El fotoperiodismo de guerra

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Iris Núñez Fulguerias | Imagen: Pixabay 

En repetidas ocasiones se escucha la expresión ‘una imagen vale más que mil palabras’. Y muchas veces nos cuesta creernos aquello que no podemos ver con nuestros propios ojos.
Por estas ya mencionadas razones, los fotoperiodistas cumplen una función tan importante en la comunicación.

Aunque nuestros abuelos se hayan tomado tantas molestias en intentar que entendamos cómo son las guerras que ellos han vivido, las nuevas generaciones que hemos nacido en territorios que, por fortuna, llevan décadas sin vivir una guerra, no somos capaces de imaginarlos la realidad de las mismas.

Los fotoperiodistas se encargan de facilitarnos la tarea con imágenes que reflejan la cruda y atroz realidad de los conflictos bélicos.

Los peligros de la profesión

A todos los estudiantes de periodismo se les ha dicho alguna vez: ‘no te vayas a meter en periodismo de guerra’ y es que la preocupación va de la mano con el peligro.
Aunque existen asociaciones como Reporteros sin Fronteras, que se encargan de garantizar la seguridad de los fotoperiodistas y corresponsales de guerra, el miedo y el riesgo jamás desaparecen en un territorio en guerra.
Y, como dice la propia Asociación, ni una foto, ni un reportaje, ni una noticia se pagan con el precio de tu vida.

Remontando a 2003, en plena invasión de Irak por parte de Estados Unidos, se encuentra la historia de José Manuel Couso.
José Couso fue un reportero gráfico español que murió a manos del ejército estadounidense tras un ataque al Hotel Palestina en Bagdad. Ese hotel estaba ocupado en su mayor parte por reporteros y fotoperiodistas extranjeros y, a día de hoy, se sigue pidiendo justicia por José Couso.

En muchos casos, como el ya mencionado, existe un mayor peligro que la guerra, y es el ansia de las potencias beligerantes por callar la verdad a los ojos del mundo. Por lo que los corresponsales y fotoperiodistas son, en ocasiones, un punto de mira.

Los nuevos problemas a los que se enfrenta el fotoperiodismo

Cada vez las tecnologías con más accesibles, fáciles de utilizar, especializadas y perfeccionadas. Simplemente con tener acceso a un dispositivo conectado a la red, puedes crear imágenes de cero difícilmente distinguibles de la realidad.

Los deepfakes y las inteligencias artificiales están desacreditando el trabajo de los fotoperiodistas ya que, cada vez es más difícil distinguir la verdad de lo creado. Así es como se tira por tierra todo el trabajo de los fotoperiodistas de guerra que buscan llevar la realidad a territorios alejados de la guerra.

Los medios de comunicación se han utilizado durante años para difundir mentiras o verdades a medias y, con la llegada de estas nuevas herramientas, el periodismo ciudadano cada vez es más importante y menos real.

Por eso es importante valorar la fuente de las imágenes que creemos sobre la guerra. Conocer nombres de algunos fotoperiodistas de guerra como Bernat Armangué, Maysun o Daniel Ochoa de Olza y respetar su trabajo, que es, al fin y al cabo, lo único que nos liberará de los grilletes de la desinformación.