Siria, más cerca de la UVa

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ARANTZA PERELLÓ DUARTE

Fotografías: Patricia Luceño

Con esto del cambio de hora, anocheció antes y, un poco pasadas las siete de la tarde, daba comienzo la segunda conferencia que el Área de Cooperación Internacional al Desarrollo de la UVa puso en marcha hace casi un mes. Todas ellas sobre Siria: los refugiados, las soluciones, los problemas, sus necesidades…

El pasado miércoles, 28 de octubre, le tocó al secretario de la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio (AAPS), Husamidden Kharat Kiwán, tratar la situación actual del país y dejó para el final una mesa redonda que abordó todos los temas que los presentes expusieron: políticas, problemas sociales, cómo es la llegada de un refugiado al viejo continente… Todo.

Tras una breve introducción del decano de la Facultad de Educación y Trabajo Social, Carlos Moriyón Mojica, y la contextualización de la charla de la mano del Director del Área de Cooperación, Luis Javier Miguel González, Husamidden Kharat Kiwán –Sami, para los amigos- comenzó.

Habló de sus orígenes sirios, de la historia de su país, de sus familiares, de la guerra, la crueldad y la destrucción; de la ayuda, de la esperanza y de la labor de su asociación en España con los refugiados y con los desplazados –personas que han tenido que dejar su casa debido a la guerra, pero no su país-, pues la AAPS es la única asociación española que manda ayuda directamente a Siria a través de sus contenedores. El envío de tan sólo uno de ellos, desde la capital, cuesta 4.000 euros.

Su ruta no es nada sencilla. Viajan desde Madrid a Valencia y desde allí, por mar, a Turquía, donde pueden quedarse parados durante bastantes días en la frontera con siria. Por desgracia, muchos contenedores se quedan en el norte del país, en ciudades como Aleppo, Latakia o Hama; dejando al sur del territorio –a lugares como Damasco y Daraa- sin estas provisiones.

Pero, ¿cómo empezó todo?

En marzo de 2011, al hilo de la llamada primavera árabe, comenzaron en Siria una serie de protestas, cien por cien pacíficas, que pedían diferentes reformas prodemocráticas en el país. El régimen, acostumbrado a usar la violencia para reprimir cualquier propuesta de cambio, lejos de atender a las peticiones de la población, empleó, de nuevo, la violencia para coartar dichas manifestaciones. Todo ello hizo que lo que al principio tan solo fue una pequeña concentración local se extendiese por todo el país, pidiendo, ahora sí, la caída del régimen.

El Estado comenzó a fracturarse y, la sociedad, a polarizarse y radicalizarse. Tan solo cuatro meses después, en los que el conflicto pasó a ser armado, comenzaron las deserciones y nació el llamado Ejercito Libre de Siria. Su principal objetivo era defender a la población, a las áreas que se habían sublevado contra el régimen. Estas guerrillas se fueron haciendo cada vez más fuertes y, un año después, controlaban la mitad del país.

Así lo explicó Sami: “Nosotros, como sirios, recordamos que la población, desde un principio, pidió una zona de exclusión área. Que el régimen no pudiese utilizar su armamento pesado, su aviación que es lo que más destrucción ha causado; pedíamos un embargo de armas. No queríamos que la violencia fuese aumentando cada vez más, que se hiciese negocio en nuestro país de origen. Queríamos que se interrumpiese el flujo de armas hacia Siria y que se debilitase a la parte represora, al régimen. Que se apoyase a los moderados, que eran la inmensa mayoría cuando empezó todo como un movimiento laico” y, que con el paso del tiempo, se ha ido distorsionando. Pues en junio de 2012, un año y tres meses después, Al Qaeda anuncia su entrada en Siria.

Así de claro y contundente se mostró al hablar de la primavera árabe y defendió un movimiento que fue libre, pero que, con la actitud represora del régimen, se convirtió en una radicalización total de diferentes partes del pueblo sirio.

