Juan Cruz: “Un cronista es el que cuenta mundos”

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JUDITH MALLOL MONTERO  |  Fotografía: Irene Herrero  |

Juan Cruz es cofundador del periódico El País y escritor de varias publicaciones, entre otros muchos méritos cosechados por este periodista y cronista. Por ello, ha sido el protagonista de la décimo tercera edición de “Cronistas del siglo XXI”. En un entrevista anterior al acto, Cruz habló de lo que significa ser cronista en las diferentes épocas históricas, así como del periódico en el que, aún hoy, sigue publicando.

¿Qué diferencia, en su opinión, a un cronista de un periodista especializado en cualquier otra área?

Un cronista es alguien que ve pasar las cosas y las atrapa. Escucha contar y él cuenta lo que ha escuchado contar. No es un reportero porque éste tiene que estar contrastando mundos, mientras que el cronista cuenta el mundo que ve. Por ejemplo, estos días en El País, Pablo Ordaz hace la crónica del Juicio del Procés, y se fijó en una cosa: el silencio que hay en la sala. Un cronista busca símbolos para contar mundos.

¿Qué características especiales diferencian a un cronista del siglo XXI de uno del siglo XX o anteriores?

El siglo XXI tiene elementos novedosos, instrumentos muy específicos que tienen que ver con las redes sociales, con todo lo que es la parafernalia de Internet. Pero en la esencia, el periodismo, desde la Biblia, es contar. Como dice Eugenio Scalfari, cofundador y primer director del periódico italiano La Repubblica, “el periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Esa es la esencia del periodismo, siempre. El cronista es el cronista de sucesos, el cronista de Indias, el cronista de lo que ocurre; el cronista es aquel que cuenta cómo pasa el tiempo, es un hombre que mide el tiempo de los otros y lo va contando. Un cronista es Gay Talese, Manuel Jabois o Carlos del amor; un cronista es el que cuenta mundos con instrumentos contemporáneos de cada tiempo, ese es el cronista. Al fin y al cabo, cronista viene de cronos, contar el tiempo.

¿Qué es lo que más le gusta de esta especialidad del periodismo?

De la crónica, la frescura, la sorpresa. Cuando vas a hacer una crónica no tienes, ni le das a la gente una conclusión, sino que vas narrando el mundo. Para mí es la esencia del oficio. Yo ahora he vuelto a hacer crónica, los sábados publico unas crónicas en las últimas páginas de El País, cuyo título es La vida por aquí: lo que quiero contar es la vida, no la política ni grandilocuencias, sino latidos de la vida.

¿Qué es lo que caracteriza a una buena crónica?

Una buena crónica es aquella que resume el espíritu del mundo, sea el que sea: el mundo cotidiano, el mundo de lo que acaba de ocurrir, etc. Voy  a hacer una crónica sobre cuál es la situación de los ambulatorios. Entonces no sé lo que voy a obtener de ahí, pero mi propósito es contarle a la gente lo que le pasa a la gente.

¿En qué medida la situación política y social repercute en la forma de hacer periodismo actualmente?

De manera radical. La política es un instrumento para cambiar la sociedad, para generar una nueva, entonces todo lo que pasa en ese ambiente político incide en la educación, la cultura, la sanidad… En la vida cotidiana. El periodismo es un espejo al borde del camino por el que transita la sociedad.

¿Cómo cree que las nuevas tecnologías afectan a la elaboración de nuevas crónicas?

Determinantemente. Ahora todo está mediatizado por la rapidez. Yo trato de detener el tiempo, fijarme en algo concreto. Hablar con las personas. No aspiro a reflejar la prisa de las nuevas tecnologías, sino que quiero escuchar a la gente, y eso es una ambición muy difícil de alcanzar: todo es rabiosamente rápido.

¿Cree que los nuevos formatos periodísticos se adaptan mejor a las necesidades informativas actuales?

No. Yo creo que ahora hay un exceso de velocidad. Yo creo que el periodista tiene que detener el tiempo, contarlo. La función del periodista es contarlo, no ser igual de veloz que lo que ocurre. Hay una frase, un verso de Espronceda, que dice “párate, oh sol, yo te saludo”. Y yo creo que hay que parar para poder contar.

¿Cómo cree que se adaptan las nuevas formas narrativas como el storytelling al periodismo?

