Fotos, las que inmortalizarán al hombre

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Fotografía/ Alba Camazón
CLARA NUÑO GÓMEZ  |  Fotografía: Alba Camazón

Son las doce del mediodía y una curiosa escena está siendo representada a las puertas del Salón de Grados, en la Facultad de Filosofía y Letras. Un pequeño grupo de estudiantes, armados con las viejas cámaras de vídeo de la universidad, rodean a un hombre mayor que, ataviado con un traje azul marino, responde solemnemente a la improvisada entrevista en la que se ha visto envuelto.

Pasados unos minutos, un pequeño reguero de veinteañeros se desliza entre las puertas de la sala y va ocupando, bolígrafo en mano, las butacas frente a estrado. Están esperando a alguien.

Al cabo de un rato, dos personas, un hombre y una mujer, ocupan la tarima. Pero los murmullos que se han adueñado del espacio no cesan, no es a ellos a quién se espera.

12:20. El hombre del traje azul irrumpe en la sala y toma asiento junto a los otros dos. Silencio. Comienza la ponencia.

Virginia Martín Jiménez e Ismael García Herrero, profesores del Grado en Periodismo de la UVa, son los encargados de presentar al invitado. Es Raúl Cancio, un fotoperiodista español que lleva medio siglo apretando el gatillo.

Medio siglo en el que, con cada disparo ha sabido transmitir gran parte de la última historia de España, afirma García tras hacer un breve repaso a la carrera de Cancio, a quien considera uno de los padres del fotoperiodismo español. Aplausos.

El hombre del traje azul se levanta de la silla y comenta jocoso: «Me encanta que me presenten porque me da una lluvia de vanidades terrible. Y me encanta”. Risas cómplices recorren el público y el hombre sonríe, con un primer comentario ha conseguido granjearse la simpatía de sus oyentes.

Es un hombre de frente amplia y gesto amable que afirma haber hecho de todo en este oficio y que, además, lo único que sabe hacer es periodismo, nada más que periodismo.

Es difícil hacer una buena foto de prensa. Tardé más de dos años en escoger setenta fotos que fueran dignas de meter en un libro” -sentencia mientras sostiene su última publicación, Objetivo Raúl Cancio– «aunque ahora todo el mundo sabe hacer fotos gracias a estos ‘cacharritos’, cosa que ha cambiado el periodismo», concluye agitando su teléfono móvil en el aire.

Su voz adquiere un tinte grave cuando advierte a los futuros periodistas de algo que para él es una máxima. «Una cosa muy importante os voy a decir de este oficio: primero, que os guste; segundo, que lo queráis. Debéis reíros mucho, que ya tendréis tiempo para llorar”.

Habla de su manera de ver la fotografía deportiva, de capturar el momento, de la suerte que tiene uno si da con un buen director que le deje hacer “lo que le de la real gana”, como fue Luis Cebrián, quien le pidió que revitalizara el fútbol.

Tras enseñar y explicar varias de sus imágenes en el campo del deporte, se coloca la gruesa montura de sus gafas para realizar una advertencia, pues se ha fijado en que muchos de sus espectadores portan grandes cámaras en sus manos. “Las cámaras son elementos fríos; perfectos, sí, pero fríos. Si tú no le pones la ansiedad, el amor, los sentimientos… la cámara no te los va a dar. En una foto debes tener espontaneidad, momento… es un oficio de instantáneas. Lo que pase por tu visor y no lo congeles nunca más lo vas a volver a hacer. Cada imagen es irrepetible”.

La nostalgia lo invade al recordar a ese fotógrafo que revelaba las fotos en los hoteles. Ríe al recordar que lo primero que hacía era ver si el baño tenía ventana o no. Si la tenía, la tapaba con una toalla, para que no entrara la luz. Allí montaba su laboratorio, dejando que las copias de las fotografías que iba a revelar flotasen en la bañera.

Sonríe, también, cuando habla de una señora de la limpieza que llamó a la policía al ver semejante parafernalia. Los rostros que le observan, nacidos con la era digital, parecen estar tratando de imaginar cómo sería trabajar con un laboratorio.

Cancio relata las anécdotas de su vida de fotoperiodista trotamundo como un abuelo, emocionado, que recorre junto a sus nietos las aventuras de su ya lejana juventud. Fotografías impactantes, impresas en tamaños desmesurados, páginas de sus libros que enseña, con delicadeza, a toda la sala.

Gabo, la Pasionaria, Andy Warhol, Newman… Fotos, fotos y más fotos. Ya no se oye el rasguear en los cuadernos, todos están cautivados por las imágenes.

Finalmente, pide poner un vídeo en el que están recogidas varias de sus fotos más reconocidas. “Dura lo que una canción –promete-; de hecho, está acompañado de una voz, con la que mis fotos tienen que competir. Aunque no se yo si tendrán muchas posibilidades. Es Frank Sinatra”. Risas. Silencio. Aplausos.

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