Silvia Verástegui, sin miedo al futuro (ni a Twitter)

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Llega sonriente, saluda a la entrevistada, le comenta lo difícil que es aparcar por su barrio, La Rondilla. Viene acompañada del cámara,  Antonio, quien prepara el equipo mientras ella atiende a la llamada de su jefa. Apaga el móvil y realiza las preguntas, amable pero inquisitiva. Lleva una fotocopia de una noticia impresa, por si hubiera sido necesario contextualizarlas. Se despide mientras sale de la casa: aún le quedan dos citas más y el reportaje tiene que estar listo para el informativo de las 14.30. Se llama Silvia Verástegui, tiene 23 años, terminó periodismo en la Universidad de Valladolid en julio de 2014 y lleva trabajando para la 7 de Castilla y León Televisión desde el 1 de septiembre de ese mismo año. 

Si alguien le hubiera avecinado hace cuatro años que de la obtención del título a la vida laboral habría solo un mes de verano, ella, probablemente, hubiera dudado severamente de la veracidad de la fuente, pues solo había que consultar al resto para darse cuenta de que estudiar periodismo «no te asegura nada, ni ahora ni hace cuatro años». En 2010, cuando la palabra crisis ya no era tabú y las consecuencias en los medios eran más que visibles, recuerda cómo el espíritu pesimista se contagiaba tanto fuera como dentro de las aulas, donde «era muy frustrante escuchar a algunos genios de la docencia diciéndote que te vayas, que todavía estás a tiempo».

Silvia no se fue, se quedó, más por vocación que por esperanza y, más que por vocación, por intuición. No la suya, sino la de un amigo, «un estupendo periodista leonés», que le aseguraba tener madera de plumilla y le animó a matricularse en la Universidad de Valladolid. Allí encontró su amor incondicional por la profesión, en contacto con las clases y, sobre todo, con las personas que las compartían con ella: «Mi espíritu periodístico lo saqué de allí, de mis profesores, pero sobre todo de mis compañeros», confiesa, y al momento sonríe y se excusa «parezco la típica pelota, pero va en serio. Había mucho fuera de serie a mi alrededor».

Su primera opción y prioridad, como la de muchos otros, era el deporte que, aunque decidió «dejar como un hobby», le proporcionó su primer hueco en parrilla, gracias en parte a la ayuda de un archiconocido pájaro azul: «Solía dedicar los 140 caracteres a comentarios de partidos de fútbol. En segundo de carrera mencioné en un tweet al Real Valladolid y La Ocho de Castilla y León Televisión se puso en contacto conmigo por Mensaje Directo. Mi trabajo consistía en comentar, en directo, el postpartido del Pucela con otros dos periodistas», explica, y acaba ironizando «parece que no, pero Twitter no está solo para ofender al personal».

Abandonó el plató en tercero, por un destino mucho más lejano a la Facultad de Filosofía y Letras: Łódź, en Polonia. Silvia asegura que el Erasmus le aportó «un millón de cosas a nivel personal: viajes, gente, idiomas, madurez…» aunque reconoce que no tanto en el ámbito académico pues «el sobresaliente costaba tres folios de typical Spanish food», bromea. Fue de regreso a España, a principios del cuarto año, cuando comenzó a replantearse su futuro y llegaron «las preocupaciones lógicas: dudaba entre irme al extranjero, completar mi formación con un máster o buscar trabajo».

Y a punto estuvo de decantarse por la primera opción si no se lo hubiera impedido otra red social, esta vez la de Mark Zuckerberg: «un día, a través de Facebook, un amigo me dijo que necesitaban un periodista en una empresa de pádel para llevar la comunicación», uno de los deportes que ella, como apasionada, practicaba con frecuencia. Su experiencia le permitió acceder a la compañía, donde se formó durante el verano, hasta que le llamaron de de La Siete de Castilla y León para incorporarse al equipo de informativos, donde había sido becaria durante seis meses, en el primer semestre de su último curso.

«Y hasta hoy», concluye Silvia, para quien su trabajo en la cadena sigue siendo una enseñanza continua: «Estoy aprendiendo un montón de cosas a la vez, descubriendo el oficio real poco a poco, pero todavía estoy empezando, tengo que seguir esforzándome». Una tarea para la que cuenta con el apoyo de sus compañeros, quienes le ayudan cuando lo necesita y corrigen sus fallos, «siempre mediante críticas constructivas». Un ambiente que contrasta con la visión que tenía de la redacción antes de comenzar sus prácticas, pues «pensaba que ambiente era competitivo y tenso, pero aquí mis compañeros son excelentes y me ayudan a avanzar desinteresadamente».

Hasta junio de este año Silvia seguirá progresando en La Siete de Castilla y León, mes de finalización de su contrato. Después, volverá a barajar las posibilidades de seguir estudiando, encontrar otro hueco en su oficio o traspasar fronteras. Lo que tiene seguro es que «quedarse en el sofá porque en periodismo no hay trabajo no es ninguna excusa», un mensaje que también lanza a cualquier alumno desencantado con el mercado laboral: «A todos los que tienen miedo al futuro les diría que lo raro es que no lo tuvieran» y que esa inseguridad siempre puede ser beneficiosa «si hace que muevan el culo». Cualquier movimiento es bueno, Silvia lo conoce bien. Nunca se sabe si algún día un comentario en una cuenta de Instagram con bonitas fotos…

Texto: Dafne Calvo

Fotografía: Carlos Guerra

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