JUDITH MALLOL MONTERO  |  Fotografía: Judith Mallol  |

¿Por qué nos aterroriza la idea de hablar en público? ¿Qué es lo que causa esa ansiedad previa a hacer una presentación, dar una charla, dirigir una clase u otras situaciones cotidianas que nos obligan a hablar ante una masa de gente? Y lo más importante, ¿cómo podemos superar ese miedo, ese estrés, para lograr enganchar al público de principio a fin con nuestra exposición?

Lucas Burgueño, psicólogo especializado en la gestión del estrés, ha intentado dar respuesta a estas cuestiones y muchas otras durante la presentación de su libro Hablar en público 360º este jueves 7 de febrero a las 19:00 en la Casa Revilla. El título se presentó el 13 de diciembre de 2018, en la Confederación Vallisoletana de Empresarios.

Esta segunda presentación más separada en el tiempo de la publicación del libro ha permitido al experto desarrollar una dinámica más personalizada. Así, Lucas Burgueño se ha sentado frente a su público estableciendo una conversación digna de romanos en la que, indirectamente, ha ido mostrando algunos de los diferentes mecanismos de oratoria efectiva descritos en la publicación:

¿Y si me pongo nervioso? De acuerdo con Burgueño, los nervios forman parte de la experiencia de la comunicación con el público; son una respuesta de nuestro cuerpo a la sobrecarga de atención necesaria para llevar a cabo una exposición, y el objetivo principal no puede ser evitarlos. Sino que el objetivo último de esta comunicación debe ser lograr que los receptores no pierdan su concentración. De esta manera, los nervios solo desaparecerán con el paso del tiempo y la experiencia. El propio Lucas Burgueño ha confesado que hasta él mismo sigue experimentando esa sensación antes de exponerse a su audiencia. Y, sin embargo, hay que reconvertir la energía que compone esos nervios en los tres pasos clave para alcanzar una comunicación efectiva.

El método “Hablar en público 360º” consiste en tres pasos: el primero es diseñar una oratoria estratégica. Esto es, saber qué es lo que quiere el público, y en base a ello, diseñar un discurso atractivo que mantenga su atención. Conociendo qué es lo que el público espera conseguir, se puede comenzar la exposición con palabras llamativas que provoquen una atención inmediata. A continuación, una vez que se tiene el interés de la audiencia, se puede pasar a tratar temas menos interesantes, para, finalmente, acabar de manera atractiva de nuevo para asegurar que el público lo recuerde. La oratoria estratégica, que, además de proporcionar al emisor una guía, aporta una sensación de control que permite reducir la ansiedad y el estrés hasta unos mínimos mucho más manejables.

La comunicación verbal y la no verbal se convierten en el paso número dos. Este punto es fundamental para evitar que el público se pierda en el “efecto travesía”. Pues, para mantener la atención de la audiencia, es necesario hacer variaciones con todos los aspectos del discurso. Por ejemplo, un cambio de volumen o de velocidad puede obligar a que el oyente se concentre, y antes de que se vuelva a acostumbrar al ritmo, un nuevo cambio le mantendrá alerta. La comunicación no verbal, por su parte, adquiere el mismo valor. Cuando una persona se sitúa ante una masa de gente, su público se encontrará con una serie de movimientos corporales que se incorporarán al mensaje. De esta manera, un ponente que se mueva en exceso podría distraer a su audiencia con los gestos, perdiendo la atención hacia sus palabras; mientras que un ponente estático probablemente pierda la atención debido a la monotonía.

El tercer y último paso del método diseñado por Burgueño son las llamadas “3 joyas”: involucrar a la audiencia, utilizar apoyos visuales y persuadir. Con la primera de ellas, se crea un cambio en el foco de atención, bien a través de preguntas o de otras variables, pero siempre se debe tener cuidado con ello, pues una pregunta poco cuidada al comienzo puede resultar contraproducente. Lo mismo pasa con el uso de los apoyos visuales, no siempre es una buena opción escoger el uso de una presentación PowerPoint. Las imágenes ayudan a mantener la atención, pero el texto debería limitarse a un máximo de entre 2 y 6 líneas. La persuasión es el objetivo último de los grandes oradores y debe trabajarse desde todos los ángulos de una presentación.

Pero, antes de sumergirse en el método “Hablar en público 360º”, ¿qué significa ese 360º? En palabras de Lucas Burgueño, “una comunicación 360º es crear una sensación envolvente que consiga enganchar a todo el público durante todo el tiempo que dure el discurso.” Un propósito difícil de conseguir: siempre se mantendrá un porcentaje de gente que pierda el interés incluso antes de empezar. Pero no por ello se debe abandonar el propósito de conseguir una experiencia comunicacional 360º.

Ahora bien, ¿y si, pese a seguir todos esos pasos, “metes la pata de verdad”? Lo más importante, de acuerdo con el especialista, es “escucharte hablar y darte cuenta de tu error”. A partir de ahí, todo depende de cómo se reaccione. Si se normaliza el fallo y lo humanizamos, habitualmente el público reaccionará de la misma forma. Los problemas pueden surgir en aquellos casos en los que “se va tan rápido que el propio orador no se escucha, no se entera de lo que ha sucedido”.

Todos estos consejos y más se encuentran condensados en poco más de las 200 páginas que componen Hablar en público 360º, además de en la web, donde se incluyen vídeos que ejemplifican las diferentes situaciones, entre otras cosas, o los podcast donde el psicólogo profundiza en el tema. La publicación de Lucas Burgueño se encuentra ya a la venta en formato ebook y en formato de papel en la librería El Sueño de Pepa.

 

 

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