MARINA LAJO TRAPOTE  |  Fotografía: Marina Lajo  |

El primer puente de Valladolid, el Puente Mayor, es uno de los rincones de leyenda que reposan en la ciudad del Pisuerga. Los datos históricos confirman que se construyó entre los siglos XIII y XIV, pero en algún momento, inexacto en el tiempo, se duplicó su anchura. En realidad, el ensanche de este puente parece dos puentes que se fusionaron en uno.

Este puente narra la frustrada venganza de Mohamed, que tuvo un final feliz, salvo la recogida por el escrito Antonio Martínez Viérgol a finales del siglo XIX que no tiene un final agradable. Incluso él mismo advierte a los lectores al comienzo del texto: ‘antes, lector, que pases adelante, hacerte una advertencia es mi deseo; nada hermoso hallarás, todo es muy feo’.

Puente Mayor | Fotógrafa: Marina Lajo

La leyenda de la frustrada venganza de Mohamed

La construcción del Puente Mayor arranca, según la leyenda, en un momento complicado para la Condesa Eylo. Pedro Ansúrez estaba fuera debido a la guerra y Mohamed, su esclavo desde la conquista de Toledo, planea con el príncipe Omar arrebatarle la villa de Valladolid.

‘Mahomed era un prodigio para aquellos tiempos y pocas eran las ciencias que no poseía. Médico, Astrólogo y constructor, tampoco le eran desconocidas las estrategias de la guerra. D. Pedro le había salvado la vida en el cerco de Toledo, y según las leyes de la guerra lo hizo su, esclavo. El árabe agradecido á los favores del conde se consagró con lealtad a su servicio, y en Yalladolid fue el quemas trabajo en la construcción del palacio y de la Iglesia de Santa María, por lo que al cabo de dos años ya no era tratado como esclavo, sino como uno de los servidores más queridos del conde. En verdad que Mahomed merecía estas distinciones, pues se desvivía por complacer al conde y su familia;-pero sus instintos eran malos y la condesa Doña Eloísa con su intuición de mujer, los había adivinado por lo que Mahomed, nunca le fuera simpático.’

Sin embargo, el príncipe Omar se enamoró de la condesa y no fue capaz de hacerle daño alguno. La mujer truncó los planes de traición de Omar, lo que hizo que Mohamed se convirtiera en el enemigo más peligroso de los condes.

‘Mohamed no hubiese sido traidor si la fatalidad no tomase la forma de una mujer, en la persona de Zaida Fátima. ¿Quién era Zaida Fátima? Nadie lo sabía en Valladolid y solo era conocida del conde y la condesa.’

Mohamed decidió secuestrar a Zaida, la amiga íntima de la Condesa Eylo y también esclava. Zaida, de quien Mohamed está enamorado, resulta ser la sultana de Toledo.

Zaida rechaza continuamente a Mohamed, por lo que este decide hacerle daño a través de sus seres queridos: la condesa y sus hijos. El hijo varón, Alfonso, muere finalmente, aunque las mujeres se salvan por el antídoto que Omar les proporciona.

Puente Mayor | Fotógrafa: Marina Lajo

La Condesa, dolida por la muerte de su hijo y la desaparición de su amiga, se vuelca en la construcción de un puente que facilitase la comunicación con la villa exterior.

‘A últimos de abril y las grandes lluvias que habían caído engruesaran de un modo tal ebrio Pisuerga, que lo hicieran salir de su cauce, por lo que ocurrieran algunas desgracias; las barcas no podían pasar el rio y Valladolid estaba casi incomunicado con las aldeas vecinas, y si alguna barca lo cruzaba para pasar a algún mensajero del conde que traía noticias a su esposa y a su ciudad de sus victorias en la guerra, era exponiéndose en extremo y con grandes dificultades. La condesa estaba disgustada de estos contratiempos y no hacía más que discurrir cómo remediarlos. Pronto su imaginación la sugirió un proyecto grandioso y (…) pensó construir un gran puente sobre el Pisuerga, que uniese a Valladolid con los pueblos cercanos; pero no un puente como los que había sobre el Esgueva y que se caían a las primeras avenidas sino un puente grande, seguro, magnífico, que resistiese el embate de las aguas y del tiempo y que dijese a los siglos futuros lo que ella valía.’

A los pocos días de comenzar la construcción, la condesa se da cuenta de la torpeza de los constructores cristianos. Entonces, decide recurrir a la sabiduría de los árabes, en concreto de Mohamed, ya había demostrado su habilidad en la construcción.

Mohamed, deseoso de venganza, planea construir un puente tan estrecho que pocas personas pudieran atravesarlo. De este modo, la ciudad se quedaría a la merced de sus atacantes. No obstante, la condesa no duda de Mohamed.

‘Desde que él se hiriera cargo de ella adelantaba con extremada rapidez, y las dificultades para su construcción habían concluido.

 

Resolvió dejar el puente demasiado estrecho, para que cuando el ejército del Conde se viese en él no le fuese posible sino pasar poco a poco, y de manera que desde el rio pudiesen destrozarlos.’

Cuando Pedro Ansúrez regresa a Valladolid, contempla las dimensiones del puente y decide dar un suculento botín a quien sea capaz de ensancharlo. Entre las repetidas negaciones de Mohamed, aparece Hugo de Moncada quien desenmascara a Mohamed y consigue la confianza del conde para ensanchar el puente. Lo que hace es añadir uno similar al lado y fusionarlos.

