CAMINO ARANZANA RAMOS  |  Fotografía: Ainhoa de la Huerga  |

El Día Internacional de la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados se celebra cada 6 de noviembre. Su objetivo es evitar las agresiones al medio ambiente en situaciones de conflicto, pues así se garantiza la continuidad de los medios de subsistencia y recursos naturales. Este propósito está enmarcado como una meta a cumplir en la Agenda de 2030.

Después de un conflicto armado, los muertos y heridos son innumerables. En la mayoría de casos, las ciudades y medios de sustento de la población se destruyen. La naturaleza siempre resulta ser una víctima silenciosa en estos enfrentamientos, donde pasa desapercibida. Una vez acabado el enfrentamiento, nunca salen a la luz las cifras de bosques quemados, fauna muerta o suelos envenenados. Todos estos datos no se suelen tener en cuenta en el recuento de daños tras un conflicto así.

Hay diversos casos que son verdaderos ejemplos de esta triste realidad. En Afganistán se han registrado tasas de deforestación del 95% en los últimos años. En 2017 el Estado Islámico incendió pozos de petróleo y una fábrica de azufre. Esto provocó humos tóxicos cerca de la ciudad iraquí de Mosul. Así envenenaron a gente y dañaron el paisaje. En países como Colombia, República Democrática del Congo o Sudán del Sur, muchos grupos de rebeldes se instalan en puntos importantes para la biodiversidad. Así provocan talas ilegales y cazas furtivas masivas, y crían  especies invasoras. Gaza y Yemén fueron testigos de cómo se dañó su infraestructura hídrica, como pozos subterráneos o plantas de desalinización. La contaminación de estas aguas supone un enorme deterioro para el medio ambiente.

Animal huye de su hábitat natural tras la proclamación de un incendio | Fuente : Pinterest

La ONU destaca como, en los últimos sesenta años, la mitad de los conflictos armados internos han tenido su origen o cierta relación con la explotación de algún recurso natural. Bien por su valor, como  el conflicto del oro, como por su escasez, como es el caso del petróleo. Sin duda, esta demanda de recursos suele ser la causa de enemistades que dan lugar a una guerra.

Es necesario habituarse a cuidar el medio ambiente. Cuando se le agrede, no solo se pone en juego la supervivencia de los animales o de las plantas, también la del ser humano. Ya se han vivido décadas de enfrentamientos y, como consecuencia, la pérdida de ecosistemas y otros recursos muy valiosos. Hay que frenar la desaparición de fortunas limitadas que no son renovables.

La ONU recoge esta difícil tarea en la Agenda 2030. El objetivo es evitar estas agresiones al medioambiente en situaciones de conflicto. Según la agenda, el 2030 será el año en el que los ataques medioambientales habrán terminado. Que esto se convierta en una realidad es algo que depende de todos. Hay recursos que todos tienen, pero que ninguno protege.