Rubén Negro y su entusiasta visión del periodismo

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Una melodía cualquiera de Manuel Galán, “el Mike Olfield de Castilla y León” podría servir de banda sonora para ambientar la conversación mantenida con nuestro profesional protagonista de hoy: Rubén Negro.

Para quienes no lo sepan, Rubén Negro es un joven periodista abulense, padre del blog Trapseia, que trabaja actualmente en Castilla y León EsRadio. Además, es autor de un libro titulado “El sentido de un guisante” y forma parte del proyecto Los 4 palos. Creyente siempre en el poder de las nuevas tecnologías, fue galardonado en 2011 con el premio “Sapere Aude” en la categoría ‘Medios de Comunicación y TIC’.

Con el olor del café recién hecho como fuente inspiradora, nuestro protagonista nos narra el nacimiento de Trapseia en 2008 como un “espacio en el que poder subir contenidos propios y también escribir sobre cosas personales, pero con esa faceta profesional de un lugar en el que la gente pudiera encontrarse”, lo cual en aquella época era llevado a cabo por pocos periodistas.

Sin duda, han cambiado las reglas y lo van a seguir haciendo”, defiende Rubén al preguntarle por su postura respecto a la importancia de tener una presencia activa en las redes sociales. No obstante, manifiesta más dudas sobre si en algún momento esta presencia puede convertirse en un hándicap. “Internet es una buena herramienta, pero también hay que saber utilizarla; habrá un momento en que alguien sea presidente del Gobierno y deberá tener cuidado de que no haya fotos suyas emborrachándose con 15 años”, bromea.

Está más que clara la defensa de Rubén de las bitácoras personales, siempre y cuando en ellas se difundan ideas bien argumentadas. “No hay que tenerle miedo a escribir una cosa que te pueda cerrar las puertas de la Cope o de la Ser”, afirma haciéndonos inevitable conducir la conversación hacia la marcada línea editorial de algunos medios de comunicación. El periodista, que parte de la imposibilidad de ser imparcial, considera que la ideología no es mala “siempre que prime la profesionalidad y la honestidad”, alejándose lo más posible de los extremos.

Hay que saber ser útil para después poder defender tu propia honestidad profesional”, asegura al preguntarle sobre la libertad de prensa. Rubén tiene más que asumidas la gran cantidad de presiones empresariales e ideológicas que sufren los medios de comunicación, pero aún así cree posible un hueco para la libertad, “sobre todo en la medida en que el periodista no tire la toalla”.

Proféticamente o no, la lluvia aparecía justo en el momento en que preguntamos sobre la crisis del periodismo español a nuestro protagonista, quien encuentra dos problemas latentes: la crisis económica que ha afectado también a la mayoría de sectores, y los cambios de los propios medios a raíz de la llegada de Internet. “Ya sabemos todos que donde hay una necesidad de reducir 15, se ha aprovechado para reducir 22, además de pedir que haya alguien que trabaje 14 horas en lugar de ocho. Ésa es la realidad de hoy del periodismo”. Sin embargo, Negro se muestra optimista al sostener que “no hay que dar discursos del holocausto sobre el periodismo que habrá en diez años, a saber qué tipo de tecnologías existirán entonces”.

Siguiendo con la línea de la adaptación del periodismo a los nuevos medios, entra en escena el periodismo ciudadano que está volviendo al profesional de la comunicación “más exigente” pero que no puede ser considerado como el auténtico ejercicio de una labor que “hay que hacer respetar”. Rubén es consciente del gran intrusismo sufrido en la profesión, pero tiene claro la necesidad de distinción entre “lo que es el periodista de lo que es el espectáculo, porque un tertuliano no está ejerciendo el periodismo, sino que se está dedicando al ‘Sálvame’ del fútbol, por ejemplo”.

En cuanto a la educación que reciben los estudiantes de Periodismo dentro de las facultades, el entrevistado considera que los alumnos “no tienen acceso a la vida real”, sino que se “pierde el tiempo” en adquirir conocimientos que luego no sirven para enfrentarse a la práctica ni para poder elegir “un camino propio”. Sin embargo, para Negro este problema no parte de la educación universitaria, sino que se trata de un error de base de institutos y colegios. “La educación antes de llegar a la carrera está preparada para crear analfabetos a trillones”.

Nuestro entusiasta protagonista trabaja actualmente en ‘Castilla y León Esradio’, donde desarrolla funciones tanto de periodista como de community manager, una nueva labor cada vez más necesaria en los medios de comunicación, que supone una nueva estrategia de publicidad y difusión del medio, así como una forma de facilitar el contacto con el público. “Si los medios de ahora no se meten en este mundo, están condenados a que a lo mejor gente con menos recursos pero más ganas les acaben borrando del mapa”, profetiza Rubén.

Hacia el final de la conversación, resulta prácticamente ineludible pedir al joven que nos hable de “El sentido de un guisante”, una historia compuesta por 27 capítulos en los que se trata de explicar cómo era el amor antes de que “el Whatsapp lo cambiara todo”. Se trata de un libro aparecido en un momento en que el periodista se encontraba en paro, por lo que sirvió para que nadie se olvidara de él. “Quise aprovechar el momento para coger todo lo que tenía escrito y juntarlo, darle un molde y mostrar que aunque pareciera que había desaparecido del mapa, estaba escribiendo un libro”, nos confiesa.

Teniendo en cuenta que esta última cita se recogió el mismo día que tuvo lugar el Debate del estado de la Nación, era inexorable hacer alguna referencia sobre ello. Será en este terreno en el que la constante sonrisa de nuestro protagonista se torne ligeramente pícara al recomendarnos la lectura de todas las noticias respecto de este tema con la canción “Deltoya” de Extremoduro como hilo musical.

El reloj apura la despedida, pero antes de ello queremos que Negro ofrezca un consejo a los estudiantes de Periodismo. El periodista no puede menos que implorar que “no se les dé por perdidos de antemano”, ya que dice estar “absolutamente harto” de que se les llame “generación perdida”. Rubén no pierde la fe en las nuevas generaciones, e incluso se atreve a aventurar que, quizás, esta  generación a la que “se le están cerrando las puertas, acabe derribándolas y diciendo que lo que se hace está obsoleto”.

Por: Miriam Fernández Badiola

2 Comentarios

  1. Gracias Miriam por la buena conversación sobre nuestra profesión y lo bien que has recogido la charla que mantuvimos.

    Un saludo a InformaUva y a los que lean esta publicación.

    Rubén Negro.

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