“Esto hay que dejarlo claro”, continúa, “toda esa radicalización que ha surgido en Siria se podía haber evitado desde un principio si se hubiesen apoyado a los moderados y a las legítimas peticiones del pueblo. Y si se hubiese castigado al régimen sirio”.

Al son de sus explicaciones, iba su presentación. Aquellas imágenes que él mismo había seleccionado una a una para mostrar una realidad: un antes y después de un país que lo fue ‘todo’, y le dejaron, a su suerte, ser ‘nada’.

Resulta difícil quedarse mirando aquellas instantáneas sin sentir. Sin notar como los ojos se llenan de lágrimas, como el corazón se acelera y la piel se eriza. Y por un momento, te sientes afortunado de ser el espectador, de no ser el protagonista de esa fotografía que Sami tomó en el hospital de Alepo, en el que fue voluntario el verano de 2013.

¿Qué es Siria hoy?

Con la entrada de grupos radicales desde Irak, se forma el mal llamado Estado Islámico en Irak y Siria, ya que, tal y como dice Sami: “para nosotros ni es estado ni es islámico. Pues ha mancillado el nombre de Siria, cuna de civilizaciones”. A día de hoy, controla prácticamente el 50% del territorio.

La lucha de este Estado Islámico ha sido contra los moderados, contra todo aquel territorio que controlaba el ejército libre, contra aquellos que pedían la democracia. “Es el Estado Islámico el que controla la mayoría de los pozos petrolíferos, y es el régimen quien le compra este petróleo”.

Actualmente, en el país hay cuatro bandos: el régimen, los rebeldes, los kurdos y el Estado Islámico, “y esto quiere decir, que cuanto más tardemos en intervenir, más se va a complicar y más víctimas va a haber”.

La crisis de los refugiados

La mitad de Siria ha dejado de existir como tal, ha sido destruida, no solo por el Estado Islámico, sino también por el régimen, pues es el responsable del 80% de la destrucción del país: edificios, monumentos históricos, religiosos, infraestructuras…

Ante esta situación, la población no ha tenido más remedio que huir, dejando todo atrás, a través de la denominada ruta de los Balcanes. Contaba Sami que todos sus primos, por miedo a ser reclutados por el ejército, “han dejado el país y ahora mismo están en Alemania”. Pues decidieron que no querían “matar ni ser asesinados”.

La manta de la vida

La charla continúa dando paso a las soluciones, a la ayuda humanitaria: principal labor de la AAPS, que, desde que comenzó su trabajo en 2011, ha mandado ya al interior de Siria 18 contenedores de 40 pies. Todos ellos con ropa usada, medicamentos, aparatos médicos… Todo aquello que resulta necesario para el pueblo sirio.

Y así, con todo, llega la manta de la vida. Sami nos habla de ella. Nos sumerge en la maravillosa idea que tres mujeres tuvieron tiempo atrás: tejer una manta que dé calor y amor a las personas que más lo necesitan. Y fue así como comenzó, con paciencia, calma y perseverancia. De una manta inicial, se pasó a tres, a doscientas, a más de cuatro mil mantas que llegarán en los próximos días a Siria para dar esperanza y mostrar que, en la otra punta de Europa, hay gente implicada.

El turno de preguntas viró un poco más hacia lo político. Al trasfondo de la crisis siria, a Rusia, a Estados Unidos, pero también, de nuevo, a las personas. A cómo es la ruta que sigue un refugiado que quiere salir de su país y llegar a Europa. A cómo es su día a día en un nuevo Estado del que no domina el idioma y apenas sabe unas pocas palabras…

Y Sami se marchó dejando a los asistentes un nuevo concepto de qué es realmente lo que está pasando a día de hoy en Siria, qué quieren los sirios. Y, sobre todo, una bocanada de aire fresco, ganas de cambio, de creer y de saber que se puede.

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