SOFÍA CASASOLA HERNÁNDEZ  |  Fotografía: Sofía Casasola  |

En la era de la posverdad, la narrativa supera a los hechos. En el juicio por difamación entre los actores Johnny Depp y Amber Heard, es su versión la que está ganando la partida.

Glamour, violencia y decadencia. El ‘juicio de la década’ comenzó el 11 de abril con los testimonios del equipo de Johnny Depp. Ahora ha dado paso al testimonio de Amber Heard. Aunque la causa de la demanda sea difamación, el juicio que está siendo retransmitido en vivo por televisión e internet, se centra en las acusaciones cruzadas de violencia doméstica. Pese a que Heard haya testificado que su exmarido la violó con una botella, lo que abunda en redes son memes burlándose de ella y aplaudiendo las intervenciones de Depp.

Hace casi 25 años salía a la luz el Caso Lewinsky. Un escándalo que dinamitó el segundo mandato de Bill Clinton y le llevó a enfrentar un impeachment– siendo el tercer presidente en la historia de Estados Unidos en ser acusado- el cual ganó. Pero por encima de todo, este caso demostró la crueldad de la que eran (y son) capaces los medios y la opinión pública.

Monica Lewinsky se convirtió en el paciente cero del movimiento #MeToo (#YoTambién). Su persona quedó para siempre ligada a la imagen de la amante, la  femme fatale y fue convertida por la cultura televisiva en objeto sexual. Bill Clinton perdió credibilidad, pero logró terminar el mandato y, con el tiempo, lo que ha prevalecido han sido las políticas que llevó a cabo durante su gobierno.

En 2017 surgieron los movimientos #MeToo y Time’s Up (se acabó el tiempo).  Parecían indicar que casos como el de Lewinsky no se volverían a repetir. Estos movimientos surgieron desde el mismo Hollywood que hoy o apoya a Johnny Depp o bien, prefiere guardar silencio. Pero en su momento se unieron para denunciar las agresiones que durante años sufrieron actrices por parte de Harvey Weinstein.

There’s no business like showbusiness’ (no hay negocio como el del espectáculo). Una frase del musical Annie get your gun (1946) que le viene al pelo al caso de Johnny Depp y Amberd Heard. Estados Unidos es la meca del cine y como tal, el espectáculo a menudo consigue salirse de las pantallas y transformar las noticias en auténticos shows. Siendo los medios de comunicación y las redes sociales, sus principales vías.

El juicio por difamación entre Johnny Depp y Amber Heard comenzó el 11 de abril. Por más que todavía queden semanas de testimonios y nuevos testigos por declarar, el público ya tiene claro su veredicto. Aunque no sea por unanimidad, su narrativa es la que inunda las redes, bajo el hashtag #JusticeForJohnnyDepp. En Change.org se ha creado una recolecta de firmas para que vuelva a Piratas del Caribe. Con medio millón de firmas, podría convertirse en la petición más popular de la página.

Independientemente de quién gane el juicio, lo que se está viendo en redes es la viralización de un humor que se ríe de la violencia de género y que pone en duda la versión de la mujer.

Los testimonios ofrecidos en el juicio revelan que el noviazgo y matrimonio entre Heard y Depp fue de una naturaleza tóxica y autodestructiva. La terapeuta de ambos aseguraba en el juicio que el abuso era mutuo. Sin embargo, al igual que ocurrió en el Caso Lewinsky, el fandom del que fuera el protagonista de Piratas del Caribe, ha aunado fuerzas para desacreditar a Heard, ridiculizar sus intervenciones. A él se le presentaba como la víctima y a ella como la loca, la mentirosa compulsiva que solo quiere sacarle dinero y acabar con su carrera.

Por su parte, los medios de comunicación han aprovechado el tirón del juicio para sacar tajada, con titulares sensacionalista como ‘¿Se droga Amber Heard en pleno juicio? Las impactantes imágenes de la actriz que se están volviendo virales’ o ‘Ahora, habla el chófer de Johnny Depp: la caca de Amber Heard tiene una explicación’. Acompañados de imágenes sacadas de contexto o que muestran expresiones exageradas de sus protagonistas.

Debido a la popularidad de la pareja, el juicio se retransmite en vivo por televisión y en YouTube, pero dada la repercusión que está teniendo en redes y lo inquietantes que los comentarios que normalizan la violencia, cabe preguntarse: ¿es necesario hacer un seguimiento continuo del juicio? ¿tiene un verdadero interés público o es simplemente morbo?