FÁTIMA ÁLVAREZ PÉREZ  |  Fotografía: Pixabay  |

Los casos de violencia son un tema difícil de tratar en los medios de comunicación. El periodista, cuando escribe una noticia sobre un atentado o la captación de los civiles de una ciudad, por ejemplo, no sabe a ciencia cierta cómo abordar esos temas.

La lógica periodística obliga al profesional de la información a tratar el tema con absoluta rigurosidad, mostrando todos los detalles con pelos y señales. Ahora bien, los periodistas también son personas, y los sentimientos que les producen estos ataques a los derechos humanos hacen que, en muchas ocasiones, se distorsione la realidad ligeramente con el objetivo de no dañar la conciencia de los lectores.

Los casos de secuestro son temas que los periodistas incluyen en la “lista negra” de las materias de difícil transmisión. Es mayor el dolor cuando el secuestro ha sido realizado a un compañero de profesión, sabiendo que esta acción coarta la libertad de expresión que en tantos países se ansia.

En los casos de secuestro, el comunicador se ve encerrado por dos cuestiones a la hora de escribir la noticia: la primera que se plantea es si al publicar la verdad estará haciendo propaganda de la banda criminal y, por otra parte, si publicar nuevas noticias puede dañar la sensibilidad de los familiares del secuestrado; la segunda cuestión a la que se enfrentan es guardar silencio sobre el tema hasta el final.

La dificultad de elección es sumamente grande, pero el periodista debe anteponer la labor de decir la verdad ante la del silencio. Se preguntará que por qué esto debe ser así.  La razón es sencilla: el periodista tiene como trabajo informar a la ciudadanía de lo que ocurra alrededor del mundo, ya sean buenas o malas noticias. Esto forma parte de uno de los pilares de la dicha profesión, implica el interés público que consta de la información que se le transmite a la ciudadanía, la cual está en su derecho a recibir.

El hecho de comunicar al receptor todos los sucesos acontecidos sobre un secuestro produce en el público un estímulo acción-reacción. Este se transformará en forma de lucha para acabar con el secuestro y una carga contra la banda criminal que, en el mejor de los casos, acabará con la liberación del reo. Lo que sí que es seguro es que el público bien informado es el que luchará por abolir las injusticias y el sufrimiento del prójimo.

Ocultar la verdad solo produce que la población viva en la incertidumbre, sin saber qué hacer ni a quién acudir para poder paliar su dolor y el de sus seres queridos. Por eso, a la hora de escribir una noticia dolorosa como es la de un secuestro, traten de pararse a pensar si de verdad vale la pena silenciar el dolor de las víctimas.