LAURA GARCÍA BORGES  |  Fotografía: cedida por Raquel Quevedo  |

Cuatro largos años son los que ha dedicado Raquel Quevedo a la lectura, documentación, análisis y redacción de una tesis doctoral titulada La feminización de la política y su aplicación a la comunicación. Soft interviews y estrategias de captación del voto en revistas femeninas de alta gama”.

“El mejor día de mi vida”. Así describía su emoción la fundadora de InformaUVa el pasado nueve de noviembre, cuando, frente a un tribunal compuesto por los especialistas en Comunicación Política Virginia G. Beaudoux (profesora de la Universidad de Buenos Aires), Gianpietro Mazzoleni (catedrático de la Università degli Studi di Milano) y Rocío Zamora Medina (profesora de la Universidad de Murcia) defendió el trabajo que tanto esfuerzo le había costado. Por supuesto, no todo fue un camino de rosas: “Es un proceso largo y bastante duro, por eso hay que tener siempre presente la vocación. Hay momentos buenos y momentos malos, pero la recompensa es tan grande que merece la pena”.

La tesis se divide en dos partes. La primera y más importante se centra en el significado de la feminización de la política y su extrapolación al ámbito comunicativo, por lo que a estos aspectos dedicaremos el grueso de la entrevista. La nueva doctora comienza por explicar que el término por el que apuesta tiene una vertiente cuantitativa y otra cualitativa. Desde un punto de vista cuantitativo, la feminización supone “una incorporación de más mujeres a los espacios de poder gubernamental. Es decir, más presencia de las féminas en los parlamentos de todo el mundo”. En cuanto a lo cualitativo (la perspectiva “verdaderamente novedosa”), el incremento en el número de presidentas, ministras, alcaldesas y diputadas conlleva aproximarse a un campo desatendido y que se traduce en “una transformación del discurso, de la agenda y de la propia forma de entender y ejercer el liderazgo”.

El trabajo de la profesora Asociada de la UVa, dirigido por la profesora Salomé Berrocal, revisa todas las aportaciones que a nivel internacional existen sobre los efectos de la “feminization of politics” y, a continuación, avanza el paso por un camino prácticamente inexplorado. “De hecho, es tan poco conocido que pese a la solidez de la triangulación metodológica en la que se apoya esta investigación, su principal valor radica en el marco teórico”.

Según esta licenciada en Periodismo que comenzó el doctorado con una de las codiciadas becas del Ministerio de Educación (las FPU), una señal evidente de que la feminización política “es real” tiene que ver con la incorporación a la agenda gubernativa de más medidas “soft”, entendidas como aquellas que tradicionalmente han sido competencia de ministerios a cargo de mujeres. “Las cuestiones de educación, bienestar social, cultura y todo lo referente a igualdad son tan importantes como cualquier otra, pero hasta hace poco tiempo no se trataban como el resto”.

La entrevistada es consciente de que hablar de “feminizar” entraña riesgos, ya que “hay quien piensa en el esencialismo y en la prolongación de estereotipos cuando lee que las féminas lideramos de modo diferente”. “Obviamente, generalizar nunca es recomendable, pero leer estudios sociológicos, psicológicos y colindantes a la antropología ayuda a tener una visión más amplia”, asegura antes de añadir que, “si bien las características de la feminización de la comunicación se aprecian sobre todo en líderes, los políticos hombres pueden ejemplificar todos y cada uno de los rasgos”. Después de todo, “hemos de tener en cuenta que no nos encontramos ante un proceso exclusivo de un género ni en el que todas las poderosas encajen”.

Para la doctora por la Universidad de Valladolid, la clave en su análisis y reflexión es la “ética del cuidado”. Un concepto tratado por la filósofa y psicóloga Carol Gilligan que alude a la importancia de “poner los cuidados en el centro”, no sólo en lo tocante a los demás, sino también en lo que respecta a cuidar de uno mismo. En el lado contrario, Quevedo habla además del razonamiento moral masculino que Lawrence Kohlberg estudió hace décadas bajo las palabras “ética de la justicia”, desde el cual se observa una forma de ofrecer discursos y hacer política enfocada a la aprobación de leyes y al mero cumplimiento de las normas. “El contraste entre sendas éticas está muy presente hoy en día, pues estamos acostumbrados a ver a la ciudadanía protestar por la aplicación de medidas legales que desde el punto de vista humano no se entienden tan fácilmente”.

En definitiva, Raquel Quevedo cree que la manera de actuar y comunicar está cambiando en la escena pública, y que ello guarda relación con el aumento de voces femíneas. “La conciliación de la vida laboral y familiar, asuntos relacionados con cuestiones reproductivas, la violencia de género y otras problemáticas que a lo largo de los lustros han preocupado o concernido más a las mujeres están ahora sobre la mesa de debate”, afirma.

Respecto a las soft interviews y estrategias de captación del voto en revistas femeninas de alta gama” (segunda parte del trabajo), la autora señala que “es necesario contemplar a las féminas no sólo como alcaldesas, ministras o presidentas, sino también como votantes. “La captación del voto femenino es ahora una de las principales metas para los candidatos a cargos de poder, y en este sentido se buscan espacios segmentados que aúnen a un gran grupo de mujeres con una idiosincrasia más o menos definible”, detalla para justificar el creciente interés de los presidenciables por conceder entrevistas en cabeceras como Glamour, Telva, Elle o Vogue.

En cuanto al afán de Quevedo por estudiar un tipo de prensa “algo particular”, reconoce que tomar la decisión tuvo un punto de “atrevimiento”. “Hablamos de un tipo de publicación que suscita críticas. En unas páginas se ofrecen contenidos que empoderan a la mujer; en otras, se acentúan los cánones de belleza tradicionales y se prolongan los estereotipos. ¿Conclusión? Hay que hacer algo tan complicado como desprenderse de los prejuicios antes de comenzar a investigar.”

En su labor analítica, la investigadora confirma que en las entrevistas a representantes de PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos y otros partidos, las revistas conocidas como ‘RFAG’ reflejan múltiples características del modelo de comunicación política en clave feminizada. En otras palabras: la doctora en Periodismo encuentra una plataforma perfecta para su estudio, sin perder de vista que en estas páginas la mediatización y la feminización suelen ir de la mano. “Estudiar las entrevistas a políticos en RFAG exige hablar también de “infoentretenimiento”, y en consecuencia, de ‘soft interviews’”, admite para seguidamente añadir que “ahondar en las ‘entrevistas blandas’ obliga a pensar en cuánto hay de feminización de la comunicación política por convicción cuando el medio está dirigido a un grupos de posibles votantes”.

Para Raquel Quevedo todavía quedan muchas preguntas por responder, y por eso tiene claro que su labor investigadora debe continuar. “Sí. Seguiré tratando de encontrar respuestas con paciencia. Paciencia y mucha lectura”, recomienda a quienes, como ella, quieran adentrarse en “la gran aventura” de la tesis doctoral.

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