Pienso, luego existo

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Rubén Ve  |  Fotografía: Rubén Vega

Permitidme, retractores de la primera persona, que hable a mis lectores de yo a yo. Hará unos meses me leía la novela distópica de George Orwell, 1984, reclinado sobre el sofá del salón de mi ciudad natal. Y no de esta. De aquella, mis días gozaban de un periodo de paz y tranquilidad que aún era inverosímil para mí: leía, viajaba, hacía deporte, veía cine y volvía a leer. Mi corazón no quería atender a mi mente y mi mente exclamaba voz en alza que posiblemente ese sería mi último verano. No porque me fuera a morir, sino porque no tendría un verano como así lo concibo en mucho, mucho tiempo. Así que siempre hacia lo que me gustaba hacer e intentaba dormir lo menos posible para aprovechar todo el tiempo que pudiera.

En ocasiones, en tan cómoda posición, el cerebro se planteaba ciertas dudas intelectuales. Que otras no tanto. Paul Romer, creador del programa Big Brother, que meses después devendría en el programa Gran Hermano de Telecinco , ¿se leyó realmente 1984? Pasaban las jornadas: unas estaban cargadas de anécdotas que contar y otras eran secas como el clima del estío. Sobre todo en esos áridos días de temporal, y también de actividad, soñaba despierto con mi futuro. Y retrotraía al presente el pasado. Y seguía preguntándome si el icono del gran hermano de Telecinco era en realidad un guiño a esa obraza de Orwell.

Recuerdo aquellos tiempos en los que pisas por primera vez la facultad con las pupilas dando saltos de nerviosismo… Cuando en tu primera clase de redacción I te recalcan por activa y por pasiva que hay que titular con los verbos en presente, o cuando te hablan de la pirámide invertida y te piensas con cierta sorna: “a ver si voy a estar en una clase de egiptología…”. Recuerdas con mucho cariño esos momentos.

No tanto cuando escuchas miles de opiniones de universitarios y el 90% de ellas te dicen que el periodismo está hecho trizas. Que ya lo sé hombre, que ya me lo dijeron todos los profesores de mi antiguo instituto, toda la familia y la vecina del quinto cuando me vió tender la ropa: “oye, los del periodismo comen muy mal, hijo, no lo hagas”. Cuando escuchas tantas ideas intimidatorias de tanta gente tú estás hecho un lío. Todos fuímos noveles en su día y todos nos desilusionamos más de una vez. Pero también es cierto que todos tenemos grandeza en nuestro interior; solo tenemos que picar y picar en la mina de nuestra ignorancia para sacar a la luz el gran profesional que llevamos dentro. Sin parar, sin respiros.

El verdadero punto de inflexión no es otro que ese momento en el que piensas: me siento periodista. ¿Me siento periodista? Sí, me siento periodista, ¡que me siento periodista! ¡que me siento periodista! Tu ego profesional está bailando una jota y solo has hecho cuatro preguntas con grabadora a un entrenador de fútbol de un colegio de los suburbios de Valladolid. Pero te sientes periodista. Y te comienzas a plantear: Jordí Évole, Angels Barceló, Risto Mejide, ¿cómo han llegado ahí? ¿Qué han hecho?

Y unos te dicen que debes de tener conocimiento de todo y saber hacer cualquier cosa, otros te dicen: ¡no!, la especialización es la clave para ser un profesional competente. Y así millones de historias que la gente narra y cada una con un argumento distinto. Pero tú deberías ser un naúfrago de esa tormenta de “blablablablas”, siendo consciente que la única y más poderosa herramienta que vas a tener jamás es tu cerebro. Piensas luego existes, ¿a qué sí Aristóteles?

¿Y yo cómo he acabado de ‘community manager’ y no de filósofo? Eso mismo me preguntó yo, nunca antes lo había sido y nunca me lo habría imaginado hasta que un día Patricia Luceño, exdirectora de InformaUVa, me comunica algo así como: “Rubén, vas a encargarte de las redes sociales y de la comunicación de InformaUVa ¿quieres?. Y ahora me enfrento a otra etapa más de desconcierto cuando pensaba que eso era ya cosa del pasado. Intento ser creativo bajo la máxima de que el buen trabajo y la constancia derivan en el éxito reconocido.

Os puedo dar los buenos días así:

Los lunes por la mañana todos tenemos esta cara

O convocar una charla así:

Al final no hubo incidencias con Kin Kong, todos me hicisteís caso
Al final no hubo incidencias con Kin Kong, todos me hicistéis caso

O recordaros las efemérides más importantes del día:

unam
Si hubieráis sido británicos y se hubiera puesto a Shakespeare, el tweet hubiera tenido más ‘retweets’

Y luego enfadarme:

triste
Pero ni caso que me haceís

O también puedo mencionarte mal, olvidarme de poner un enlace… o enviar a las distintas organizaciones con las que tratamos una nota de prensa de… dejemos los calificativos. Pero los errores se subsanan con la práctica y con una buena actitud. Y de eso me sobra. Porque quiero traéros a vosotros, queridos lectores, la actualidad del ámbito de la UVa, del periodismo y de la cultura de una forma amena y divertida. Aceptando toda crítica que tengaís sobre mi trabajo. E impulsando a esta revista “hasta el infinito y más allá” como diría Buzz Lightyear. Porque sí, porque esta revista ha contribuido a que adquiera experiencia y porque me ha hecho mejor persona. Y si hay que adaptarse y trabajar de más para hacer un buen trabajo se sacrifica uno y lo hace. Intentaré ser en redes sociales como el ojo del Gran Hermano que todo lo ve, disculpad si es con las retinas irritadas por falta de sueño. Atento a todas vuestras dudas y sugerencias.

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6 Comentarios

  1. Un artículo que da gusto leer, de principio a fin. Hacía mucho que no me pasaba. En serio!!!
    Enhorabuena Rubén.
    Vaya equipazo el de Inform@uva de este año.
    ¿Podemos superarnos?

  2. me gusta el fondo
    me gusta la forma
    El trabajo hecho con ilusión contagia y es un regalo.
    Gracias Rubén

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