Valladolid es penicilino

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MARCOS MENÉNDEZ VALLE  |  Fotografía: Marcos Menéndez

Tras el ardor inicial viene el calor. Un calor que quema, que arde en sus principios; pero cuando pasa la faringe, el estómago recibe al vino dulce con alegría. Pasa del fuego que escuece, al calor del hogar en milésimas de segundo. Esa sensación: de arder a sentirse en casa. Penicilino.

Como siempre que llego a una ciudad y sacando lo peor –o mejor- de mí, tenía que moverme y conocer los bares. Una cualidad de cuñado que no soy capaz a extirpar: bueno, ¿y aquí dónde se sale? Septiembre, noche y un calor de cojones en la Plaza de La Libertad. Dos días llevaba en Valladolid. ¡Dos días! Aún no había desecho equipaje y ahí estaba, en una terraza llena hasta la bandera, bebiendo cerveza. Había conocido El Peni, el bar por excelencia de la capital castellanoleonesa. Había empezado a conocer Valladolid bebiendo penicilino y comiendo zapatillas. Ese vino es Valladolid. Valladolid quema y duele, pero también calienta.

Es costoso tragar y se atragantan sus barrios. Quema el ladrillo visto de las barriadas, las ventanas viejas, el entretejido de las cuerdas de tender de un edificio a otro cruzando la calle, las aceras rotas, la tejas rotas de las casa bajas de Barrio España o Pajarillos, la infestación de cucarachas en todo el barrio La Rondilla… La miseria quema y te quema por dentro, como el penicilino al bajar por la garganta. Son años ya. En 1860 abrió las puertas este bar; alma de la cultura y de la gente de Valladolid; y es su vino dulce como la ciudad. El buen calor y el placer llegan al abrirse las puertas de esas barriadas, esas ventanas, al cruzarte con su gente en las aceras desvencijadas. El frío que las ventanas de los barrios humildes no son aislante desaparece con la cercanía de sus gentes. ¿Son secos los vallisoletanos? No has estado en Valladolid. No has estado en sus barrios. La expansión industrial construyó las casas de sus obreros y estos vinieron del campo. De Palencia, de Zamora… Y con ellos se trajeron su hospitalidad rural. ¿En Valladolid hace frío? Un frío que quema, pero su gente te dará cobijo.

[Esta columna ha sido la ganadora de todas las presentadas por los alumnos de Periodismo de Opinión, una asignatura de 3º del Grado en Periodismo impartida por Pilar Sánchez}

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1 Comentario

  1. Gracias por este reflejo del espíritu de Valladolid en esta imagen del ‘portillano’ que concreta otra lucha del Periodismo, la de aquí que va de cruasán y de ‘zapatillas de Portillo’. 🙂 Aunque sea desde casa da gusto recrear nuestra ciudad y leer esta columna con este cierre, a la espera de más 😉

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