Los Ortega y los Gasset del mañana

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ALBERTO PALACIOS LÁZARO  |  Fotografía: Alberto Palacios  |  

Y llegó el día. Confirmaron que la asignatura de Filosofía quedaba relegada a un segundo plano. Paso previo a su desaparición, claro está. “Ya no podremos estudiar lo que pensaba Platón, ni lo que decían Ortega y Gasset”, dijo el otro.

Por cierto, ¿quién ese otro al que tanto apelan nuestros padres y abuelos? “Como diría el otro”. Debe ser familia del Quico y de Abundio. Retomemos. La Filosofía queda relegada a un plano optativo mientras el personal está convencido de que Ortega y Gasset eran dos muy buenos amigos. Igual es lo que pretenden. Que lo poco que pensemos sea para cosas absurdas, no sea que se nos vaya a ocurrir divagar sobre el sentido de la vida. Que eliminen la filosofía de los planes de estudios puede ser responsabilidad directa del político de turno que toma la decisión. No puede serlo, sino que debe, pero los deberes no están muy bien vistos últimamente. ¡Que se me agobia el niño, oiga! Responsabilidad del político y culpa del alumno, cómodamente aferrado a una feliz ignorancia.

Este periodo de la política española, con más visitas a las urnas que al dentista durante el año, ha demostrado cómo las generaciones venideras tienen sentido crítico como el que tiene apéndice. Solo eres consciente de ello cuando te lo tienen que sacar de urgencia.

La calidad de la tele, el cine y la música cada vez es menor, porque cada vez se exige menos. Un compás, una letra calenturienta -en el mejor de los casos- y tenemos el tema del verano. Un reciente estudio de PISA reveló que más del 30% de los españoles no había leído un libro en su vida. Dicen los grandes de esto, de la opinión, que es muy recomendable leer a los muertos. Con leer, así a secas, nos podríamos ir apañando. Y con razón que no lean. ¿Cómo van a leer un libro, si no tiene imágenes como Instagram, no se puede escuchar en Spotify, ni te puedes enterar de que es la “hora de la siesta, guapis” de tu prima, que tuitea cada paso que da en la vida? No, los libros no tienen nada de eso.

Los libros duran unos días, y la inmediatez manda. El WhatsApp debe ser respondido casi antes de ser enviado. Eso sí. Inmediato, rápido y ¿asocial? ¿Quién no tiene en su entorno a la típica persona que te ve por la calle y, si no es que se hace la loca, solventa la situación con una leve mueca? Dos horas después te bombardeará a mensajes instantáneos –de pequeño, instantáneo era el Nesquik, que no dejaba grumos- con sus “Te he visto antes, pero no estaba seguro de si eras tú jajaja”. Eso sí, asociales pero más felices que una perdiz. Todo el día con el ‘jajaja’ en la punta del dedo. Ya podría estarlo en la punta de la lengua. Seguro que Ortega y Gasset no eran tan felices pensando tanto.

Artículo ganador seleccionado por los alumnos de Periodismo de Opinión de 3ºA. Los alumnos debían hacer una columna de opinión con el tema ‘Retrato de mi generación’ y elegir las dos mejores de toda la clase. Actividad organizada por la profesora Pilar Sánchez-García.

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