El periodismo ético como necesidad

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SANDRA DONDA MERINO  |  Fotografía: Sandra Donda  |

“Para ser periodista hay que ser buena persona”. Así comenzaba Marta Redondo las IX Jornadas de Periodismo Social, que se celebran en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid el 6 y 7 de noviembre. Un encuentro que condensa intervenciones de periodistas y expertos de la comunicación, con lecciones fundamentales para todo periodista o aquel que se encuentra en el proceso de serlo.

Agradecida al público y a la emotiva presentación realizada por su compañera de profesión María Monjas, Marta Redondo comenzaba la ponencia inaugural, “La dimensión social del periodismo ético”. Y es que, para Redondo, la ética tiene que estar enlazada al buen periodismo: “Hay que comprender a los demás y dejarse llevar por la empatía”, señaló la profesora.

La periodista e investigadora remarcaba la importancia del buen periodismo porque es un servicio público que persigue conseguir una sociedad mejor y más informada. “De la influencia que tienen los medios deriva su responsabilidad ética. Es necesario estar bien informados porque una sociedad deficientemente informada se dejará llevar por los estereotipos, las emociones o la tradición. Los medios deben aportar los conocimientos que impidan creer en esas ello”, expuso Redondo.

Pero, desgraciadamente, la realidad dista mucho de esto, de la teoría. Y esto se debe a tres “males del oficio”, según Redondo. El primero de ellos es la indeseable cercanía con el poder económico y político; los medios de comunicación sirven más a la propaganda y corrompen la profesión. El segundo se debe a la apuesta por el espectáculo y la banalización de la información; se abusa de los elementos propios de la prensa sensacionalista, como el morbo y sexo, para atraer a los lectores. Y, el último, por la falta de profundidad y análisis que ayuden a interpretar la realidad. Es irónico que, ante la complejidad del mundo que nos rodea, los medios opten por la máxima simplificación.

Pero, ¿por qué el periodismo ha llegado hasta este punto? La respuesta reside en la “mercantilización de la prensa” o “Market-Driven Journalism”, una práctica que ha convertido al periodismo en un producto que busca la máxima audiencia. Enlazado a este, reside el de “presunción de comercialidad”, otro concepto que defiende que un hecho, para convertirse en noticia, tiene que poder venderse bien.  Los medios establecen que el valor de un medio viene dado por la cifra del negocio o la rentabilidad de las acciones.

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María Monjas, izquierda, y Marta Redondo, derecha, en la conferencia inaugural de las IX Jornadas de Periodismo Social. | Fotografía: Sandra Donda

Los medios de comunicación ofrecen la información que les interesa. “Los temas que no venden no se abordan. No son considerados comercialmente valiosos”, continuó Redondo. Lo mismo ocurre con los algunos colectivos, y es que muchos sectores de la población no aparecen o lo hacen mal representados. El mundo pobre, los inmigrantes, las minorías étnicas y religiosas, los discapacitados y las personas del mundo rural. Pero también los niños, los ancianos y las mujeres. Una selección nada ética desborda los medios de comunicación que consumimos.

“Los medios de comunicación están lejos de ofrecer una realidad. Por eso es necesario hacer consciente su funcionamiento. Es la única forma de cambiar las cosas”, denunciaba Redondo.

Concluía con un matiz de esperanza. Y es que, desde los años 90, el cuarto poder está experimentando una “revolución silenciosa y humilde”, con una apuesta por el Periodismo Social que pretende alejarse de los condicionantes externos. Una revolución que no debe estar solo protagonizada por los medios, sino también por los consumidores que deben adoptar una “ética del consumo”. Ambas partes son necesarias para poder crear un periodismo mejor. Y, matizando la cita con la que empezó, Redondo finalizaba la ponencia que da comienzo a las Jornadas que protagonizarán los dos próximos días nuestra facultad: “Hay que ser buenas personas para ser periodistas y también buenos consumidores”.

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