JACQUELINE SIÓN CEÑERA  |  Fotografía: Pixabay y Jacqueline Sión |

“Hay pocas cosas más solitarias que escribir un libro”, decía Martín Caparrós al inaugurar su Taller de Libros Periodísticos. Y es que siempre podrás solicitar ayuda, pero al final te enfrentarás solo a la hoja en blanco, y no hay cosa más frustrante que estar bloqueado frente al papel sin saber qué escribir. Sentir miedo, angustia, o incluso ira, no es extraño, pues plasmar las mejores ideas sobre el folio no es tarea fácil. Requiere de gran esfuerzo y concentración pensar en un determinado concepto y desarrollarlo. Encontrar el alma de la historia es importante, pero primero hay que tener en mente diferentes elementos que, entrelazados, den lugar a un texto con sentido.

El periodista y escritor argentino, Martín Caparrós, ha sido el responsable de dirigir por cuarto año el Taller de Libros Periodísticos, organizado por la FNPI-Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo iberoamericano y la Fundación Tomás Eloy Martínez. La actividad fue llevada a cabo en Oaxaca (México), donde nueve periodistas iberoamericanos se reunieron durante cinco días llegados de Nicaragua (Fabián Medina), Perú (Joseph Zárate), Colombia (Lizeth León), Ecuador (Mónica Almeida y Ana Karina López), Venezuela (Valentina Oropeza), España (Marta Arias), Estados Unidos (Maye Primera) y, por supuesto, México (Temoris Grecko), con el objetivo de tratar diversos temas.

Estos profesionales de la información, procedentes de diferentes puntos, hablaron de ciencia; del cuerpo, de cómo se vive el cáncer sin medicamentos o cómo se trae la vida al mundo. Tampoco se olvidaron de temas que afectan a la profesión, como el asesinato de periodistas, o aquellos de índole personal como el homicidio de un hermano. Asuntos difíciles de digerir que, a veces, no son tratados con la suficiente delicadeza que merecen. ¿Cómo deberían ser manejadas estas cuestiones?, ¿dónde están los límites?

“Este es un espacio horizontal, hay que ser políticamente incorrectos- si no, no vale la pena estar aquí”, explicaba Caparrós a sus pupilos sobre una mesa en la que estaban expuestas 139 páginas de los adelantos de cada proyecto, eso en lo que los nueve informadores creen. ¿Para qué contar historias de profesionales de la información asesinados? Su pregunta ha sido lanzada al aire. Espacio para la reflexión. “Quiero que el mundo conozca a los periodistas mexicanos asesinados”, manifestó el mexicano Témoris Grecko, quien ha recorrido la geografía del país para recolectar historias.

Si por algo se caracteriza el taller es por su carácter libre. Ese en el que el periodista tiene la suficiente autonomía para deliberar los asuntos que quiera tratar. Aquellos temas que más le conmuevan o le resulten trascendentales para ser contados abiertamente al público, no sin antes saber qué historia narrar. Pero, ¿qué problemas pueden surgir a la hora de plantear un libro? Cabe destacar, por ejemplo, la sobreabundancia de pequeños relatos. Es decir, la dificultad de discriminar aquellos elementos innecesarios que no aporten contenido alguno en él.

A veces, los profesionales de la información nos olvidamos que la historia hay que desarrollarla con las ideas precisas, y no deberíamos. Pues, en palabras de Caparrós: “El libro es un espacio donde se refugia parte de lo mejor del periodismo”. Y, por lo tanto, tenemos que predicar con el ejemplo.

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