AINHOA DÍEZ RUIZ  |  Fotografía: Pixabay  |

Paul Auster dijo: “Escribir una comedia ayuda a poner las cosas en perspectiva. El mundo ha ido de tragedia en tragedia, de horror en horror, pero los seres humanos seguimos existiendo, enamorándonos y hallando alegría en la vida”.

Sin embargo, y a pesar de que las comedias se remontan a la época de la antigua Grecia, sigue en pie una pregunta: ¿Dónde está el límite entre tragedia y comedia?

Ante las polémicas que han surgido en los últimos años, el Instituto Quevedo de las Artes del Humor lanzó un comunicado titulado: “La tolerancia por bandera”. En él se defiende que el humor es útil e imprescindible para presentar con ironía las formalidades y correcciones, en ocasiones ridículas, de la sociedad. Apela a la necesidad de hacerlo de una forma burlona y sarcástica, aunque no siempre sea del agrado de todos. No obstante, recalca que el humor se presenta siempre “en espacios propios para su función”, advirtiendo así al público de lo que se va a encontrar.

Dentro del periodismo, también la línea ética del humor genera enfrentamientos. Periódicos satíricos como el Mundo Today o la Gallina Ilustrada han sido objeto muchas veces de debates y críticas. En una entrevista al Mundo Today se señala que, aunque criticar no es la razón de ser del periódico, si es necesario lo hacen. Sin embargo, su principal objetivo y criterio es hacer reír. De nuevo hacen referencia al contexto. Sus noticias y su humor se enmarcan en un contexto de ficción, por lo que las personas que leen ese periódico son conscientes de que no van a obtener noticias informativas, sino humor, sátira y crítica.

Es decir, el dónde, cuándo y quiénes participan en el chiste es una parte importante a tener en cuenta. En este punto coinciden la mayoría de humoristas. El contexto de la broma es vital para entender el chiste, una vez que lo sacas de contexto se da pie a malinterpretaciones y, entonces sí, a ofensas. Es el caso, por ejemplo, de la comediante Sarah Silverman, que hace monólogos sobre el Holocausto. Esto puede generar críticas e indignación hasta que descubres que ella es judía. Entra, por ello, dentro de una categoría considerada como “humor autodenigrante” que se encuentra dentro de los límites aceptables.

De hecho, muchos psicólogos consideran que el humor se utiliza en variadas ocasiones como mecanismo de autodefensa. Se utiliza tanto para superar miedos como para afrontar tragedias. Esa es una de las razones por las que el denominado “humor negro” acaba convirtiendo eventos catastróficos en objeto de chistes. Si bien es cierto que debe haberse establecido suficiente distancia respecto a los hechos. Por ello, también tiene bastante importancia el tiempo transcurrido desde que ocurrió el evento y se contó el chiste. Ya lo decía Mark Twain: “el humor es igual a tragedia más tiempo”.

También hay quienes señalan que el humor no debe tener límites, como el comediante David Broncano. Alegan que el humor es ficción, así como el terror y el drama, que tampoco tienen límites. Sin embargo, a pesar de que se pueda hacer humor de cualquier cosa, siempre hay una elección: hacerlo contra el fuerte o contra el débil. Muchos comediantes consideran que la elección debe ser siempre lanzarlo contra el poder.

Fontdevila, viñetista, cree que todo lo pasional puede llegar a convertirse en un tabú. “Los nacionalismos, el fútbol… La religión es el gran tabú porque se basa en creer sin cuestionar. Y cuestionar es justo lo que hace el humor”.

Por la misma línea se sitúa el Insituto Quevedo. Señala que de un tiempo a esta parte hay una polarizada propensión a la ofensa mediante el humor como elemento de crítica. También preocupa la amenaza de regresar a épocas pasadas por “la mano censuradora de lo políticamente correcto”. Identifica los límites del humor con los límites de la tolerancia. El humor es prueba de la libertad de expresión, fundamental concepto en una sociedad emancipada y democrática.

Todo ello lleva a plantearse que quizá no se puedan establecer límites universales al humor. Hay demasiadas variables, datos y opiniones a tener en cuenta que, además, acaban generando sus propios límites. La verdadera cuestión es aprender a distinguirlos.

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