AINHOA DE LA HUERGA CELESTINO | Fotografía: Pixabay  |

En los últimos meses, se han producido varios atentados terroristas por parte del ELN (Ejército de Liberación Nacional), una organización guerrillera de extrema izquierda en Colombia. A raíz de esto, varios políticos como Gustavo Pedro y Germán Vargas Lleras han hecho públicas imágenes explícitas de los incidentes sin censura.

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Atentado en Barranquilla | Fotografía: extraída de RedÉtica

Esto conlleva un debate moral: ¿está justificado el uso de esas imágenes?

La respuesta en muy variada, se puede interpretar como una denuncia social a los asaltantes o un intento de ganar votos. Pero es importante pensar en las familias, ya que estas son las mayores afectadas por las imágenes o los fallecidos en sí.

Es impactante el resultado de la publicación de estas imágenes, se trata de atentados en los que el miedo es un factor que define los actos terroristas. ¿Es posible que esto conlleve un efecto de refuerzo involuntario a las organizaciones?

Es probable que constituya un pilar sobre el que se ejerza el poder del pánico en la población, sin embargo, no podemos olvidarnos de la necesidad de mantenernos informados. Los medios se encargarán de la publicación de imágenes en las que se olvide el oportunismo y el sensacionalismo en favor de la veracidad y dignificación de las víctimas. No es necesario mostrar imágenes que susciten el morbo del público para mantenerlo informado de lo sucedido.

El morbo de la sangre puede ser un imán poderoso para el público, pero jamás debería usarse en estos casos. Es oportuno que se comprenda que esas personas han fallecido asesinadas por un grupo que pretende ejercer el dominio sobre la población tomando de base el miedo. Por ello, merecen el respeto en los medios y no ser usados como herramientas de publicidad o campañas. Las víctimas deberían obtener un correcto reconocimiento y la condena de estos actos ilícitos por parte de los políticos, y la conciencia social sobre la lucha contra estos grupos terroristas que ejercen la violencia como efecto colateral de la paz, causando semejantes atrocidades.

El uso de imágenes escabrosas para mostrar la realidad jamás debería ser admisible. Las víctimas tienen derecho a su intimidad y al luto. Los atentados deberían ser denunciados, no empleados como reclamo de las masas. Los medios, los políticos, el público, tienen que ser conscientes de que las imágenes del miedo y el dolor no son las adecuadas para ganar nada que no sea la lucha contra la violencia y el terrorismo.

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