La batalla de Chile, la insurrección de la burguesía

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EVA NEBREDA RODRÍGUEZ  

Tan solo existe una copia del film, pues la película no se ha estrenado nunca en salas de cine y no ha pasado por televisión. Junto a «El botón de Nácar«,  Patricio Guzmán consigue dos obras que narran la realidad de Chile; la primera en su camino hacia el socialismo y en la segunda muestra la búsqueda de los cuerpos víctimas de la Dictadura; una Dictadura que, como todas, protegía su imagen impidiendo que la verdad saliese a la luz. Tras ésta, Guzmán mostró el documental a unos veinteañeros y los grabó sus reacciones y comentarios, vieron aterrorizados los sucesos de su país y las decisiones de sus gobernantes.

El documental muestra cómo, seis meses antes del bombardeo del palacio de la moneda, la población, dividida en dos bandos, compartía con el mundo sus opiniones políticas. Los ricos, los burgueses y altos mandos, apoyaban a la oposición, que luchaba contra los ideales izquierdistas favorables a los pobres. Entre este desorden, el presidente Salvador Allende propone una serie de reformas sociales y políticas que modernizasen el Estado y acabasen con la pobreza en el país. Los sectores más conservadores vieron en  las palabras del presidente una amenaza contra sus beneficios económicos y dejaron atrás cualquier apoyo hacia el Gobierno.

En el documental, a través de la imagen que nos ofrece el fotógrafo Jorge Müler, quien desapareció tras el golpe de Estado, vemos y oímos a gente adinerada tachar el gobierno de Salvador de comunista. Y, días antes de las elecciones, se escuchan frases como » El domingo Chile va a decidir si quiere marxismo o libertad» o «Chile necesita libertad y democracia». Todo ello daba a la oposición una confianza ciega; que, incluso el mismo día en que se celebraron las votaciones, continuó, pues a las cinco de la tarde varios medios estaban ya anunciando su victoria. Sin embargo, omitieron la información que aseguraba más de un 40% de votos a favor de la Unidad Popular; la oposición no había conseguido los dos tercios que necesitaba para derrocar al líder socialista y la gente ya lo estaba celebrando.

Aquí es donde la derecha se da cuenta de que por medios legales le será imposible acceder al poder y comienzan una serie de planes con el objetivo de alejar el apoyo del público hacia Allende. Consistieron en sabotear tiendas, boicotear fábricas y acabar con las reservas para debilitar las medidas del régimen; así como realizar manifestaciones violentas para obligar a la movilización de las guardias con la esperanza de que ocurra alguna desgracia y el Gobierno sea tachado de agresor e incompetente. Acuerdan también un boicot contra toda iniciativa de la Unidad Popular rechazando la ley regular de obreros, de familias y de la formación de empresas de autogestión, así como la aprobación de otras pero sin financiamiento.

La democracia cristiana iba poco a poco uniendo colectivo a su favor, entre ellos estudiantes y trabajadores de los gremios. Tras un altibajo por el asesinato de José Ahumada, un obrero que se manifestaba pacíficamente junto a muchos otros por la sede del partido y cuya muerte movilizó a más de tres mil personas; la oposición encontró su fuerte en la empresa del cobre. Los proletarios más pudientes se pusieron a su favor y comenzaron una huelga que duraría más de treinta días, dejando al país debilitado económicamente.

A pesar de todo, Allende continuó luchando por los derechos de sus ciudadanos, poniéndoles por encima de cualquier beneficio económico y dejando testimonio de cómo llegar a la democracia a través de las urnas.