¿Qué nos lleva a convocar un concurso de relatos?

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¿Qué nos lleva a convocar un concurso de relatos?
¿Qué nos lleva a convocar un concurso de relatos?
PATRICIA LUCEÑO MARTÍNEZ  |  Fotografía: Pixabay  |

La respuesta a esta pregunta parece sencilla: difundir una marca. Pues bien, en plena era de apología de la transparencia y en una plataforma periodística como es esta cabecera, que debe estar regida –siempre y por encima de todo- por la honestidad, no podemos negar los beneficios promocionales de que nuestro logo aparezca por diferentes lugares de la ciudad y, vamos un poco más allá, asociado a grandes nombres de la vida cultural e intelectual de Valladolid. Sin embargo, y aunque hacer un ejercicio de reflexión a veces parece innecesario, la realidad no suele ser plana, sino poliédrica. Analicemos, entonces, sus diferentes caras.

Sí, queremos que se nos conozca. Pero esto, a pesar de lo que pueda parecer a simple vista, no responde a un ejercicio de amor propio, de buscar rentas a un trabajo que, a lo largo de estos ocho meses de andadura, nos ha supuesto muchas horas y un tremendo esfuerzo (cuando uno se convierte en hacedor, se da cuenta de todo cuesta un poco más de lo que parece). Responde, recuperando el hilo del artículo, a un afán por trasladar historias, por reconocer los méritos, pero no los propios, sino los de aquellas personas que llevan meses y años haciendo de la universidad un motor de cambio de nuestra sociedad. Ninguna noticia cumple su función si no tiene, al menos, una persona que la lea. Hasta aquí, todo parece claro.

Pasemos a la cara número dos. Muchos han sido los objetivos que Inform@UVa se ha propuesto este año. Algunos se han conquistado con relativo éxito. Otros, que aún escuecen, han quedado en una bonita formulación teórica. Ninguno de ellos, sin embargo, ha sido aleatorio. Desde un primer momento hemos perseguido plasmar y, por ende, trasladar esa dimensión social de la comunidad universitaria. Un carácter que parece impregnar, de manera indiscutible, su propia naturaleza, pero que, si tenemos que ser sinceros, no siempre se concreta tras el análisis objetivo de la realidad. Otras veces, en cambio, sí que lo hace. Son esas ocasiones las que hemos querido poner en valor y, por qué no, ser nosotros mismos una pieza, aunque sea pequeña, del cambio.

La Universidad, igual que cualquier otra institución, adquiere sentido siempre y cuando beneficie y entronque las necesidades de la sociedad. Sin embargo, aún cuesta derribar ese muro, invisible pero certero, que separa a ambos actores. Dar el primer paso siempre es complicado, pero es necesario (siempre lo ha sido, aunque ahora se percibe de manera más clara) reconquistar el espacio público, sea este un centro educativo, un ayuntamiento o una sala de exposiciones municipal. Como estudiantes, tenemos el derecho y el deber de reclamar a la Universidad todo aquello que consideremos conveniente. Ahora bien, no sería justo limitarnos a hacer esto, eludir la responsabilidad que tenemos como base y justificación de la propia existencia de la institución. Probablemente tengamos mucho más margen de acción del que creemos para presentarnos ante la sociedad como una inversión más que como un gasto.

Tercer motivo. En una profesión sesgada, en ocasiones, por individualismos exacerbados, debemos ser conscientes del valor de sumar, del poder que podemos adquirir como colectivo. ¿Por qué no empezar a forjar una nueva convivencia cuando aún no hemos dado el salto definitivo a la realidad laboral? Convirtámonos en ejemplo. Si bien es cierto que la andadura en Inform@UVa de este año ha tenido momentos y cuestiones muy valiosos, también ha habido sombras. Guiados por esa promesa de honestidad que adquiríamos en las primeras líneas del texto, admitiremos en este momento que, si algo ha faltado, ha sido identidad como grupo, trabajo codo con codo. En algunas ocasiones, nuestros esfuerzos han cristalizado en un verdadero y sano trabajo de equipo. En otras, como una predicción de lo que podría ser nuestro quehacer dentro de unos años, hemos optado por un individualismo que, sin lugar a dudas, ha hecho que nuestro trabajo no haya brillado todo lo que hubiera podido. ¿Para qué nos ha servido, entonces, esta ilusionante convocatoria? Para conocernos, para enriquecernos con el talento de nuestros compañeros, para aprender los unos de los otros y para acabar tomando, algún que otro día, unas cañas que estaban debidas.

Como no sólo de cerveza vive el hombre, pasemos a esa cuarta razón que nos ha empujado a meternos en un lío como este. Sobra talento joven. No solo en la Universidad, por supuesto, pero como responsables -al menos, un poquito- de los que sucede entre nuestras paredes, queremos reconocer y visibilizar el fantástico saber hacer en el que muchos estudiantes llevan invirtiendo años. No solo en Periodismo, ni siquiera en nuestra facultad, sino en todos y cada uno de los campus y niveles educativos de la UVa. Nosotros apostamos por ellos.

Aunque podríamos ofrecer una casi interminable lista de por qué el I Concurso de Relatos ‘Ciudad de Valladolid’ es importante e, incluso, necesario, vamos a frenar en este motivo, que, como suele suceder en la vida, por ser el último no es menos importante. Nos ha parecido una excusa y un momento perfecto para potenciar ese carácter de enlace, de nexo entre la institución y la sociedad, en que hemos querido convertirnos a lo largo de este curso académico. Por ello, hemos abierto la convocatoria a toda la Universidad de Valladolid y hemos contado en su desarrollo con el apoyo, financiación y colaboración de los establecimientos, fundaciones, asociaciones y personas a título individual que, en este nuevo capítulo de la cabecera, han supuesto una ayuda incondicional sin la que no hubiéramos podido echar a rodar.

Con las explicaciones sobre la mesa, solo nos queda decir: ¡gracias! Esperamos vuestras historias.

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