ÁLVARO SAMAHA GALLEGO  |  Fotografía: Pixabay  |

Tristemente, el racismo siempre ha estado presente en nuestra sociedad. Es cierto que en los últimos años, en especial este 2020, se ha censurado tajantemente cualquier comportamiento que implicara alguna connotación fuera de lugar. Sin embargo, no se ha logrado que desaparezca totalmente. Se dan episodios racistas en todos los ámbitos sociales y uno de ellos es en los deportes.

Un caso de racismo fue el que se vivió en el partido de Champions League, celebrado el 8 de diciembre entre el Paris Saint-Germain y el Instambul Basaksehir. Concluyó transcurridos 14 minutos de juego debido a que algunos jugadores del Instambul se negaron a volver a salir al campo. El motivo fueron las desafortunadas palabras del cuarto árbitro, Sebastian Coltescu, al referirse hacia el exjugador Pierre Webó como ‘el chaval negro’. Ese momento desató las protestas del propio Webó y todos los integrantes del equipo turco. A esto se sumó el apoyo de Mbappe y Neymar JR. También lo apoyó el propio presidente del PSG y otros jugadores que se pronunciaron a través de Twitter.

El cuarto árbitro se defendió asegurando que había sido una mala interpretación y que en ningún momento había sido un comentario despectivo. Pese a esto la UEFA anunció la retirada de Coltescu de las competiciones europeas y el partido se reanudó el 9 de diciembre sin él.

Bien es cierto que hoy día la sociedad se ha sensibilizado y se ha de tener cuidado en la forma de expresarse o referirse a cualquier persona. ¿Esto quiere decir que todo comentario puede llegar a ser racista? No, pero algunos expertos señalan que, al referirse a alguien por el color de su piel, se le está deshumanizando y tratando como objeto. También es importante el tono o la intención del comentario en sí.

Lamentablemente, este no ha sido el único episodio racista en el fútbol. En enero, en un encuentro entre el Espanyol y el Athletic varias personas del público insultaron al delantero rojiblanco Iñaki Williams. Otro episodio, ocurrido en febrero, fue en el que el jugador del Oporto, Moussa Marega, se retiró del césped, ya que no estaba dispuesto a aguantar más insultos hacia su persona. Este último episodio generó debate por la poca empatía mostrada por parte del árbitro, que le mostró amarilla y por la de los jugadores de ambos equipos.

En la mayoría de los casos se toman medidas, sin embargo, muchos se quejan de que para la gente del fútbol lo más importante es que el juego continúe. Para algunos de ellos, prevalece el dinero antes que la ética.

Este año ha representado un punto de inflexión debido a lo sucedido en Estados Unidos y al lema #BlackLivesMatter. Poco a poco, la lucha contra el racismo da sus frutos. Da igual el color, la lengua o las costumbres. Todos somos iguales.

Compartir