JUDITH MALLOL MONTERO  |  Fotografía: Irene Herrero  |

Carmen Sarmiento, Rosa María Calaf y Elena Martí. Tres de los nombres más sonados de la televisión de finales del siglo pasado. Tres mujeres, cada una con su historia y trayectoria periodística, pero todas ellas Pioneras. Al menos así es como se reunió a las profesionales de los medios audiovisuales que acudieron a la Facultad de Filosofía y Letras de la UVa el pasado lunes 25 de abril para atender una mesa redonda.

Minutos antes del acto, Sarmiento, Calaf y Martí estuvieron dispuestas a dedicar un espacio de su tiempo a hablar de sus orígenes en la televisión. Así, a la pregunta “¿En qué momento y cómo surge la idea de empezar una carrera en televisión?” las tres coincidieron en la casualidad y la oportunidad. En el caso de Carmen Sarmiento, la oportunidad le fue brindada mientras hacía unas prácticas, “Estaba haciendo prácticas, entonces allí un buen compañero me dijo que quizá podría tener un hueco en televisión. Y entré como se entraba entonces en televisión, a dedo.” La historia de Martí no difiere mucho de la anterior, puesto que a ella también le propusieron realizar la prueba mientras trabajaba en otro medio, en su caso, en la Agencia EFE.

Sin embargo, aunque también cuenta con el componente de la oportunidad y casualidad, Calaf muestra una historia diferente. Rosa María Calaf estaba estudiando Derecho, con intenciones de realizar una carrera diplomática en asuntos internacionales, cuando “empezó la escuela de periodismo en Barcelona, y empecé también, y un compañero que estaba en Derecho conmigo, pero que también estaba en la radio, Ricardo Fernandez Deu, me dijo ‘¿no te gustaría hacer una prueba para radio primero y tal?’ Y la hice y empecé a pensar que eso me gustaba y seguí, terminé Derecho… y seguía con mi idea de la carrera diplomática, pero cada vez me di cuenta de que yo lo quería hacer, lo iba a poder ejercer mejor, más libremente como periodista que como diplomática, que era muy rígido y muy jerárquico y bastante horrible en aquel momento.”

Todas mencionaron una prueba, lo que hizo que se dieran cuenta de las diferencias entre unas y otras. Las pruebas, pese a lo esperado, no estaban preparadas. O, por lo menos, no avisaron a las periodistas antes de realizarlas. Para Calaf fue una completa sorpresa ser llamada a realizar una entrevista a un par de grupos de jazz, puesto que ella era la única periodista en la redacción que podía realizar una entrevista en esos idiomas después de que los traductores con los que contaban no pudiesen acudir al encuentro. “De hecho fue antes de la prueba, fue casual, estaba en la radio. Entonces en Barcelona,en los estudios,s hacía un programa de jazz a nivel nacional y en un momento determinado fallaron los traductores. Tenían un grupo francés y un grupo inglés, y no había nadie que hablara inglés o francés y me llamaron para hacer la entrevista a estos grupos. Y la hice. Y cuando terminé me dijeron que había quedado bien y tal… y me preguntaron, ‘oye, ¿quieres hacer una prueba para televisión?’ E hice la prueba. Me preguntaron por qué quería hacer televisión, la importancia de los medios… y luego qué quería hacer en televisión. Y dije querer que se difundieran de una vez programas femeninos, temas de interés para las mujeres, temas de interés para los hombres y que yo creía que tenía que haber una televisión trasversal. Y cuando salí pensé que no me iban a coger, pero resulta que sí que me cogieron, o sea que fue casual.”

A Sarmiento, sin embargo, la llamó Pedro Erquicia para que bajase a la televisión a hacer la prueba. “Yo recuerdo que estaba en la redacción del telediario, y de pronto Pedro Erquicia me dijo ‘baja al estudio’, sin decirme a qué. Me puso delante una cámara y me dijo ‘habla’ y yo pues empecé a hablar como hablaba en mi casa y cuando terminó la prueba me dijo ‘un poco chuleta madrileña, pero bueno, no está mal, puedes estar delante de una cámara’ y así empezó todo.”

Elena Martí, una vez más, concuerda con el caso de Sarmiento. A ella también la llamaron al estudio, pero en su caso le pidieron simular una entrevista. Le dijeron “hazle una entrevista a fulanito como si fuera menganito.” Ante lo que Sarmiento confiesa que a”te desenvuelves como puedes, te dan el visto bueno y adelante.”

La época en la que empezaron en televisión fue de todo menos fácil. En la década de los 70, en plena Transición democrática, el panorama de los medios de comunicación estaba dominado por hombres, como también lo estaban los demás. La entrada de mujeres a la Radio Televisión Española, sin embargo, no fue tan compleja como cabría esperar. “Personalmente, empecé haciendo todo lo que me mandaban y, en cuanto pude escoger, en cuanto me dieron la oportunidad de escoger, me incliné hacia la política internacional – entre otras cosas porque era donde más posibilidades de expresión había, porque en la política nacional estaba todo muy reglado y poco expansivo –. Así que me dedique a la política internacional por gusto, y también por un afán de amplitud de miras y libertad” , declara Martí aludiendo a la falta de obstáculos en su carrera como periodista internacional. No es el caso de Sarmiento, quién sí que sufrió las objeciones de su entorno y sus superiores cuando quiso dedicarse a la corresponsalía de guerra. “Bueno las dificultades… en mi caso concreto, yo quería hacer información internacional e información de guerra. Desde luego no se les pasaba por la cabeza cómo una mujer iba a ir a un frente de guerra. Entonces hubo un directivo que no entendía cómo iban a mandarme a mí, una mujer, a la guerra (…) y no conseguí que me mandara. Pero a partir de ahí luché para, en pie de igualdad, poder hacer el mismo tipo de información que mis compañeros hombres. No porque me gusten las guerras, que las detesto, sino por poder hacer lo mismo que hacían ellos.”

Calaf coincide con Sarmiento. Su vocación era periodismo internacional desde el principio, y, aún así, tuvo que luchar para conseguir que la permitiesen cubrir esas informaciones, especialmente cuando ella se dedicaba a hacer informaciones para magazines televisivos. “Yo empecé en el magazine y en todo tipo de temas, pero desde el principio yo había querido hacer carrera diplomática, era obvio que mi vocación era internacional, salir fuera. Entonces fue tener que pelear centímetro a centímetro, que no era nada fácil porque no se suponía que debiese hacer eso. Era una permanente discusión y lucha para poder hacer los temas que querías hacer.” Pese a ello, Rosa María Calaf concluye alegando que nunca encontró un rechazo frontal por el hecho de ser mujer. “Yo siempre diré que no encontré un rechazo frontal, o sea que tenías que ir vilmente… Una compañera de la BBC siempre me decía lo mismo, que la pelea para las mujeres entonces, y todavía de cierto modo ahora, era en la redacción la primera para salir a cubrir situaciones de conflicto o lo que fuera, la primera batalla era en la redacción.”

Pese a todo ello y a los obstáculos para algunas más grandes que para otras, las tres se han convertido en auténticas pioneras en la profesión periodista. Siendo ejemplo en la actualidad de un periodismo que parece haber desaparecido de las redacciones por la inmediatez y ansiedad de las informaciones.

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