Teresa Aranguren: “El consejo de administración de RTVE debe abrirse a asociaciones profesionales y ciudadanas”

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ALBA CAMAZÓN PINILLA

Fotografías: Alba Camazón

Puede que algunos no conozcan a Teresa Aranguren (Arceniega, 1944). En 2007 entró a formar parte del Consejo de Administración de Radio Televisión Española (RTVE), pero durante años ha trabajado como periodista en Oriente Próximo. Desde entonces, se ha mantenido muy cercana al conflicto palestino-israelí, hasta tal punto que es la secretaria de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWA, en sus siglas en inglés), aunque su función es más bien “simbólica”, de acuerdo con sus palabras.

Entrada en su séptima década de vida, son muchos conocimientos que tiene y que ha querido compartir con la Universidad de Valladolid a través de la primera de las conferencias, organizadas por el Área de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que explicarán la situación actual de los refugiados y, en concreto, de la población siria.  

Aparece con una sonrisa, de estas que transmiten seguridad e incertidumbre al mismo tiempo. El próximo gobierno, sea quien sea, debe recuperar un marco legal que favorezca la independencia profesional de los medios públicos, nos cuenta. Y, es que, por su experiencia en el Consejo de Administración de RTVE, conoce los entresijos del Real Decreto-Ley de abril de 2012 que modificaba su funcionamiento como la palma de su mano diestra, adornada con un anillo argentado. Este restringido ‘club’, que pasó de doce a nueve miembros poco después de la investidura de Mariano Rajoy, debería abrirse a “asociaciones profesionales y ciudadanas”, declara.

Ella misma participó en la creación de los Consejos de Informativos, que procuran mantener las noticias de los telediarios “desgubernamentalizada”. La fiereza con que brillan los ojos a través del transparente cristal, que refleja la luz ante cualquier leve movimiento, y el orgullo que destila su tono dejan muy claro que piensa seguir perseverando por aquello en lo que cree. “Los Consejos de Informativos siguen luchando por mantener la bandera de la dignidad profesional”.

Ya recogieron 1.500 firmas para acudir a Bruselas y denunciar, ante los representantes de todos los ciudadanos europeos, la situación que sufre RTVE, que se ha convertido -según sus palabras- “en un instrumento de propaganda”. Este mismo consejo, presidido por Alejandro Caballero, acudió el pasado miércoles al Congreso de los Diputados y acordó con todos los representantes —salvo los del Partido Popular y Unió Democràtica de Catalunya— que, de gobernar la ahora oposición, RTVE retomaría su estructura previa a 2012. Podemos y Ciudadanos, que, según las encuestas, ocuparán en breve algunas butacas en el edificio de los leones, han suscrito esta misma propuesta. De hecho, ese mismo día, el programa de La 2 Noticias no incluyó firmas porque se retiró una pieza sobre este compromiso adquirido por varios partidos políticos.

La “redacción paralela” existe, asegura Aranguren. “Quizás no son muchos, pero están en los puesto clave. Se ha desplazado a algunos periodistas fijos, sobre todo a aquellos especializados en economía, y han sido reemplazados por contratos que no han pasado ningún tipo de criba”. Hace cinco años, los informativos de RTVE copaban los audiómetros y las encuestas del EGM, gozaban de un gran prestigio… pero, hoy por hoy, han perdido audiencia y credibilidad. “La credibilidad se construye con dificultad, y se pierde con facilidad”, admite la periodista.

El recorte financiero que fomenta el entretenimiento tampoco ayuda. “Luego entramos en contradicciones, como cuando cambiaron el plató de televisión. Se intenta dar una imagen de renovación a base de cambiar las paredes”, apunta indignada. Pero la audiencia no es tonta y sabe lo que quiere. “Esto no quiere decir que la credibilidad no pueda recuperarse, porque sí puede. Pero deben cambiar muchos aspectos”.

El Consejo de Administración es ahora “monocolor”. En 2011, doce personas componían este ente público: diez a propuesta de los diferentes partidos políticos y dos nombrados los sindicatos mayoritarios. Estos cargos debían ser aprobados por las Cortes Generales (cuatro por el Senado y ocho por el Congreso) por una mayoría de dos tercios. Con el ya citado Decreto-Ley, se eliminan los puestos nombrados por los sindicatos y los plausibles cargos deben ser aprobados por la mayoría simple del Congreso, por lo que basta con que todos los diputados del PP voten a favor para que salga elegido un consejero. 

“Debemos buscar un consenso parlamentario y una radio televisión pública desgubernamentalizada”, dice Aranguren. Un periodista cualificado debe estar respaldado por una empresa —privada o pública, no importa—, pero las informaciones no pueden ser dependientes ni de los intereses económicos, ni de las injerencias políticas. “Un director de informativos debe servir de colchón para defender el trabajo de los profesionales de esos servicios”.

 Corresponsalías belicistas

Ser corresponsal ahora es más fácil en el sentido técnico, “aunque lo importante es contar bien. La ética profesional y la veracidad de tus informaciones son la clave”. Las redes sociales son, para la afamada periodista, una fuente de información, pero no debe ser la única: “Hay que tener las mismas reservas que con los que diga un viandante”. El periodismo ciudadano democratiza la información, cierto, pero no por ello es más fiable que cualquier otra información”, añade.

Aranguren estuvo en la invasión israelí de Líbano, en primera línea de fuego. Hablamos de Beirut, 1982. Su piel, marcada por el paso del tiempo, no puede sino contraerse cada vez que la periodista recuerda, nostálgica, el tiempo pasado, las experiencias lejanas, pero nunca borrosas. “Fue la primera vez que acudía a una ciudad bombardeada. La situación marcó el tipo de periodismo que siempre he querido hacer, contar lo que es realmente una guerra”. Es decir, contar “lo que ocurre abajo, donde caen las bombas”.

Con el auge de las televisión, se ha producido una tendencia a realizar información de carácter belicista. “Se ha integrado al lenguaje militar dentro del periodismo, cuando son conceptos que deben ir separados. El periodista no se puede confundir con el militar, por eso estoy en contra del periodismo empotrado”, concluye, contundente.

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