NOEMÍ FERRERO AVEDILLO  |  Fotografía: Pixabay  |

Thomas Carlyle, filósofo y escritor escocés, atribuyó el término ‘Cuarto Poder’ al político anglo-irlandés Edmund Burke. Y afirmó que el poder más importante, a parte de los tres poderes de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, era el que se sentaba en el cuarto espacio de los escaños: la prensa.

Según la encuesta de Ipsos Global Advisor que analiza el auge del fenómeno de las fake news: ‘El 57% de los españoles admite haber creído alguna vez como verdadera la información de una fake new‘. Dichos datos comprueban que una parte de la población no verifica de manera adecuada las difusiones de WhatsApp o imágenes falsas que corren como la pólvora por las redes sociales.

De este fenómeno surge Maldita, un proyecto periodístico independiente cuyo fin es analizar los mensajes aplicando técnicas del periodismo de datos para su verificación. Maldita Migración es una de sus ramas que lucha junto con Oxfam Intermón contra los bulos cuyas víctimas principales son los inmigrantes y refugiados.

Ejemplo de noticia falsa contrastada por Maldita Migración.

Clara Jiménez, cofundadora de Maldita, explica que no hay una diferencia entre fake news y desinformación. Simplemente fake news es un término que los expertos en materia no recomiendan utilizar ya que no engloba todo. La desinformación va mucho más allá, son memes, imágenes, audios, etc. Según Jiménez, ‘antes desinformaba el poder, quien tenía capacidad para hacerlo, ya fueran las élites económicas o los gobiernos. Ahora cualquiera puede desinformar con las páginas para bulos o bromas’. Esto significa que cada vez es más fácil y, por lo tanto, más peligroso.

Maldita Migración ha encontrado tres razones por las que se crean las falsas noticias. La primera es para saber hasta dónde pueden llegar con esa mentira. La segunda, por las retribuciones económicas o también llamado clickbait. Y, por último, la ideológica, cuyo fin es distorsionar la realidad para crear una determinada opinión que favorezca unas ideas determinadas.

Pero ante esto, ¿habría que legislar la desinformación? Lo primero de todo es distinguir que hay una línea excesivamente delgada entre la legislación antibulos y la censura. No se conoce lo suficiente este fenómeno, por lo que hay que seguir estudiándolo para que algún día se pueda legislar adecuadamente, tal y como explica Jiménez.

Mientras tanto, existen muchas herramientas para que cada uno pueda verificar si es cierta la noticia que le llega a su móvil. El principal consejo es que si no cuadra una información o solo se trata en una página: no compartirlo.

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