Nuestras bibliotecas se proponen “ser un poco más humanas, más comprensivas”

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Entrevista a Nieves Centeno, directora de la biblioteca de la Facultad de Comercio y coordinadora del Grupo de Responsabilidad Social de la BUVa

ESTHER MARTÍNEZ GONZÁLEZ  |  Fotografías: Esther Martínez

La Biblioteca de la Universidad de Valladolid (BUVa) es una, pero tiene 14 puntos de acceso en los campus y en las distintas facultades. Nieves Centeno es la directora de la biblioteca de la Facultad de Comercio y coordinadora del Grupo de Responsabilidad Social de la BUVa. En un acogedor encuentro en su despacho, nos habla del compromiso de responsabilidad social.

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¿Cómo fue la creación del grupo de responsabilidad social de la BUVa?

La biblioteca está en un proceso de certificación de excelencia. En el 2011 comenzó este proceso y seguimos el modelo EFQM, un modelo para las empresas con el fin de asegurar que tienen una calidad en diferentes aspectos. Hay nueve criterios. El criterio 8 es el que afecta a la sociedad. Entonces al hacer la evaluación de la biblioteca se vio que, en todo lo referente a sociedad, teníamos una puntuación muy baja y obtuvimos el sello 200. Nos propusimos que todo lo que afectara a los ámbitos sociales había que mejorarlo, por ello creamos el grupo en enero del 2014. El Grupo de Responsabilidad Social está formado por una persona de cada una de las bibliotecas que hay. Luego hay una persona de Arquitectura, otra de Ingeniería… Y yo soy la coordinadora. Nos reunimos una vez al trimestre. El año pasado hicimos muchas cosas, estábamos muy emocionados al ser el primer año.

¿Han participado muchos alumnos en sus actividades?

Participan poco. Hay cosas que sí que se han hecho, pero hemos participado más con gente de fuera. Por ejemplo, el año pasado la estrella de las actuaciones que hicimos fue la colaboración con la Asamblea Ciclista de Valladolid. Se hizo una campaña que era ‘Usa la biblioteca, usa la bicicleta’. Era en colaboración también con la biblioteca pública de San Nicolás. Entonces fueron alumnos, pero no necesariamente de la Universidad. Proyectamos una película, ‘La biblioteca verde’. Tuvo bastante repercusión.

¿No participan alumnos porque las actividades no están enfocadas a ellos o porque no les llega?

No están especialmente dirigidas a ellos, pero, de todos modos, lo malo de los alumnos es que las bibliotecas las usan como salas de estudio. Entonces, tampoco se implican en las actividades. En lo único en lo que sí están implicados es en la línea verde del Grupo de Responsabilidad Social, llamado así todo aquello que tiene que ver con el medio ambiente, la ecología y las buenas prácticas ‘ecorespetuosas’.

Disponen también de un blog, ¿lo crearon a la vez que comienza la iniciativa?

No, el blog se crea dos o tres meses más tarde. Uno de los temas que más discutimos fue si era mejor que el blog lo llevaran una o dos personas o entre todos. Al final, decidimos probar a ver cómo funcionaba entre todos. Unos colaboran con su propio nombre y otros, con seudónimos. De esa manera, funciona bastante bien. Es cierto que hay gente más implicada -hay, por ejemplo, dos bibliotecas que no se han implicado nada-. Las demás participamos al unísono.

¿Cuántas visitas reciben?

Pocas. Lo que tiene más éxito dentro del blog es la agenda.

Tratan el tema de la seguridad laboral (Protocolo para casos de acoso laboral). Hábleme un poco de ello.

En estos dos años, no se ha producido ninguna situación por la que tuviéramos que recurrir a la legislación. Se aprobó en 2012, pero contempla situaciones muy difíciles de demostrar. Yo tuve una experiencia cuando no existía este documento y lo que hice fue acudir a la mediación, a un defensor de la comunidad universitaria.

Tienen un compromiso social de modificar instalaciones, servicios y procesos. ¿Puede darme algunos ejemplos?

Por ejemplo, para que la Responsabilidad Social sea efectiva, la biblioteca tiene estudiado cuáles son sus grupos de interés. Con respecto a los doctorandos, nunca habíamos hecho ninguna actividad para ellos. El año pasado, sin embargo, se organizó un curso de formación destinado a este colectivo y este año tenemos intención de repetirlo. Por otro lado, en la Facultad de Filosofía y Letras se han instalado dos ordenadores para personas con discapacidad visual y auditiva. Ha sido una iniciativa que ha salido de la biblioteca, pero la ONCE ha participado activamente. De hecho, está dentro de los objetivos el ir aumentando los ordenadores y las salas para discapacitados.

Y con respecto al tema financiero, ¿cómo es su presupuesto para estas actividades?

El presupuesto de la biblioteca no ha sufrido en todos los años de la crisis. Ha habido años que ha estado estancado, pero ha sido ascendente. Así que no hemos tenido ninguna restricción.

Desde su punto de vista, ¿qué es lo más favorable de esta iniciativa?

Para mí, la sensación de apertura, apertura a la sociedad. Que nuestros usuarios no sean solo alumnos y profesores; ser un poco más permisivos; ser un poco más humanos, más comprensivos.

¿Qué cree que le falta a este proyecto?

Para mí es muy importante, pero tengo la sensación de que estamos a la cola, que para un bibliotecario son más importantes los procesos. Aunque nos estamos concienciando, todavía es la asignatura maría. 

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Antes de despedirnos, Nieves me habla de sus planes para el futuro: “Para lograr ampliar el sello, nos han dicho que la parte de la ecología teníamos que trabajarla más. Creo que en el 2016 vamos a abordar este tema más en profundidad y, sobre todo, unirnos a la Oficina de Calidad Medioambiental y Sostenibilidad de la Universidad”.

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