NOEMÍ FERRERO AVEDILLO  |  Fotografía: Pixabay  |

En los últimos años, cada vez es más frecuente la publicidad protagonizada por periodistas. Para la mayoría de la sociedad estas acciones deberían influir en la credibilidad, tanto de la cadena, como del propio periodista que se supone que está informando a la audiencia.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta si la publicidad está relacionada con el tema que aborda el periodista. Ya que la información es un elemento que incide en la vida de la sociedad, por tanto, a los periodistas les corresponde trabajar de forma clara, prestando un servicio público para la sociedad. Esto crea unas prioridades, de modo que el objetivo del periodista es el de informar, y atender sus necesidades, queda relegado a un segundo plano.

La publicidad suele acompañar a la información y es gestionada por los medios de comunicación. Aunque la publicidad no es mala en sí, ni lo es que la difundan los periodistas, no deben influirse entre sí, tanto en el contenido como a la selección y jerarquización de las informaciones.

Según Alex Grijelmo -escritor y periodista español- “Muchos directores de programas de radio, por ejemplo, reciben una remuneración variable (además de la fija) en función de los ingresos publicitarios. Pero harán un periodismo ético si eso no influye en sus contenidos, y faltarán a su deber como profesionales si aceptan que los anunciantes veten o impongan determinadas noticias. Lo que se vende a la publicidad es la difusión de sus mensajes a un público amplio, no la intervención en las informaciones.”

No hay que olvidar que, en periodismo, la deontología profesional es la única garantía para la credibilidad de los medios ante los ciudadanos, por tanto, la supervivencia del periodismo depende de la responsabilidad ética y de la buena praxis del periodista.

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