‘Concluido sin que tuviese un defecto, y de una manera que demostraba la gran sabiduría de constructor del peregrino. Le había añadido otro tanto, y la unión se veía clara y sin que quedase la menor duda, .pues el puente tenia doble anchura de cuando lo había hecho Mahomed. Era una obra grandiosa, magnífica, y que entusiasmaba a todos los cortesanos.


Parecía imposible que a aquella fuerte fabricación se hubiese podido unir otra igual en todo, y que solo se distinguía por añadidura debajo de los arcos y por la doble anchura que tenía.’

En el arco se puede apreciar la fusión de los dos puentes | Fotógrafa: Marina Lajo

La leyenda está repleta de intrigas e historias que se cruzan con la construcción del puente sobre romances, espionaje, celos y crímenes. ¿Por qué residía la sultana de Toledo -quien, por cierto, es felizmente liberada- por voluntad propia en un alcázar cristiano? ¿De dónde sale el tal Moncada? ¿Qué ocurre con el príncipe Omar?

La leyenda recogida por Antonio Martínez Viérgol

Puente Mayor visto desde el Parque de las Moreras | Fotógrafa: Marina Lajo

En aquel momento de la historia vivían en Valladolid dos importantes familias los Reoyo y los Tovat. Ambos herederos podían presumir de su atractivo físico. El hijo de Tovat destacaba por su carácter ‘ensueño de las mujeres’, mientras que el vástago de Reoyo por ‘su genio desabrido y su orgullo inusitado’ era ‘de ellas odiado y de ellos aborrecido’. Pero esto despertaba en Reoyo un inmenso odio hacia su vecino Tovat.

Al otro lado del río Pisuerga vivía Flor, hija de un labrador que hace años había sido un soldado. Según Martínez Viérgol, era una joven de extraordinaria belleza, ya que el autor la describe así:

‘Una muchacha preciosa, angelical, que nació de un beso que el viento dio en el cáliz de una rosa. Un ángel que en raudo vuelo, coronado de arrebol entre los rayos del sol bajó un día desde el cielo. Flor se llamaba y no mal cuadraba el nombre a la hermosa, pues parecía una rosa arrancada de un rosal.’

La joven Flor y el hijo de los Tovar empezaron a verse. Pero el autor nos hace pensar que los sentimientos de la joven eran distintos a las intenciones del galán:

‘Así seguían de Flor los amores con Tovar en concierto encantador: él amando sin amar, ella muriendo de amor. Él en amores artero fingía amor verdadero sin más fin, ni más empresa que saltar sobre la presa como un lobo carnicero. Ella inocente y hermosa, ciega de amor violento, luchaba en vano afanosa como débil mariposa juguete del fuerte viento.’

Una noche, cuando Tovar iba hacia su cita, un temporal empezó a crecer. Aunque comenzó a ir más rápido, se cruzó con Reoyo:

‘En guardia los rivales, desnudos los aceros a pelear, ligeros los dos prestos están. Y pasan dos minutos que un siglo les parece y la tormenta crece y aumenta el huracán. Llega al punto a nuestro oído un quejido de dolor y Reoyo cae a un lado traspasado el corazón.’

Mientras Tovar da muerte a su oponente, la tormenta se vuelve más intensa.

El de Tovar atónito se para; mira atrás cual si el muerto le siguiera y a vadear el río se prepara; (…) ¡empresa vana, necio desvarío, el río es un torrente, no es un río!

El joven lleno de ira y viendo el Pisuerga embravecido llama al mismísimo diablo.

‘¡Dios soberano! ¡Cielos! Yo os desprecio. ¡Satán! Ven en mi ayuda; un renegado reclama tu poder a tan buen precio que mi conciencia, cuanto soy y ansío lo depongo desde hoy a tu albedrio. Condúceme a los brazos de mi amada, que yo la vea, que su faz admire, que de su linda boca perfumada el dulce aliento embriagador respire; que bese su mejilla sonrosada y que en sus ojos sin igual me mire. Que sea mía, ¡mía! y te prometo a tu yugo, Satán, vivir sujeto.’

Puente mayor desde la calle Isabel Católica | Fotógrafa: Marina Lajo

En ese instante, las aguas se separaron y apareció Satanás entre llamas. Le dijo al joven que iba a forjarle un puente para que pudiera ver a Flor. De este modo, el Pisuerga se vio de repente con el Puente Mayor que unía las dos orillas.

Tovar no se lo piensa y atraviesa la vía a la carrera, pero por más que buscaba no encontraba a la joven.

‘A la luz de un relámpago, seguida de un trueno aterrador, Tovar alcanza a ver a Flor casi a sus pies tendida. Reprime un grito de dolor y avanza. ¡Qué hermosa! ¡Si parece estar dormida! y cual si le quedara una esperanza dice, dándola un beso: Flor despierta… ¡Horrible maldición! ¡Estaba muerta! (…) ¡El rayo! ¡gritó! ¡el rayo! Yo lo he hecho por clamar contra el cielo soberano… Perdona, amada Flor, soy un villano.’

El joven enloqueció tras la visión del cuerpo de la joven Flor. Tuvo que retirarse a Sierra Morena, encomendado a la limosna. Al morir treinta años después en su último aliento dijo: ‘¡Me marcho con ella!’.

La obra completa está disponible en el archivo digital de la Biblioteca de la Junta de Castilla y León.

Puente Mayor visto desde la Avenida Salamanca | Fotógrafa: Marina Lajo

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