla acerca de ocho relatos inquietantes de trata de mujeres con fines de explotación sexual. El proceso de composición fue tan duro que se extendió hasta pasados los cuatro años. Durante la jornada del 30 de noviembre, los alumnos de la UVA asistieron a la conferencia online PornoXplotación. Migrando a las fronteras digitales de Mabel Lozano. Ella define la pornografía como ‘la prostitución 2.0’, una forma de blanquear la trata. En definitiva, un fenómeno que desencadena en efectos asoladores.

El porno es un virus social que ‘se ha visto alimentado por el desarrollo de las tecnologías‘. Estas ofrecen una mayor accesibilidad a estas plataformas, que ‘se acaba traduciendo en una mayor agresividad’. Este negocio que ingresa miles de millones de euros anualmente se extiende como la pólvora. ‘La edad de inicio de su consumo ronda los doce años, hecho que marca una etapa en la vida de los jóvenes’, afirma Lozano.

Un estudio reciente ha revelado que durante el confinamiento las cifras de visionado de este tipo de contenidos han aumentado considerablemente entre los menores, solos ante los peligros en la red. En esta sociedad manchada por la distorsión, las gameboy han sido sustituidas por la viva imagen de la cosificación y mercantilización de la mujer.

El aumento de la violencia sexual entre menores ‘se debe al consumo de sexo de contenido salvaje e inhumano, especialmente para las mujeres’. Ellas asumen que lo que ven en las plataformas pornográficas es la verdadera sexualidad. ‘Su papel se ha convertido en un objeto sobre el que ejercer violencia’, añade la ponente.

Mientras que el 76% de los hombres consumen un tipo de sexo completamente estigmatizado y machista, según datos que expone Lozano, las mujeres esperan saber cuál es su papel en todo esto. Esto se debe a que ‘se ha generado un entorno de desinformación, así como una terrible falta de educación sexual‘. Como consecuencia, deriva en relaciones forzadas, sin consentimiento, e incluso en la creación de las conocidas ‘manadas’.

Esto no quiere decir que todas las mujeres que trabajan en el mundo del porno sean víctimas de la trata de personas, pero sí que las hay. La imagen de aquellas camgirls forradas, queda contrarrestada por la realidad de mujeres ‘peladas’ y extorsionadas. Además, Lozano exclama que ‘se cree que la crisis del COVID-19 ha generado un nuevo riesgo en este ámbito: la búsqueda de mujeres con un perfil basado vulnerable a causa de la inestabilidad económica

Desgraciadamente, no es un conjunto de algoritmos destinados al entretenimiento y al ocio. Es una realidad que deja miles de vidas en el camino, víctimas que nunca consiguen superarlo. Miles de mujeres y niñas que ‘están siendo sometidas’. Es conveniente abrir los ojos antes de que sea tarde y, a diferencia de lo que muchos creen, la lucha no es sólo femenina.

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