Henar Torres, ex-misionera mormona y tarotista

Reflexiona acerca de una interminable búsqueda de Dios, desde sus inicios como fervorosa católica hasta el momento actual, en el que se considera sacerdotisa wicana.

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MÓNICA SÁNCHEZ BLANCO  |  Fotografía: María Henar Torres  |

El mantel lapislázuli flota a nanómetros de la mesa de madera redonda. Ambos impiden ver las cortinas tejidas en estrellas. Pero no pueden eclipsar, como tampoco son capaces de hacerlo las demás maravillas del gabinete de María Henar Torres (San Miguel del Arroyo, 1956), a la figura más absorbente de la habitación. Las palabras de la bruja aletean cargadas con la sabiduría de trece mil reencarnaciones.

Suben, hasta abrazar a los expectantes retratos, imágenes de unicornios y dioses mitológicos que decoran la pared derecha de la habitación. Debajo de estos iconos descansa la máxima fuente energética del apartamento: un altar diseñado siguiendo los principios wicanos. En él aterrizan los conocimientos de la sacerdotisa poco antes de virar hacia la izquierda. Finalizarán el vuelo en su hogar de nacimiento: la gigantesca librería. Figuras de seres feéricos custodian los volúmenes arcanos acerca de mitología, historia y brujería que esta alberga.

Pregunta: ¿Qué ha aprendido del carácter de las personas mediante el tarot?

Respuesta: Las personas tiene mucha preocupación por cuestiones materiales mientras que por temas emocionales o espirituales muy poca. Me causa asombro que vengan clientes a cuestionar si están evolucionando espiritualmente. Lo normal es que crean que las cartas son solo para preguntar sobre amor, dinero o salud, cuando el tarot es muy bonito para utilizarlo como medio de meditación o aprendizaje personal, para meterse en uno de los arcanos mayores y ver qué te dice el personaje. También he aprendido que todavía existe demasiado egoísmo y poca voluntad de mejorar, hay quien pregunta si le va a ir mal a alguien.

P: Fue una de las primeras misioneras mormonas en España. ¿Podría contar una anécdota de tus vivencias durante la misión en la que estuviste hasta 1980?

R: Lo teníamos crudo porque nos cerraban la puerta en la cara y nos insultaban. A mis compañeras las corrieron a pedradas. Era difícil hablar con las personas. Fui a Sevilla, la tierra de María Santísima. Tú les dices allí que a la virgen no hay que adorarla y te matan. Los humanos a veces son aprovechados, yo tenía suerte de ser española. En una conferencia a algunos compañeros les cobraron el triple por un helado. Una de las más divertidas fue cuando, para que nos dejarán pasar unos niños hacia unas escaleras, tuve que coger al ratoncito blanco que tenían. Nos dijeron: ‘eres valiente, podéis entrar’.

P: ¿Qué diferencias ve entre su experiencia y la que viven las nuevas generaciones de misioneros?

R: Cuando yo era misionera no era posible que hubiese demasiada apertura en cuanto a religiones. Entonces, la gente creía más en Dios y tú predicabas la palabra de Dios basándote en el Libro de Mormón. Ahora yo veo que van a tener muchas más dificultades porque ya no se cree en un Dios personal. La espiritualidad va por otros lados, no es religiosa. Las veces que he ido a la iglesia después de ser misionera he visto a muy pocas personas y la mayoría de las que he visto necesitan a alguien que las escuche, ayude… No es como cuando empecé yo, que éramos verdaderos creyentes.

P: ¿Qué influencias ocultistas percibió en la Iglesia mormona?

R: Haber estado 10 años en la Iglesia me sirvió de mucho para luego entrar en este mundo del ocultismo. Cuando preguntaba en las conferencias de masones o francmasones, siempre me decían: ‘tú de esto sabes’. Se debe hacer una serie de ritos y símbolos cuando se va al templo, de eso no puedo hablar porque es privado para ellos, que luego he visto que son exactamente parecidísimos a las logias masónicas. También hablan de ángeles que dan mensajes, en el ocultismo los llamamos espíritus guías, y la numerología es muy importante, tienen números exclusivos de miembros gobernantes.

P: ¿Qué impedimentos encontró para aprender acerca de prácticas alejadas del catolicismo en su juventud?

R: En la época de Franco era imposible aprender nada. No se podía leer la Biblia porque decían que la gente de a pie no seríamos capaces de entenderla. Los que leían las cartas lo hacían en privado, así que no sabía adónde ir. Tampoco se garantizaba la libertad de culto, conozco a un mormón que fue encarcelado. Se permitía estudiar mitología porque te decían que eran cuentos. Los vacos eran valientes, a mi me tocó estudiar en Hernani y recuerdo que una profesora nos contó el encuentro de Ulises con Circe, quien para mi representaba el poder femenino. Estoy segura de que eso en Valladolid, que era la VII Región Militar, no se enseñaba.

P: ¿Cómo podrían las personas acercarse de manera segura a lo paranormal?

R: Como decía el doctor Jiménez del Oso, debes ir con afán de investigación y dejar fuera al miedo. El temor paraliza y puede hacer que por la puerta que abres entre cualquier tipo de personaje. Realmente cuando se hace una ouija con miedo es porque se hace solo para jugar. De joven yo hacía ouijas con afán científico, pero había amigas que preguntaban cosas como qué chico estaba enamorado de ellas, y ahí les contestaban tonterías, porque quien entra en esa forma de comunicación no es serio, busca robar energía. Pero es cierto que se debe tener mucha precaución y dar a entender al que aparece que quién mandas eres tú y él se tiene que ir si se lo ordenas.

P: ¿Cómo se ha visto modificada su visión del mundo después de experimentar diversas prácticas espirituales y adquirir conocimientos de mitología e historia?

R: Creo que a Dios no se le conoce, se dice que Dios no creó al hombre, sino que el hombre creó a Dios. Quizá sea una idea, una fuerza, pero desde luego no un personaje. Por eso debo responsabilizarme de mis decisiones y no dejar mis asuntos en manos de alguien que no conozco. También pienso que las formas de educar en las religiones no son en absolutos beneficiosas. Se coarta muchísimo la libertad de pensamiento. Cuando hablo con personas religiosas, que no son católicas, me responden inmediatamente: ‘Pablo dice, Juan dice…’ Yo les contesto que lo que aparece escrito en la Biblia me lo sé, y que quiero conocer lo que piensan ellos.

P: Para finalizar, ¿Qué libros acerca del ocultismo recomendarías a los lectores?

R: Yo recomendaría El Libro Completo de la Brujería de Raymond Buckland y ¿Qué es la Wicca? de Scott Cunningham. Parte del primer libro, que se presenta como un curso de magia, está en otro más pequeñito del mismo autor llamado Árbol: el libro completo de la brujería sajona. Me parece uno de los textos más prácticos para hacer magia en grupo, pero es más complicado utilizarlo para conjurar hechizos en solitario. El segundo explica lo que es la religión desde sus inicios. Cunningham también escribió una guía para quien quiera introducirse a la brujería sin ser miembro de un coven titulada Wicca: Una guía para la práctica individual.