ÁNGELA GUERRA ALONSO  |  Fotografía: Pixabay  |

Todo el mundo habla de Clubhouse, una aplicación nueva y poderosa. Muchos buscan la única opción por la que se puede entrar, la invitación para formar parte de esta red social, pero realmente, ¿sobre qué trata todo esto?

Esta nueva realidad ha aumentado más que nunca la dependencia de las pantallas. Además, debido al aislamiento, herramientas prácticamente desconocidas hasta hace unos meses, como la plataforma de videoconferencias Zoom, han experimentado un crecimiento máximo hasta el punto de ser indispensables en el día a día. Y, dentro de este grupo de éxitos, destaca Clubhouse.

Captura de pantalla de Clubhouse. / Fuente: AppStore

La aplicación Clubhouse ha causado furor desde el principio y se basa en el empleo de la voz. Nació en marzo de 2020 y ya ha registrado más de 8 millones de descargas. Además, cuenta con usuarios reconocidos a nivel mundial. En estos momentos la aplicación solo está reservada a unos cuantos privilegiados. En Estados Unidos, donde tiene mayor apogeo por el momento, están la mayoría de usuarios, aunque se está extendiendo al resto de territorios de forma rápida.

Clubhouse da la posibilidad de crear una ‘habitación’ con la temática deseada. Sin embargo, tiene grandes diferencias con otras redes, como su funcionamiento. Permite seguir a otros usuarios, notifica de nuevos seguidores y envía todo tipo de notificaciones para estar al día. La mayor diferencia, sin duda, es que la voz lo es todo. Está disponible en AppStore, solo para dispositivos IOS por el momento, aunque aseguran que el objetivo es agregar a personas a Clubhouse lo más rápido posible. No obstante, por ahora, lo único que se puede hacer es apuntarse en la lista de espera hasta que confirmen la invitación.

Es una aplicación donde mantener conversaciones con conocidos y extraños con el ánimo de fomentar el diálogo y debates. Por ello, la presencialidad virtual es importante. Es algo único y curioso en el mundo actual, causa de su éxito. Algunas figuras públicas como Elon Musk, Ai Weiwei, Lindsay Lohan y Roger Stone forman parte de ella y las conversaciones sin restricciones que posibilita han desencadenado la ira de China, donde se prohibió Clubhouse la semana pasada.

Captura de pantalla de Clubhouse. / Fuente: AppStore

Sin fotos ni vídeos, ya que aquí lo importante es escuchar y hablar. Esta es la peculiaridad de Clubhouse, que nace de la popularidad de los podcast. Asimismo, crea un entorno donde fomentar el concepto de mesa redonda virtual y aprender sobre cualquier tema, mientras se hace otra actividad. Cada usuario de Clubhouse dispone de dos invitaciones, pero puede adquirir más al ser un usuario activo o si suele crear salas de debate.

Una vez dentro, se puede participar en lo que llaman salas o foros de debate. Sólo es visible la imagen de perfil de cada usuario y su nombre o información personal. Si resulta de interés y se quiere aportar algún conocimientos al respecto, se puede pedir el turno de palabra. Entonces, el moderador decide si lo concede o no. Incluso, pueden invitar a participar en el debate. No obstante, si no interesa o no hay nada que aportar, existe un botón para rechazar de forma cordial la invitación.

Los audios en Clubhouse dan la oportunidad de crear debates en diferentes idiomas sobre tecnología, innovación, medicina, impartir clases de meditación o recitales de poesía. En cambio, también tiene sus contras. Entre ellas, sobresale la privacidad y seguridad, ya que esta aplicación es algo invasiva a la hora de acceder a los contactos en el móvil. Para invitar a amigos, recurre a los contactos de cada usuario para sugerir posibles amigos y los ordena según el número de conocidos que los contactos tienen dentro de esta aplicación.

No es el único fallo de seguridad al que se está enfrentando la aplicación en sus inicios. La dificultad para acceder ha fomentado la creación de un ‘mercado negro’ para comprar invitaciones. Las redes de estafa están aumentando cada vez más en este aspecto. En cuanto a la relación que tiene con el periodismo es peligrosa. El periodismo no ha parado de evolucionar y se ha adaptado a los diferentes medios de comunicación a lo largo de su historia. No puede con Internet, ya que está en un cambio constante, con nuevas técnicas y formas de comunicación cada año a las que hacer frente.

Muchos periodistas se han echado las manos a la cabeza por el hecho de abrir las puertas de una técnica periodística a personas que no lo son. Pero lo que más les molesta es que este tipo de prácticas, alejadas de los medios y profesionales tradicionales tengan un éxito rotundo. En definitiva, una nueva forma de hacer periodismo está creciendo a pasos agigantados en estos formatos nuevos y emprendedores. Mientras los medios y los periodistas deciden si confrontarlo o sumarse a él, los creadores de contenido continúan marcando el nuevo rumbo de la profesión.