Rosa María Calaf: voz, rostro y relato del periodismo sin miedo

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Domingo 4 de mayo. Valladolid. En la plaza del Milenio, las actividades de la Feria del Libro se desarrollan con tranquilidad en la última jornada de su 47 edición, que reserva para su último día el acto literario “Vidas en progreso”, en el que participan las periodistas Mara Torres y Rosa María Calaf. Juntas, ambas profesionales presentan un proyecto solidario en el que también colaboran Ángeles Caso, Almudena Grandes y Carmen Posadas, con la aportación de cinco narraciones sobre la vida de mujeres de Vietnam, Bangladesh, Filipinas, Camboya y Timor oriental, dispuestas a compartir con la sociedad su particular historia para dar ejemplo de fortaleza y humanidad.

Inform@Uva se desplaza hasta el auditorio de la Feria para entrevistar a Calaf con pocas esperanzas de lograr que nos atienda antes del acto. Al fin y al cabo, Rosa María es una persona muy conocida, y son muchos los compañeros de la prensa, radio y televisión que se acercan a ella en busca de respuestas.

En efecto, nada más divisar la característica cabellera roja de la corresponsal más veterana de TVE, la descubrimos rodeada de gente. Nos acercamos, no obstante, con la intención de aprovechar cualquier oportunidad para charlar con ella.

Rosa, ¿puedo hacerme una fotografía con usted?, le pregunta uno de sus múltiples admiradores. Dicho y hecho, nos ofrecemos a sujetar la cámara del espontáneo cazador de autógrafos y entendemos que ese es el momento perfecto para comenzar la entrevista.

Disculpe, ¿podría atendernos un par de minutos? Nos gustaría escribir un texto sobre usted para una revista de la universidad y….¿Una revista? Estupendo ¿Para la universidad pública o la privada? Conozco las dos ¿Vais a usar grabadora y también cuaderno? Me parece muy bien, hay que aprovechar las nuevas tecnologías sin dejar de lado otros métodos. Pero oye, mirad a ver si en la foto que me habéis hecho he salido hablando, ¡qué siempre salgo hablando!. El apellido de Calaf y la palabra torbellino deberían ser sinónimos.

Así, sorprendidos por la gran amabilidad y energía de la profesional, aprovechamos la proximidad con el Día Mundial de la Libertad de Prensa (celebrado el sábado anterior) para conocer cuáles son sus reivindicaciones.

Creo que coincidiré con el resto de periodistas si digo que en la actualidad existe una preocupación al ver cómo se está deteriorando la profesión y cómo se está pretendiendo que ésta pierda credibilidad a base de intentar que olvidemos su esencia. También parece que el periodismo está cambiando sus objetivos, porque está claro que la excelencia informativa y el servicio a la ciudadanía ya no son lo que lo mueve, sino otro tipo de intereses -mercantiles en el mejor de los casos, centrados en la simple manipulación en el peor- para favorecer determinadas causas. Eso se aleja mucho de lo que un periodismo sano debe hacer si queremos que la sociedad pueda también construirse de forma sana y equilibrada, en beneficio de la mayoría, asegura nuestra entrevistada con el semblante serio.

Ella, que ha vivido en primera persona cuatro décadas de acción periodística en destinos tan diferentes como Nueva York, Viena, Moscú, Buenos Aires, Roma o Pekín, vuelve la vista atrás y niega de este modo que conforme ha avanzado el tiempo hayan mejorado las condiciones para trabajar en los medios: creo que no por una razón, funcionamos aparentemente, tenemos todas esas herramientas y capacidades para poder disfrutar de una prensa libre pero, a la hora de la verdad, ésta queda a la sombra de otros aspectos, no tanto políticos como de creación de un nuevo modelo social. Me da la sensación de que la economía domina de tal manera la sociedad en este momento que se ha convertido en el cuerpo doctrinal capaz de comerse la política, los medios y la cultura general para construir una sociedad utilitarista e individualista, una sociedad que abandona los valores que hay que defender para construir un mundo mejor.

Sin embargo, la Tierra no parece un lugar amable cuando se observan imágenes de conflictos como los que tienen lugar actualmente en territorio iraní, sirio o ucraniano. También sobre este último tema tiene algo que decir la entrevistada, quien conoce bien las relaciones entre los ciudadanos de Ucrania y los de Rusia, donde abrió una de las corresponsalías más marcadas de su trayectoria.

