Irene DeWitt: «El escritor no nace, se hace»

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MICHELLE ORTEGA RIVERO  |  Fotografía: Jorge Lázaro  |

Es normal ver la melena rubia, los ojos verdes y la sonrisa risueña -que todos los que conocen resaltan- de Irene en los escenarios de Valladolid. Incluso, es extraño no verla entre el público aplaudiendo y disfrutando la voz y obra de otros.

Irene Enríquez Pígazo -o Irene DeWitt, su nombre artístico- es una de las caras más conocidas entre los autores y poetas que están tejiendo una red de arte común en los bares y centros más visitados de la capital del Pisuerga. El poemario El Inconsciente Obligado es su ópera prima. En él reúne la metamorfosis y el camino que ha recorrido desde que comprendiese, muy joven, la poesía.

«Me di cuenta de que me apasionaba y que podría explorar mi parte más artística por esas vías», recuerda. Tuvo su primer acercamiento al género en las clases de literatura de secundaria. Poco a poco, fue indagando y conoció a Machado, Rubén Darío o Neruda. «Me enamoró el romanticismo tardío de Bécquer». Las letras de Bécquer y las vivencias de una quinceañera que empezaba a experimentar el amor le llevaron a plasmar sus sentimientos en papel. «Mi primer amor, fue entonces cuando empecé a ser más constante escribiendo», asegura, afirmándose sentimental en sus textos.

Aunque la escritura es su base, DeWitt encaminó su vida profesional hacia la Logopedia -actualmente estudia el Grado en la UVa-. «No es la carrera de mi vida, pero es lo que más se acomoda en cuanto a un posible futuro», sostiene. Pues, las carreras de letras, como Literatura o Periodismo, la desencantaron. «El periodismo es algo que me interesa mucho, pero me frenó el gran intrusismo que conlleva», apunta.

La poesía debía permanecer y ser compartida. Escribía sus versos en cuadernos y blogs y navegaba entre webs de escritores buscando una salida. El primer reconocimiento importante llegó en 2011, cuando fue finalista en la modalidad poética del Premio Pedro Jiménez Montoya de la Junta de Andalucía, que supuso la publicación de uno de sus poemas en el recopilatorio Cincuentas < 20. Además, ganó el certamen Los mejores del Aula del periódico El Mundo. «No obtuve premios en metálico, fue un reconocimiento que se materializó en una escultura que guardo con ilusión».

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La primavera que alumbró El Inconsciente Obligado

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DeWitt durante la presentación de su libro en Herminios Jazz. Fotografía: J. Lázaro

«Escribí El Inconsciente Obligado antes de saber que iba a ser un libro». Activa en las redes, se enteró por Twitter de que en Estados Unidos abril era el mes de la poesía y se organizaba el NaPoWriMo, National Poetry Writing Month -en español, el Mes Nacional de la Poesía-. Era un reto poético que incitaba a la gente a escribir un poema diario durante todo abril.

En la primavera de 2014, Irene emprendió el proceso. «La primera semana pensaba que me iba defendiendo, la segunda empecé a encontrar problemas y la tercera y la cuarta fueron horribles. Me costó un montón acabarlo».

Para ella, «el escritor no nace, se hace». Es de las que piensa que la inspiración es fundamental a la hora de escribir, pero no el elemento más importante. «Lo más importante para escribir es la constancia», manifiesta. La artista superó el reto con mucho trabajo. Garantiza que aprendió que «todo se hace con esfuerzo y más que aptitud, es actitud».

Los treinta poemas de aquel abril y algunos otros -incluso con versos en francés- dieron a luz El Inconsciente Obligado. Su amigo, Enrique Zamorano acababa de publicar La Muerte del Hombre Orquesta con la editorial Luma Foundation y 89 Plus. Esta organizaba un proyecto internacional que permitía subir un manuscrito que, tras una valoración, podía ser publicado dentro del proyecto Poetry Will Be Made By All. «Tuve la suerte de ser elegida y publicar», narra, «se difundía online y, si quería el libro en formato físico, el precio se subía demasiado».

