La crisis de los suplementos culturales

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CELIA GALLEGO ALEJANDRO  |  Fotografía: Pixabay  |

Arte, cultura y letras que viajan en megabytes por segundo, la sociedad de la inmediatez, de lo rápido y banal. Hoy las obras de arte se descubren en twitter, los libros se leen en ebook y las columnas de opinión en el iPad. Hace noventa y cinco años nacía el suplemento cultural, Revista de Occidente, de la mano de Ortega y Gasset. Fue todo un referente en el arte nacional, una revista leída por muchos -más que muchos- donde se hablaba de las corrientes más innovadoras de pensamiento y creación artística. Hoy en día pocos sabrían decir con exactitud qué fue Revista de Occidente.

Muchos afirman con plena rotundidad que el papel ha muerto, con tanta fuerza como cuando Nietzsche escribía El Anticristo. Y en cierta medida no se alejan de la realidad, pero vaticinan un hecho que todavía puede revertirse. Sería de incautos ignorar la gran crisis económica en la que se ha visto envuelta España y la que, con ella, arrastró la vida de muchos suplementos culturales, periódicos, librerías y cultura.

Pero por su parte, hace pocos años y en medio del caos vivido en cuanto al periodismo se refiere aparecía una revista que soñaba con nacer en papel. Un medio que destacaba por su estética en blanco y negro, apostando por los largos reportajes y las caras conocidas. JotDown Magazine nacía en internet, en la era de los ordenadores con un objetivo claro, llegar a ser publicada en papel. Y así es hoy, como suplemento cultural de El País.

Babelia, también perteneciente a El País surgió durante la transición española para dar voz a los libros, para hablar de los universos que nacen en nuestras cabezas al leer, para iluminar la cultura. Hoy en día cada suplemento, aunque tenga su versión en papel ha sufrido la evolución a la inmediatez. El papel se queda en aquellos números especiales y de una extrema calidad para aquellos que coleccionen.

Cada sábado con el ABC llega ABCD las artes y las letras. Considerado el mejor suplemento cultural de España en la actualidad, con un diseño elegante destaca por su sección de críticos Fernando Castro Flórez, Jaime Siles, Juan Manuel de Prada. Y una vez más vuelve la misma pregunta que ronda la cabeza de muchos periodistas, ¿quién compra realmente los suplementos? La misma pregunta que se formula aquel que distribuye los periódicos cada mañana.

Hemos entrado en un bucle del que será complicado salir, si es que se tiene éxito. Volver a comprar papel, volver a querer leer papel. Los suplementos culturales se han visto obligados a ser atractivos a cualquier precio, a tener titulares con gancho y una entradilla que atrape hasta al analfabeto. Pocos leen más allá del titular, pocos leen con atención un reportaje hablando de por qué el nuevo libro de Laura Gallego es una delicia. Hoy en día hay quien asegura que le cuesta leer un libro de más de cien páginas, y quien le duele tener que leer tweets de más de ciento cuarenta caracteres.

La cultura es un medio para entender la humanidad, es la vía de conocimiento para comprender por qué la sociedad funciona de una determinada manera y los suplementos culturales hacen una grandísima labor por no perder el conocimiento hacia lo que nos rodea. Ahora la pelota está en el campo del lector, de desapegarse de la era de la inmediatez y sentarse más de cinco minutos a leer.

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