El problema de Ucrania hay que verlo desde los dos lados, porque no todos son buenos en un lado, ni malos en el otro. Creo que las noticias en este sentido, por lo general, se están explicando muy mal. Hay periodistas que tratan de ser ecuánimes y equilibrados, pero pienso que una vez más estamos cayendo en el error de informar ‘en blanco y negro’, de informar ‘en buenos y malos’, cuando las situaciones en la vida real nunca se afrontan así. Habría que ser más preciso en cuanto a las responsabilidades que hay en torno al conflicto, las que tiene cada bando. No en vano, me da la impresión de que éste vuelve a ser un enfrentamiento entre dos bandos que se juegan todo en el campo de un tercero. Precisamente de eso se aprovechan unas fuerzas concretas que están nutriéndose de un entorno que hasta ahora no les permitía crecer… Hablo de unos extremismos que llegan a niveles verdaderamente fascistas por una serie de intereses de grupo que están secuestrando o tomando como rehén a un país que, precisamente, lo que no quiere es la confrontación, opina Calaf.

Cada una de sus reflexiones está cargada de inspiración, y fundamentada en experiencias personales y en una curiosidad que parece no tener límites desde que comenzó a alimentarla en la adolescencia, cuando a los 17 años realizó su primer gran viaje haciendo autostop hasta Suecia. Eran momentos en los que ella aún no había descubierto el poder de atracción de la comunicación, cuando solo pensaba en estudiar Derecho para hacer la carrera diplomática y viajar por el mundo…. Así fue, o casi. Rosa estudió Derecho, viajó (aún hoy, tras su prejubilación, reserva tres meses al año para recorrer el mundo y dormir en tiendas de campaña), y comenzó a prepararse para entrar en la Escuela Diplomática. Sin embargo, cuando cursaba el cuarto curso de su formación en leyes, el periodismo se cruzó en su camino, aprobó el correspondiente examen de acceso y comenzó una nueva etapa de su vida en un ámbito que, en aquel momento, se consideraba eminentemente masculino.

Como siempre, ser mujer en mundos que se consideran más propios de hombres implica mayores dificultades que las que entraña el propio hecho de ejercer ese trabajo. Continuamente tienes que demostrar que eres capaz de desempeñar la profesión, porque no se te supone esa capacidad y, a la vez, tienes que lidiar con peligros como los extremismos religiosos o los patriarcalismos de sociedades machistas en contextos bélicos donde, en consecuencia, hay violencia. Así, se te dice que mientras que a los hombres se les mata por lo que hacen, a las féminas se las mata por lo que son, cuenta la entrevistada antes de recordar que, desde hace años, el cuerpo de la mujer también se ha utilizado como táctica de guerra. Esto último, además, también afecta a las periodistas, pues quienes intentan contribuir al apagón informativo optan por secuestrar a los varones e intimidar, o incluso violar, a sus compañeras de trabajo. Lo sabe muy bien nuestra protagonista…

En su momento no conté lo que me sucedió en los Balcanes, cuando estuve a punto de ser violada, porque creo que el periodista nunca debe ser el protagonista, pero también porque en ese momento me hubiera parecido terriblemente injusto. ¿Cómo iba yo a hablar de mi problema cuando a miles de mujeres allí les estaban ocurriendo cosas infinitamente más graves? Además, ellas no se podían marchar, y yo, que fui a cubrir esa guerra porque quería, me podía ir. Contarlo entonces me hubiera parecido una falta de respeto tremenda hacia la población, explica Calaf para subrayar, instantes después, que si ha contado ahora lo que ocurrió es porque las federaciones de periodistas quieren que se conozca la cruel forma que se utiliza en escenarios bélicos para acallar a las reporteras. En definitiva, me parece que compartir mi experiencia es una manera de probar que todo lo dicho es cierto, que no es algo anecdótico y que le ocurre a muchas mujeres, periodistas y occidentales, completa.

De esta forma, perdidos en el relato de la veterana corresponsal, los organizadores del acto literario en el que participa nos encuentran y piden que concluya la entrevista. Aún en la distancia, cuando acompañan a Rosa María Calaf al escenario del auditorio para que comience su intervención, ella gira la cabeza y sigue hablando. “Siento que no podamos seguir charlando, pero yo creo que algo podréis escribir con lo que os he contado, y si necesitáis algo más ya sabéis que…” El final de su frase se pierde entre la multitud. Gracias, Rosa.

Texto y fotografía: Raquel Quevedo (@raquerre)