JACOBO HERRERO | Fotografía: Pixabay  |

La revista satírica ha vuelto a sentarse en el banquillo de los acusados, esta vez por la publicación de un artículo que ironiza sobre la Policía Nacional y su presunto consumo de cocaína durante el 1-O.

De nada sirvió el comunicado emitido por la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) en el que mostraba su total rechazo a la imputación de la revista humorística El Jueves, acusada de un presunto delito de injurias por la publicación de varios contenidos satíricos que ironizaban sobre el supuesto consumo de cocaína por parte de la Policía Nacional durante su papel en el 1-O. El director de la ya tan controvertida publicación irónica y autor la pieza, Guillermo Martínez Vela, se vio obligado el 9 de noviembre a declarar ante el juzgado de instrucción número 20 de Barcelona, poniendo punto y aparte a un nuevo capítulo de humor versus censura.

El artículo culpable de destapar dicho conflicto bromeaba sobre un posible uso de estupefacientes por parte de los policías antidisturbios desplazados a Cataluña el 1 de octubre. El título de la noticia era el siguiente: “La continua presencia de antidisturbios acaba con las reservas de cocaína en Catalunya”. El texto incluía además declaraciones ficticias como las siguientes: “Por favor, solo queremos unos gramos para pasar el rato. Esto no se calma y habrá que salir a repartir en breve”; palabras que no tardaron en crear un gran malestar dentro del sector policial.

Así las cosas, el pasado 11 de octubre, las organizaciones sindicales representativas en la Policía Nacional anunciaron la interposición de una denuncia por un presunto delito de injurias, situación que motivó la respuesta inmediata de la PDLI al considerar que dicha denuncia era infundada, pues trataba “contenidos claramente humorísticos, que se encuentran amparados por la libertad de crítica”, tal y como explicó el director legal la plataforma, Carlos Sánchez Almeida.

El propio Carlos Sánchez recordó, en su comunicado, cómo la sentencia de la Audiencia de Barcelona en el año 2006 determinó la absolución del recientemente excolumnista del diario La Vanguardia, Gregorio Morán, señalado por insultar al artista “Farruquito” en su artículo de opinión. En aquel caso, el tribunal determinó que “la forma y el momento en que se vertieron los insultos determinaban una cierta tolerancia social”, argumento que podría ser extrapolable al caso de El Jueves.

Por si fuera poco, el jurista de la organización y experto en derecho internacional sobre la libertad de expresión, Joan Barata, también quiso pronunciarse y confirmó que “no puede considerarse como un ataque o una atribución seria lo que es un mero chiste”. Además, explicaba Joan, “es importante tener en cuenta que la Policía es un colectivo amplísimo, cuya reputación no sólo depende de un comentario de una revista satírica, sino de muchísimos y más importantes factores”.

La reacción no fue la misma en todos los sectores. De hecho, algunos periódicos decidieron mostrar su apoyo a las fuerzas de seguridad del Estado y publicaron titulares más contundentes con un claro tono crítico, véase el ejemplo de La Gaceta. es que, en su sección “España”, incluyó el siguiente artículo: “La policía responde al repugnante ataque de El Jueves”.

Por su parte, los profesionales de Revista Mongolia, de corte irónico, se posicionaron a favor de sus compañeros del gremio e incendiaron aún más el debate sobre los límites de la comedia, a día de hoy más vivo que nunca. Por eso, lejos de ver línea de meta a esta difícil cuestión, se espera que la situación se repita, visto el expediente de anteriores sucesos. El acontecimiento echa más leña al fuego sobre un asunto, el de las barreras del humor, que no consigue tender puentes de entendimiento.

Bajo la lupa desde el principio

No es la primera vez que la revista El Jueves se ve envuelto en polémica. La más reciente tuvo lugar a raíz de la portada que ironizaba sobre el caso Noos y la infanta Cristina y que obligó al abogado de la hija del rey Juan Carlos I, Pau Molins, a pronunciarse. Este último aseguró que iba a recomendar a su cliente interponer una demanda contra el semanario. Aun así, el enfrentamiento no pasó de la mera amenaza.

Sin embargo, desde su nacimiento, El Jueves, la revista satírica que sale los miércoles, según su lema, ha estado siempre en el punto de mira. Prueba de ello es que su primer número, el del año 1977, fue eliminado por considerarse una “ofensa a la patria”. Poco después, en el mismo año, y motivo de la visita del Papa Pablo VI, volvió a repetirse la escena y la revista fue, una vez más, objeto de censura, en esta ocasión por cargar contra la Iglesia Católica.

Quizás los casos más sonados hayan sido los enfrentamientos con la Casa RealEn julio de 2007, una caricatura de los por aquel entonces Príncipes de Asturias desató un enorme conflicto. El resultado: La Audiencia Nacional permito el secuestro de publicaciones, lo que se tradujo en policías recorriendo los quioscos del país para cumplir la orden encomendada.

Ya en 2014, con la abdicación del Juan Carlos, la revista publicó una imagen del monarca con una pinza en la nariz colocándole una corona sucia y llena de moscas al Príncipe Felipe. En aquella ocasión, una orden directa del grupo editorial RBA, al que pertenece el semanario, generó el cambio de portada y la destrucción de más de 60.000 ejemplares. Como consecuencia, uno de los míticos directores de la publicación, Albert Monteys, junto con 18 trabajadores,  decidió dimitir y formar por su parte un cómic irónico denominado “Orgullo y Satisfacción”.

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