Hay vida más allá del ‘selfie’

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PATRICIA LUCEÑO MARTÍNEZ

Fotografía: Pixabay

Siempre he pensado que ‘instantánea’ es una forma realmente inapropiada de referirnos a las fotografías. Un instante, un momento, un segundo… nada más lejos de la realidad. Los cuatro márgenes de ‘la Polaroid’ pueden –y suelen- abarcar un mundo.

“Vi pasar ante mí, en pocas fracciones de segundo, la historia de la Humanidad”, dice Sebastiao Salgado en ‘Le sel de la Terre’ (2014), el documental en el que Wim Wenders trata de darlo a conocer. Utiliza esas palabras para ilustrar su trabajo en las áureas minas de Sierra Pelada, aunque, seguramente, también podría emplearlas para hablar de la Papúa Occidental o de los problemas medioambientales del Ártico.

Es curioso lo que ocurre con Salgado, es tremendamente conocido, pero muy pocos han oído hablar de él. ¿Cómo puede ser? Fácil. Su nombre se olvida desde el mismo momento en que en la retina, de modo impertérrito, queda grabado su trabajo, sus fotografías, esas imágenes que son de todo menos instantáneas y que nos han narrado el devenir del mundo en los últimos cuarenta años. Parece cumplir a la perfección uno de los preceptos más conocidos de Kapuscinski, recogido en ‘Los cínicos no sirven para este oficio’: “En este sentido, el único modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia. Existimos solamente como individuos que existen para los demás, que comparten con ellos sus problemas e intentan resolverlos, o al menos describirlos“.

Eso es, precisamente, lo que conquistó al director de la cinta. En ella, narra cómo, al ver un par de fotografías de Salgado en una galería de Los Ángeles hace veinticinco años, se dio cuenta de cuánto le importaban las personas al brasileño. “Eso me gustó porque, al fin y al cabo, las personas son la sal de la Tierra“, añade Wenders haciendo referencia al Nuevo Testamento (Mateo 5:13) y eligiendo título para su película.

Después de poco más de un lustro de amistad, parece que algo se le ha pegado. La fotografía de la cinta es espectacular. Los planos, el montaje y la locución –esa sosegada voz en ‘off’ de Salgado- forman un todo en el que podemos establecer un paralelismo evidente con el trabajo del retratista: una pluralidad de matices que dibujan una historia que va más allá de lo que vemos en pantalla -o en papel-. No bosqueja su figura solamente con el fondo, también lo hace con la forma.

Los vibrantes colores del documental contrastan con la tendencia al blanco y negro de Salgado. Aun con la misma elección cromática, de todos modos, el resultado sería bien diferente, algo que se encarga de resaltar entre fotogramas: la visión de cada persona hace que no haya dos imágenes iguales. Una visión, la de Salgado, polémica en muchas ocasiones: la crudeza que retrata, ¿se excede de lo puramente informativo? Un debate que, como hemos podido comprobar con la actual crisis humanitaria de los refugiados, nunca pierde actualidad.

Quizás ‘instantánea’ no sea una denominación tan mala, después de todo. Quizá se refiera al momento exacto es que algo cambia en nuestra cabeza, el momento en que una imagen nos recuerda algo que parece evidente –y que lo es-, pero que se olvida con frecuencia: hay vida –y mucha- más allá del ‘selfie’.

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