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DeWitt durante la presentación del libro en La Despensa de San Marcos (Salamanca). Fotografía: J. Lázaro

DeWitt deseaba ver su obra en tinta y papel. «Lo que hice fue hacer una edición con el formato de la edición original de la editorial», detalla, «es el mismo libro, editado aquí y más asequible».

Casi un año después de su publicación -que llegó en mayo de 2015-, la poetisa ha presentado su firma en Los Martes Literarios de La Despensa de San Marcos (Salamanca). Y, por segunda ocasión, en Valladolid, abriendo la jam session del grupo poético local Perversos. «Quiero que se sepa lo que pretendía con él y en lo que se ha convertido», refiere.

«Su contenido no es tan importante como su forma». Con su primera obra experimentó, haciendo una analogía entre su poesía y el arte abstracto. «Con este libro intento que la palabra suscite impresiones y que sea algo sencillo que pueda ser percibido por los sentidos: lo que te hace sentir, la sonoridad del verso…», explica. DeWitt sabe lo que relata: «Intento relacionarlo con la corriente surrealista, que es a la que pertenezco».

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El tejido poético y artístico de Valladolid

Conforme Irene fue adentrándose en la vida poética de la capital, conoció a algunos referentes locales entre los que menciona a Rodrigo Garrido Paniagua o Jorge M. Molinero. «Valladolid es donde estoy expandiendo mi trabajo poético», afirma. DeWitt contempla un lugar más vivo que nunca, donde «hay mucho más ambiente que en otras ciudades».

Rain Dogs, Susurros a Pleno Pulmón o Perversos son una prueba del crecimiento cultural y literario de su localidad. Los tres son grupos poéticos en los que la creadora participa.

El grupo perros de lluvia surgió en 2013, cuando Irene y siete amigos -Zamorano, Noelia Toribio, Lucía Vázquez de Prada, Daniel ‘de Guanda’, Alberto Martín y Pablo Aguilar- se unieron para compartir su pasión. «Nos reuníamos para hablar de poesía, de nuestras composiciones… Incluso llegamos a recitar en la Casa Zorrilla y en la Feria de Valladolid», rememora.

Más tarde, se enteró de la existencia de Susurros a Pleno Pulmón, que se reúne en El Desierto Rojo cada viernes para escuchar y ser escuchado. «Contacté con ellos y me presenté», relata, «la acogida fue espectacular». El conjunto se fracturó, y surgió Perversos.

Además de los viernes, los artistas pueden acudir los miércoles a Herminios Jazz o La Piel del Oso a disfrutar de los recitales de este último: «Todos salimos ganando, tenemos doble oportunidad y así crece la cultura de la ciudad». El ambiente que discurre por esas copas, nervios, libretas, micrófonos y, sobre todo, personas de las jam session la tienen encandilada. «No olvidemos que la poesía es algo humano», insiste, «quiero vivirlo, quiero que la gente lo viva».

La poetisa Irene DeWitt recitando en el bar Beluga en el programa Medio Día de Versos. Foto: Medio Día de Versos.
La poetisa Irene DeWitt recitando en el bar Beluga en el programa Medio Día de Versos. Foto: Medio Día de Versos. Fotografía: J. Lázaro

La Nave del Teatro Calderón fue otro de sus receptores y remitentes de talento. La protagonista fue una de las encargadas de expresar las inquietudes de la juventud, basada en la Metamorfosis de Kafka, en el estreno del proyecto en 2015. «La Nave destaca por el proceso de creación», detalla. DeWitt superó las audiciones no sólo como escritora, sino también como cantante -en su pasado había formado parte del coro femenino Las Chicas Singers-. «La Nave me ha enseñado que el arte dramático es algo de lo más humano», destaca.

Asidua del café Beluga, entre sus próximos proyectos está organizar ahí un recital poético o viajar a Madrid para leer en locales a los que ha sido invitada. «Quiero compartir la poesía por más sitios». Con tres propuestas editoriales, que son un aliciente para seguir elaborando su siguiente poemario, Irene DeWitt es una de las jóvenes promesas literarias de Valladolid. Aún le queda mucha poesía por expandir.