Cuando oigas “nuevas” respecto al periodismo, sospecha. En periodismo nada es nuevo, porque lo que cuenta el periodismo es la vida, y la vida solo se parece a la vida entendida como el tránsito enorme de la Historia, y siempre las guerras, las muertes, los nacimientos, etc. serán iguales a como fueron. Para saber narrar también es importante haber leído, haber vivido, haber contrastado, y eso siempre ha sido lo mismo.

Cambiando de tema, me gustaría hacerle unas preguntas sobre el periódico El País del que usted fue cofundador. En primer lugar, ¿cómo diría que fue fundar el periódico El País en un contexto en el que la prensa había estado, hasta ese momento, bajo el control de la dictadura?

El periódico pidió permiso para salir mientras estaba el Régimen, pero no lo concedieron, y de manera milagrosa, no fue fundado durante el Régimen. Nació para dar testimonio de un tiempo nuevo que venía a España. Primeros colaboradores de El País fueron Dolores Ibarruri, Rafael Alberti y María Zambrano, y también José Luis López Aranguren o Pedro Laín, que venían de la época franquista, aunque ellos habían dejado ese mundo. Y para el periódico fue una bendición esta coincidencia cronológica. Que muriera Franco estaba previsto, pero que el periódico no saliera en el tiempo de Franco fue una coincidencia, porque si en lugar de guardar el expediente para autorizarlo después de la muerte de Franco le hubieran dado a El País el permiso cuando lo pidió, habría sido un periódico nacido durante el franquismo. Tuvo la suerte de nacer justo después.

¿Cómo se ha vivido la evolución del periódico El País desde dentro?

Cuando uno ve las cosas desde dentro, no las ve objetivamente. Mucha gente tiene mitificado El País, y es lógico porque fue un periódico que ayudó en un periodo fantástico de la Historia de España, la Transición. Pero nosotros estábamos ahí dentro, nosotros veíamos lo que hacíamos, estábamos viviendo la evolución de la sociedad, al tiempo que veíamos cómo el periódico la abordaba. Creo que había más mito acerca de El País fuera que dentro, pero eso es lógico, porque nosotros estábamos haciéndolo, estábamos viviendo esa mitología, y para nosotros no era mitología, era trabajo.

¿Cuál es su opinión acerca de la situación actual del periódico, sobre aquello en lo que se ha convertido?

El periódico ha tenido muchas épocas, y creo que la actual refleja muy bien una combinación de todas ellas. Su directora actual (Soledad Gallego-Díaz) que ya fue directora adjunta en la última etapa de Cebrián, la empresa le propuso ser directora en un momento determinado, y ella ha venido a conectar El País clásico con El País moderno, el de Internet. Este es un tiempo en el que, desde mi punto de vista, el periódico vuelve a parecerse a su raíz.

¿Cómo se vive desde dentro la actitud del público hacia El País?

Ahora el periódico tiene una relación más habitual con el lector. Las cartas al director son más amplias, y el defensor del lector está más relacionado con él. También hay una campaña, ¿Y tú qué piensas?, que trata de juntar al lector de El País con medio. Yo creo que, en la actualidad, hay una mayor relación con el lector que la que había en tiempos recientes cuando, por ejemplo, las cartas al director eran más breves, y la relación era menos habitual con el público. De hecho, por razones diversas, el lector de El País clásico sintió que el diario no estaba reflejando el espíritu de lo que fue y eso creó una enorme controversia tanto exterior como interior. En mi opinión, en este momento, la relación del periódico con sus lectores incluye de una manera o de otra las distintas épocas de lo que ha sido El País. Yo creo que esta nueva relación más estrecha es positiva, creo que Soledad Gallego-Díaz ha llegado a relacionarse mejor con las distintas etapas de El País, y es un buen momento.

¿Cree que el panorama político español continua de forma evidente la línea editorial tan marcada como hace unos años en El País?

Yo creo que El País es un periódico libre de prejuicios, que quiere contar lo que le sucede a la sociedad. Tiene una opinión serena, desde mi punto de vista, sobre el momento actual, que es un momento muy difícil. Es un periódico que tiene que ser una expresión del equilibrio al que aspiró cuando fue creado.

Una última reflexión: en base a su opinión como periodista e historiador, ¿cuál cree que es la relación entre la Historia y el periodismo?

Son lo mismo. El periodismo es la Historia haciéndose, y la Historia es el periodismo ya hecho.