MARINA LAJO TRAPOTE  |  Fotografía: Info Valladolid  |

En la antigua judería de Valladolid se encuentra la plaza de los Ciegos. El nombre de esta plaza proviene de una leyenda que surgió entorno a la joven Susana, hija de un acaudalado judío llamado Salomón.

La joven, se decía, tenía unos ojos de color violeta y despertaba la curiosidad de muchos. Pronto se empezó a hablar de ella y llegaron muchos pretendientes. Eran tantos los que atosigaban a su padre, incluidos herederos de familias nobles, que este decidió tomar medidas.

Plaza de los Ciegos / Fotógrafa: Marina Lajo

Salomón había perdido a su mujer y su tesoro más preciado era su hija Susana. Por este motivo, y por temor al acoso que su hija sufría, le ordenó que no saliese de su casa sin antes taparse la cara para que nadie la reconociera.

La medida que había tomado Salomón solo avivó más la curiosidad de los vecinos. Un grupo de cuatro judíos, tres comerciantes y un rabino, sabían que Salomón había dejado una parte de su jardín a la vista. Era la parte más cuidada y de la que presumían. Entonces, decidieron espiar a la joven a través de sus rejas, como Satán les había dicho.

Los jóvenes hicieron guardia y durante una de ellas Susana salió al patio con intención de bañarse en la pequeña alberca de mármol del jardín. Cuando la joven se desnudó, según la leyenda, quizá por la intensidad de su belleza o quizás por castigo divino, los cuatro jóvenes judíos se quedaron ciegos.

La plaza se llamó la plaza de los Ciegos en honor a la leyenda, ya que era el lugar en el que se ubicaba la casa de Salomón. En la actualidad, se accede desde la calle de Isidro Polo (que viene de la plaza de la Trinidad) o por la calle Imperial.

Plaza de los Ciegos / Fotógrafa: Marina Lajo

La leyenda está recogida en el libro Rincones con fantasmaUn paseo por el Valladolid desaparecido, escrito por Juan Carlos Urueña y editado por el Ayuntamiento de Valladolid.

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