LUIS QUINTELA RODRÍGUEZ  |  Fotografía: Pexels  |

Desde la derecha más extrema hasta la izquierda, el populismo está presente en todas las intervenciones políticas de hoy en día. La RAE define populismo como una tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo, lo que podemos interpretar como la tendencia política con el fin de lograr un acercamiento a los ciudadanos a los que gobierna o se pretende gobernar. Pero, ¿cómo reconocer el populismo encubierto en un discurso?

Lo primero que se observa en el populista es casi evidente: su carácter carismático. Resulta imposible convencer a los ciudadanos si se carece de carisma. Del mismo modo, es esencial saber qué prometer al pueblo. Por ello, otro rasgo común a todo populista que se precie es asegurar de manera permanente la solución a todos los problemas que tenga la ciudadanía, garantizar su prosperidad.

Ligeramente más discreta es la manera de ejercer el poder mediante la palabra, mediante el habla. Una buena oratoria o labia es fundamental para la labor populista. La palabra es el eje central de su carisma, su manera de interpretar la verdad o incluso de alterarla, rozando la demagogia.

Más difícil de percibir es la tendencia de los populistas a interpretar las voluntades del pueblo y dictaminarlas como el verdadero pensamiento popular. Es decir, el populista dice qué es lo quiere el ciudadano y éste se lo cree. Entre medias, aprovecha para disimular su poco conocimiento acerca de economía y finanzas, que no va más allá de entender todo gasto como una inversión.

Otra táctica para desviar la atención del ciudadano sobre las cuestiones internas es cargar contra el enemigo externo, criticar el método de otras naciones. De este modo muestra el aborrecimiento que siente por la autocrítica, la cual nunca o casi nunca oiremos en el discurso populista.

También se puede reconocer al populista por su irreverencia respecto al orden legal, su desconfianza hacia las leyes creadas por el hombre. Muchos optan por suprimir leyes o incluso organismos completos, como muestra de su poder y de su seguridad.

En conclusión, el populismo aborrece y rechaza todo aquello que coarta su libertad, ya sean personas, leyes, organismos o incluso la democracia liberal como manera de concebir una sociedad. Es una tendencia política presente en prácticamente todas las etapas de la historia, ya no de España, sino global. Y, muy probablemente, esté tan arraigada a la sociedad que sea imposible ver su desaparición.

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