Mirar mucho tiempo atrás de mano de jóvenes investigadores

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LUCÍA CORDERO ALONSO Y ALEXANDRA HERNÁNDEZ MONROY

Fotografías: Lucía Cordero y Alexandra Hernández 

La Jornada de Jóvenes Investigadores del Valle del Duero celebró su quinta edición los pasados 12, 13 y 14 de noviembre en la Universidad de Valladolid, en una ubicación que viraba de la Facultad de Filosofía y Letras al Parque Científico.

Una amplia selección de conferencias formaban el menú diario. De entre las celebradas en el Salón de Grados de Filosofía y Letras, destacamos las referidas a dos temas, fundamentalmente.

Yacimientos y hoyos

El jueves 12 de noviembre, María Carbajo Arana expuso el trabajo que ha estado llevando a cabo en los campos de hoyos. El hoyo nº 14, en concreto, es un depósito de vacuno. Durante su excavación, se extrajo el cráneo para conservarlo mejor y aún no ha sido estudiado. El animal que se encontró tenía 36 meses y el estudio de la pelvis indicó que se trata de una hembra. Los estudios indicaron que pudo ser despellejada. Fue seccionado posteriormente.

Gracias a este trabajo, pudieron determinar que se trata de una hembra subadulta, que está dividida en varias secciones anatómicas, que tiene marcas de corte que sugieren que fue despellejada y que, teniendo en cuenta todo ello, no es un caso aislado (es algo poco frecuente, pero conocido en la Meseta).

¿Qué nos indica este tipo de hoyo? La capacidad económica de las gentes del lugar, ya que podían deshacerse de una res entera y los beneficios que generaría. Probablemente, estos hoyos fueran rituales.

Otro tema que se trató -en esta ocasión, de la mano de Gonzalo de Pedro Andrés– fue el de las estructuras siliformes en el Bronce Medio; concretamente, las del yacimiento de los Rompizales (Quintanadueñas, Burgos). Su identificación se llevó a cabo dentro del ‘Proyecto Constructivo de la Circunvalación de Burgos BV-30. Tramo Villabilla de Burgos-Quintadueñas’.

Se trata de una intervención arqueológica de carácter preventivo acometida en 2009. Se han encontrado, entre otros, restos de enterramientos con diversos materiales (lítica, fauna y cerámica). No se cerró el tema sin un alegato del coordinador, que denunció que se siga conociendo tan poco sobre los campos de hoyos.

Pablo González Hernández, por su parte, habló de la comparación de las cerámicas encontradas en Cogotas (Portugal) con las halladas en la Meseta Norte. El hecho de que estas cerámicas se estudiaran aquí y no en Portugal, decía, se debe a que allí son excepcionales y cuentan con poca bibliografía sobre ellas. Gracias a la comparación de estos fragmentos, se ha creado un mapa en el que se observan diferentes áreas. 

Aunque parezca un tema muy alejado de nuestro día a día, nos permite arrojar preguntas de gran interés etnográfico o sociocultural: ¿es una frontera natural o artificial la que separa estas zonas? ¿Qué relaciones existían Zamora y Trás-os-Montes? ¿Existió realmente una frontera en la Prehistoria reciente? “Resulta imprescindible superar la frontera bibliográfica“, declaró González.

Un debate entre los asistentes y los miembros de la mesa -María Carbajo, Pablo González y Gonzalo de Pedro- animó el ambiente con preguntas como “¿Con el aumento de yacimientos se puede dar un paso más?”, a la que González respondió: “Yo espero que haya más investigaciones al respecto (…); yo, ahora mismo, no podría realizarlas, pero quizás en un futuro sí”.

También la reivindicación con respecto a los hoyos brotó entre los asistentes a colación del interrogante: ¿qué fueron esos hoyos?, ¿silos, hornos, basureros, rituales… ? Los campos de hoyos seguirán siendo campos de hoyos mientras la Administración siga sin querer considerarlos. Es necesario que se tome conciencia de que el campo de hoyos es un yacimiento por sí mismo”, denunciaba el coordinador de la mesa.

¿Carnicería y Romanización?

Elena López-Romero González de la Aleja nos enseñó que no todo fue una carnicería con los distintos animales a lo largo de la historia. Mostró cortes en varias partes del cuerpo de ellos como la vaca o el ciervo en distintas épocas. Con ello quería demostrar la barbarie de incisiones que se realizaron en la Antigüedad frente al número notablemente menor que se observan más adelante. 

Las emisiones fueron ganando frente a los cortes, denotando, de esta manera, que no todo fue carnicería, sino que adelantaban el progreso y el cambio que esos animales vivirían en el futuro. La conclusión estaba clara: hubo diferencia a nivel cronológico.

Desviando nuestra atención hacia Villamontán de la Valduerna (León), Alejando Calderas, Jesús Celis y Fernando Muñoz mostraron el descubrimiento de un nuevo conjunto de campamentos romanos en la vía XVII. Diecisiete conforman el montante aparecidos entre 2007 y 2014, y todos ellos en la zona de Galicia, Asturias y norte de León.

El último de todos está situado en la zona oeste de la provincia leonesa, atravesando el valle del río Duerna. Consta de cinco zonas y ninguna de ella atraviesa la vía XVII. La peculiaridad de este nuevo descubrimiento, según apuntaron, es que no suele darse en zonas llanas, por lo que no descartan que constituya una nueva forma.

Aunque todavía están iniciando la investigación, ya la califican como ‘rara’. Esto se debe a que “va de ninguna parte a ninguna parte”, es decir, nace en Astorga y va hacia Zamora sin seguir ningún itinerario. Lo han clasificado dentro de la época visigótica.

Este nuevo campamento, situado entre Astorga y Rosinos de Vidriales -vía XVII-, presenta estructuras con forma rectangular y bordes redondeados. Sin embargo, eso no es lo más curioso: estas estructuras no se sitúan encima de la vía, sino que cuatro de ellas están a un lado y la quinta, al otro.

Ver estas estructuras en Internet es muy difícil. Google Maps es la aplicación que mejor las distingue, lo que facilita seguir con el estudio de este nuevo descubrimiento.

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