Un pedazo de Hungría en la Universidad de Valladolid

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JACOBO HERRERO IZQUIERDO  |  Fotografía(s): Jacobo Herrero Izquierdo

En el corazón de la Facultad de Filosofía y Letras, donde confluye la mayoría del alumnado al salir de clase, sobresale, junto a unos paneles grises y una bandera tricolor, el cartel que conmemora la Revolución húngara de 1956, cuya relevancia desató movimientos similares en las décadas siguientes y que, pese a su fracaso, evidenció el inicio del resquebrajamiento de la gigantesca Unión Soviética.

Hasta el próximo 6 de marzo, y con motivo del recientemente celebrado 60 aniversario de aquel levantamiento, la Universidad de Valladolid recordará, a través de una exposición, la importancia de dicho suceso, así como el eco que tuvo en los diferentes países de Europa, incluido España, que acabó plasmando en algunos de sus diarios lo ocurrido al este de sus fronteras.Repor expo hungara

Todo comenzó un 23 de octubre de 1956, poco antes de que el invierno húngaro cubriera de nieve el Danubio e inundase las calles de niebla, que por aquel entonces se juntaba con el humo de la guerra. Ese día, los estudiantes y obreros de Budapest comenzaron una manifestación contra el gobierno del líder Rakosi, mientras la estatua del imponente dictador Stalin caía de su pedestal y la multitud avanzaba hacia el Parlamento al grito de “rusos, váyanse a casa”.

Apenas doce días después, el Ejército Rojo intervendría en la capital húngara, enterrando los sueños de la población en su busca por construir un país más democrático. Sin embargo, la historia ya había guardado un hueco para esos “muchachos de Pest” que lucharon por la libertad de su pueblo, cuyo mensaje acabó resonando por todos los rincones de la antigua Europa, atravesando el Telón de Acero que dibujaba el escenario de un mundo seccionado.

Las trece pantallas rectangulares que ahora visten el hall de Filosofía y Letras son las encargadas de narrar este hecho acontecido hace ya más de medio siglo. “Por la libertad y la independencia”, titula el primero de los recuadros; “1956 y el mundo”, anuncia uno más adelante. Todos ellos reflejan la magnitud de una lucha que hizo tambalearse al Imperio soviético a la vez que rinde homenaje a sus valientes insurrectos.

La exposición, promovida por la Embajada de Hungría en España, surge a raíz de la conmemoración del sexagésimo aniversario de la revolución, celebrado el pasado octubre, y se complementa con otra exhibición paralela acerca del impacto del acontecimiento en la sociedad española. Una vista cronológica que recorre su origen y desarrollo, desde las primeras batallas populares, pasando por el desconcierto del Kremlin, hasta la decisión final de usar los tanques, poniendo fin de la manera más cruenta posible.

“Fue un ejemplo de desobediencia por parte de un pequeño hacia un coloso totalitario”, afirma María Jesús Izquierdo, Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y Diplomada en Estudios sobre la Tradición, que lamenta que no hubiese un mayor amparo de los occidentales a la nación magiar. “No existió una reacción suficiente”, asegura.

Fotografías en blanco y negro, recortes de prensa y los testimonios de los que participaron en la revuelta completan un fantástico relato en el que se recuerda el oscuro pasado comunista. Uno que trató de mostrar su cara más amable tras la subida al poder de Nikita Jrushchov, pero acabó entendiendo su régimen era incapaz coexistir pacíficamente con el bloque vecino, ni mucho menos tras el intento de aperturismo y desestalinización.DSC_0108

Otro de los elementos más emotivos de la muestra es el listado con los nombres de las cerca de doscientas mil personas que tuvieron que abandonar el territorio tras la entrada de los tanques y militares soviéticos. Como resultado, en el otoño del último año de la década de los cincuenta, Europa presenció el mayor éxodo masivo del pasado siglo. Los nombres de algunos exiliados se recogen ahora en una composición bajo el título de “nuestros héroes”, donde su recuerdo y coraje permanecen vigentes.

También se encuentra un espacio destinado a subrayar el tremendo impacto que tuvo lo sucedido en la república socialista en el resto de Europa. Monumentos y placas conmemorativas se levantaron a lo largo del globo con el fin de demostrar que Hungría no estaba sola. Además, la prensa internacional se hizo rápidamente eco de los acontecimientos, llenando sus portadas con imágenes del conflicto, entre las que destacan portadas como la de la revista Time, que abría con un titular en honor a “los luchadores húngaros por la libertad” o las de los periódicos españoles como ABC o La Vanguardia.

La exposición seguirá estando a la vista hasta el siguiente lunes, más la memoria guardará para siempre esta increíble hazaña, cuando los ciudadanos de Budapest tomaron las calles y lanzaron un grito de esperanza, que pese a recibir disparos jamás pudo sofocarse.

La respuesta de “las dos Españas”

Fue tal la conmoción tras lo sucedido en la revolución del 59, que en muchos de los países europeos se desencadenaron comportamientos en contra de la URSS, como el abandono de gran parte de los intelectuales pertenecientes a los partidos comunistas francés, italiano o inglés.

De la misma manera, España también se posicionó en contra de la izquierda totalitarista. El régimen dictatorial de Francisco Franco, necesitado de lavar su imagen ante la comunidad internacional, reforzó su postura anticomunista y se ofreció a ayudar a los sublevados con milicia y armas. La medida no llegó nunca a efectuarse, aunque si se envió, a través de Cáritas y Cruz Roja, varios medicamentos, así como ropa y alimento. Asimismo, se facilitó la nacionalización de miles de refugiados, la mayoría estudiantes en busca de finalizar sus estudios.

Por otro lado, el Gobierno republicano en el exilio publicó una Declaración en noviembre de 1956, donde se presentaban las medidas que consideraban debían aplicarse para evitar la “tragedia de un pueblo noble”. Entre ellas, permitir elecciones libres, libertad de expresión, amnistía internacional y renuncia al partido único. A pesar de todo, Hungría nunca olvidará la falta de verdaderos apoyos por parte de organismos como la ONU, incapaz de gestionar los graves conflictos entre ambos bloques.