Rosa Luz Bellido Pla: “Hay que diseñar para todo el mundo”

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AITANA BRUSA SAFIGUEROA  |  Fotografía: Aitana Brusa

“El patrimonio cultural tiene que ser accesible para todo el mundo”. Este fue el punto de partida de la ponencia impartida por la profesora de Arquitectura de la Universidad de Valladolid (UVa), Rosa Luz Bellido Pla en la primera conferencia de la tercera jornada del Curso Básico sobre Accesibilidad con Seguridad al Medio Físico impartido en el Salón de Grados de la E.T.S. de Arquitectura de la UVa. La arquitectura, según la conferenciante, lejos de ser un impedimento ha de ser una herramienta que haga posible y facilite esta accesibilidad. En este sentido, esta charla está orientada hacia las personas que tienen algún tipo de discapacidad, ya sea física, sensorial, psíquica o metal, y cómo todos ellos tienen que contar con las mismas posibilidades de disfrutar del patrimonio, que las personas que no tienen.

Bellido explicó también durante su ponencia que hay distintos tipos de patrimonio y aunque su charla se centró en la arquitectura, aseguró que  las procesiones religiosas, la comida o los distintos espacios naturales del territorio son también una parte importante del patrimonio de un país. Igualmente, aseguró que cualquier persona debería poder visitar cualquier tipo de espacios de herencia cultural, indiferentemente de sus limitaciones. Aquí, precisó, es cuando la arquitectura entra en juego y cobra una gran importancia, debido a la función que debe prestar de eliminación de barreras de entorno físico. Bellido aseguró que “la arquitectura tiene que facilitar la accesibilidad” a los distintos lugares declarados Patrimonio Cultural, en concreto, adaptando el medio a las necesidades de las personas con capacidades distintas para poder llegar hasta él. Así, el patrimonio cultural, debe ser accesible para todas las personas y, por ello, los lugares se están ya equipando con distintas herramientas que lo hacen posible, como rampas, barandillas, aseos adaptados o ascensores.

Como toda medida, no está exenta de polémica ya que, como la propia profesora señaló, “es muy difícil mantener el equilibrio entre mejorar la accesibilidad y mantener el patrimonio”, y es que ¿dónde está la línea que separa la adaptación del destrozo? La propia preservación del patrimonio puede impedir que estos espacios se adapten a las distintas capacidades de las personas. Desde el pomo redondo y poco ergonómico de la puerta de la sala, con el que bromeó Bellido, hasta la ciudad de Toledo, lugar histórico y arqueológico: la accesibilidad lo inunda todo. A través de estos dos ejemplos, la conferenciante explicó que a primera vista pueden parecer que no tienen nada en común pero que en realidad albergan grandes similitudes, ya que ambos necesitan adaptaciones para que todos hagamos uso, en el caso del pomo, o disfrutemos, en el caso de Toledo.

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“No hay que derribar barreras arquitectónicas: hay que construir prescindiendo de ellas”


Bellido aseguró que, desde la arquitectura, “hay que diseñar para todo el mundo”, ya que la cultura y su patrimonio es un bien de todos y un derecho común. “Existe la necesidad de que todos participemos del patrimonio cultural y que éste se utilice”, apuntó. Este conjunto de bienes de valor cultural es lo que se transmite de una generación a sus sucesores, y la que lo recibe tiene la obligación de preservarlo y mejorarlo. Por eso, Bellido aseguró la arquitectura debe hacer esta tarea más sencilla. “No hay que derribar barreras arquitectónicas: hay que construir prescindiendo de ellas”. De esta forma, si desde un primer momento se diseñase en función a una accesibilidad común y para todos, no habría necesidad de hacer una segunda inversión en adaptar esta obra arquitectónica para cumplir la normativa, de ahí la importancia de que esta condición sea un “factor primordial” en cualquier construcción.

En este sentido, recordó que la Junta de Castilla y León cuenta con diversos libros y guías, así como conferencias, charlas y distintos actos que ayudan a comprender y acercan al tema de la accesibilidad. Un tema que comienza a cobrar la importancia que merece y que se adapta a los nuevos tiempos con aplicaciones que permiten saber que lugares son accesibles según las necesidades de cada usuario y visitante, y cuales no. Es, en definitiva, es una cuestión de empatía, de que todos puedan gozar de las mismas oportunidades sin que importe cuales sean sus características motrices o mentales.

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