INÉS MODRÓN LECUE  |  Fotografía: Pexels  |

Se cumple más de un año desde la llegada de las primeras informaciones sobre un extraño virus que se cobraba vidas en una lejana ciudad china. Sin saber cómo, España también se vio confinada y tuvo que adaptarse en cuestión de días a un nuevo modo de vida que impedía salir a la calle. Las consecuencias de una situación tan anómala se sintieron en la economía, los hospitales y también en la percepción del tiempo de quienes se vieron obligados a permanecer en casa.

Cada día es igual que el anterior y resulta complicado saber si se trata de un martes o un sábado. Esto es algo que sigue sucediendo a las personas que deben confinarse al contagiarse del virus. Las horas parecen alargarse y las semanas se vuelven eternas. Al no poder salir de casa, no siempre se encuentran quehaceres con los que pasar el tiempo o da la sensación de haber realizado ya demasiadas tareas, a pesar de ser temprano.

Todo esto se acentúa con la incertidumbre de cuándo terminará la pandemia. Los expertos alertan de los riesgos que puede tener la ausencia de rutina, ocasionada por la alteración de la percepción del tiempo. Puede derivar en enfermedades neurodegenerativas o cardíacas.

También hay que tener en cuenta que la actualidad sanitaria es complicada y el Gobierno podría aumentar las restricciones en caso de repuntes. Por ello, es necesario conocer la manera de prevenir esta sensación de lento paso del tiempo. Los estímulos, como hacer ejercicio o alguna actividad creativa, son grandes aliados. Los famosos aplausos de las ocho fueron un gran apoyo durante el confinamiento, pues es fundamental desarrollar una rutina para la estabilidad mental.

Aunque pueda resultar paradójico, esta aparente lentitud tiene por contrapartida la sensación de que el último año se ha pasado en un suspiro. Así lo indican, asombrados, muchos usuarios de las redes sociales. Los días pasan despacio y, por el contrario, al mirar hacia atrás el tiempo parece comprimirse todo. Los meses de confinamiento no ocupan un espacio tan grande en la memoria, lo que produce esta sensación. El motivo detrás de esto es la ausencia de recuerdos creados durante esa época, algo que es aún más notorio cuando todas las actividades se desarrollan en un mismo lugar, el domicilio personal.

La Universidad John Moores de Liverpool pone de relevancia en un estudio la diferencia en la percepción del tiempo de unas personas y otras. Un 40% aseguró haber experimentado el tiempo más lento de lo normal. Sin embargo, otro 40% lo vivió más rápido y tan solo el 20% lo describe como normal. Son las personas mayores de 65 años las que lo percibieron especialmente lento, mientras que los jóvenes tenían habitualmente la sensación contraria. Las ocupaciones estudiantiles y la familiaridad con las nuevas tecnologías, capaces de provocar estímulos, han podido contribuir a ello.

Esta pandemia ha obligado a vivir en la espera constante. Desde marzo de 2020 es habitual contar los días restantes para la actualización del estado de alarma, el cambio de fase, la llegada de la vacuna o el fin de la pandemia, en última instancia. Al mirar hacia atrás, un año distópico se recuerda como un paréntesis en el que la vida ha estado pausada.

El 2021 transcurre con todas las expectativas puestas en la vacunación y la inmunización de la población. Sin embargo, el impacto del COVID-19 aún hace estragos en el día a día de cualquiera. Por ello, vivir el presente y buscar actividades estimulantes se convierte en fundamental para el autocuidado.