MARINA LAJO TRAPOTE  |  Fotografía: Marina Lajo  |

Los filósofos siempre han dicho que solo conocemos la apariencia de la realidad. Es por ello que los periodistas deben saber que todas sus verdades son incompletas y temporales. Por otro lado, un periodista debe ser honesto. Debe transmitir toda la información que conoce sin ocultar nada, salvo que sea estrictamente necesario por causas mayores.

En la práctica el periodista se preocupa más contar los hechos que él conoce con los datos que le han ofrecido, que por ser objetivo. Por lo tanto, ¿el periodista sería objetivo o subjetivo?

En principio, el papel de un periodista se basa en la selección de noticias importantes. Desde este punto de vista, la objetividad depende no solo del objeto y sujeto, sino también del proceso de producción del conocimiento. El periodista es el nexo entre el conocimiento y los ciudadanos. Esto le permite jugar un papel social jurídico en la difusión del conocimiento cotidiano y como traductor de conocimiento experto para todos los públicos.

Sin embargo, la tendencia de las ‘nuevas noticias’ ha puesto en crisis la distinción entre ficción y realidad. En muchos casos, los periodistas realizarán eventos a los que no asistieron y los vincularán como si hubieran asistido.

Para Umberto Eco, la producción de hechos noticiosos es una cuestión de madurez recientemente, y la ideología de las noticias y las noticias ha cambiado. Uno de los grandes problemas hoy en día es que nos enfrentamos a noticias generadas a través de  otras noticias. ‘Con el nacimiento de los grandes circuitos de información, gesto simbólico y transmisión de la noticia se han convertido en hermanos gemelos: la industria de la noticia necesita gestos excepcionales y los publica, y los productores de gestos excepcionales tienen la necesidad de la industria de la noticia para dar sentido a su acción’.

El cerebro humano no es una calculadora fría e infalible, sino que responde a una variedad de impulsos: responsabilidad, dedicación, codicia, resentimiento, pasión dogmática y caprichos triviales, pura vanidad, locura y factores accidentales que constituyen una sinfonía de discordia. El odio y la ambición se entrelazan con la virtud y los ideales, e incluso en un mismo actor, hacen que el gobierno ruede como una revolución. Becheloni afirma que la objetividad  es un concepto ideal-típico, como tal no existe, pero su presencia es conocible: una tensión permanente hacia la verdad.

Según Umberto Eco, la solución temporal al problema de la objetividad es ‘saber construir un discurso crítico continuo sobre el modelo mismo, reflexionar sobre las condiciones ficticias y verdaderas de la objetividad, analizar la propia noticia y admitirla explícitamente’. Algunos autores dicen que la objetividad de la versión liberal burguesa es un mito, una mentira subjetiva al revés, y los medios de comunicación son este lugar. La sociedad industrial produce allí nuestra verdad.