Lo utópico no tiene por qué ser sinónimo de inalcanzable

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ALBA CARBAJAL ARIAS  | Fotografías: Alba Carbajal Arias

El silencio era palpable en el Aula Magna Lope de Rueda de la Facultad de Filosofía y Letras. Juan José Tamayo se sentaba en la silla que presidía la mesa de la sala de conferencias. En un aforo de 196 personas, la sala estaba casi llena para escuchar el análisis del conferenciante sobre las utopías, centradas en las obras de Tomás Moro y enmarcado dentro del programa cultural Los Jueves de Letras de la facultad.

En un primer momento de presentación, se dieron a conocer algunos datos sobre el ponente. Juan José Tamayo es un palentino teólogo licenciado por la Universidad Pontificia Comillas en 1971 y doctorado por la Universidad de Salamanca en 1976. Se diplomó en Ciencias Sociales por el instituto de León XIII en 1972. En 1983 se licenció en Filosofía y Letras, doctorándose en la misma en 1990 por la Universidad Autónoma de Madrid. Es autor de cerca de 60 libros, muchos de ellos traducidos a varios idiomas. En esta conferencia, centró su atención en su libro “Invitación a la utopía”, una reflexión sobre una utopía considerada en tiempos de crisis.

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La utopía supone ir ascendiendo por una cuesta con el aire de frente que te dificulta llegar a la meta, pero al mismo tiempo lleva varias décadas sufriendo un destierro en diversos campos, incluida la vida cotidiana”, explicó Tamayo al abrir la ponencia. La utopía está en tiempo de crisis, el destierro de la misma está vigente desde el ámbito de la propia educación. A menudo desde que somos pequeños, escuchamos cosas como: “ten los pies en la tierra”, “no te hagas castillos en el aire”. Algo tan sencillo como eso, ya suponía cortarte las alas con respecto a diversos proyectos que pudieras tener en mente. Proyectos que podían ser grandes ideas pero que nunca te dejaron desarrollar porque fueron consideradas como imposibles.

Según Tamayo, estamos frente a un maltrato semántico de la utopía, pues esta palabra es de las peor tratadas en su definición. Hay  diccionarios como el de María Moliner, que definen la utopía como algo irrealizable; otros como el de la RAE, tienen una definición más acertada al definir “utopía” como: “Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización”. En estas horas bajas en las que vive la utopía, hay un contrapunto: el despertar de los movimientos populares que son ahora los portadores de utopía: movimientos feministas, pacifistas, ecologistas, foros sociales mundiales.

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En el momento que formulas una teoría calificada como utópica, te dicen que es algo irrealizable e idealizado cuando no debería de ser así. Lo utópico puede ser difícil pero no imposible. En el momento en el que se relaciona con irrealizable, cortan los resquicios de esperanza que suponen que dicho proyecto se lleve a cabo. “Utopía” de Tomas Moro se sitúa dentro del contexto de las utopías renacentistas. En una época en la que pasa del teocentrismo al antropocentrismo, las utopías pasan a corresponderle ahora al ser humano y no a Dios. Las utopías del renacimiento van a ver a la propiedad privada como base de todos los males.

El modelo utópico de la vida en que se basan estas utopías, está fundamentado en la filosofía y la razón humana. La utopías del renacimiento nacen en la situación conflictiva de la economía feudal en una primera industrialización. En el análisis de la utopía de Tomas Moro, Tamayo nos explica que él no es creador de este genero literario pues su origen se remonta a la Grecia antigua, pero va a ser referente para otras utopías. Moro no es una figura utópica en su vida, fue un jurista, además de  humanista, que se incorporó a la vida política. En 1515, diseña el libro “Utopía”. A final de año escribe el segundo libro, que es realmente utópico pues define la vida de la isla Utopía, una sociedad completamente idealizada y conjunta con la naturaleza. Hay quien la define como una fábula marinera. El primer libro, es un diálogo que gira principalmente en torno a cuestiones filosóficas, políticas y económicas en la Inglaterra contemporánea al autor. Sin embargo, puede ser considerado una distopía. Se publica una primera edición en 1516 pero fue un desastre y tuvo varios errores debido a fallos de revisión que molestaron a su autor, entonces se publica otra en 1517.

En España se publicó pero no de forma íntegra, ya que tuvo muchas limitaciones. La traducción que hace de la definición de utopía, es la de “aquello que no tiene lugar”, una interesante definición para esta palabra. Esta obra surge en un viaje del autor a Amberes. Un día al salir de la iglesia le presentan a una persona que había abandonado su casa y sus bienes y se había embarcado en las expediciones de Americo Vespucio y deciden ir a la casa donde residía Tomas Moro y tienen un dialogo sobre los dos libros que va a escribir posteriormente. Esta persona les describe la vida en esta isla “Utopía”, en la que los utopienses vivían de acuerdo a la naturaleza sin propiedad privada ni dinero ni bienes ni leyes. Tomas Moro hace una critica a la filosofía escolástica a la que califica como anacrónica, inútil y mero entretenimiento, además de la critica que hace a la propiedad privada a la que consideran base de todos los males.

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Como ya hemos dicho, es segundo libro de Tomás Moro es un contrapunto del primero. Describe la isla utopía como sociedad ideal, una sociedad urbanizada con 50 ciudades estado con un sistema patriarcal de democracia parlamentaria. Su economía tiene como base la agricultura y la estructura social se basa en la familia. Se caracteriza por la supresión de la propiedad privada y la puesta en común de todos los bienes. Se exige creer en una serie de verdades: la inmortalidad del alma, la providencia de Dios sobre el mundo y los premios y castigos después de la muerte, lo que refleja una cierta contradicción con la libertad religiosa. En “Utopía” se abordan cuestiones con cierta actualidad, como el respeto a los animales (la religión de los utopienses estaba en contra del sacrificio de animales), la aceptación de la eutanasia aunque con la condición de que tiene que ser aprobada por sacerdotes y magistrados, el consentimiento del divorcio, la defensa del sacerdocio de las mujeres y el consentimiento del matrimonio de los sacerdotes. Se plantea además algo que ya había sugerido en su día Platón: “¿Deben gobernar los filósofos?”. Moro afirma que deben gobernar, pero en la obra Hitlodeo dice que no pues los gobernantes están cerrados por la envidia y los prejuicios y la riqueza está repartida de forma desigual. Entonces si el filosofo está a disposición del rey, se ve obligado a rechazar sus propias ideas. De esta forma, este libro es un tratado de filosofía moral, con dos bases: la justicia y la equidad.

Concluye la conferencia planteando la necesidad de rehabilitar la utopía, pero de manera critica. Un utopía con valores éticos, que no puede contraponerse a la razón. Pues la razón no puede vivir sin la esperanza y la esperanza no puede hablar sin la razón.

Hay que cambiar la forma de pensar, pensar y vivir más utópicamente, ir más allá de los hechos y de lo dado…”, reflexiona Tamayo, “yo creo que hay que traspasar los limites de lo posible”.

 

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