ALBA MARTÍNEZ PÉREZ | Fotografía: Gloria Martínez  |

Gabriel García Márquez conseguía de una manera casi única que el lector se sintiese en el lugar en el que él decía que estuviese. Esas descripciones tan exactas que te transportan de una manera casi inmediata al lugar de los hechos. La lluvia es un elemento que se puede apreciar en grandes e importantes obras suyas. Esas que utiliza como elemento melancólico o vengativo en muchos casos. Es por eso que decimos que en un día de lluvia no hay mejor plan que trasladarse a lugares así con obras de de Márquez.

La otra costilla de la muerte o La siesta del martes son pequeños relatos en los que la lluvia está relacionada directamente con la muerte, siendo en el primero entre un hombre y su hermano muerto y el segundo entre una madre y una conversación en la tumba de su hijo ya fallecido. Asimismo, podemos encontrar también obras como La viuda de Montiel en el que el elemento lluvioso aparece cuando comienza la venganza del pueblo a la viuda del señor Montiel por haberles robado las tierras cuando estaba en vida.

En Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (llamado en un primer momento El invierno), Un señor muy viejo con unas alas enormes o Solo viene a hablar por teléfono podemos ver como la lluvia es solo un añadido a una narración tranquila y pausada. En esta última, la protagonista comienza dando un tranquilo viaje hasta terminar acaba por error en un centro de salud mental causando al lector un gran grado de ansiedad. En cambio en Isabel viendo llover en Macondo nos cuenta como la lluvia es la causante de un encerramiento y sufrimiento de los habitantes de Macondo.

Y es que leer a García Márquez un día de lluvia puede hacerte no solo pasar un rato agradable, sino que esa lluvia te represente o consuele anímicamente.

 

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