PAULA GÓMEZ RODRÍGUEZ | Fotografía: Paula Gómez Rodríguez  |

Su libro gira en torno a la violencia sexual y con este tema comienzan la ponencia ‘¿Cerró usted las piernas?’ Marta Jaenes y Rosa Márquez. ‘Seguramente todas, alguna vez, habréis sentido miedo la volver de noche solas. Alivio si habéis sentido pasos detrás de vosotras, y habéis visto que era una mujer’, explican. La violencia sexual puede sufrirla desde ‘la estudiante del colegio más prestigioso de Estados Unidos’ hasta ‘la niña de la aldea africana más pobre’.

Rosa Márquez y Marta Jaenes sosteniendo su libro ‘¿Cerró usted las piernas?’

Periodistas, directoras y escritoras, Jaenes y Márquez han hablado también del proceso de elaboración de su documental ‘¿Qué coño está pasando?’ (disponible en Netflix). Durante el proceso de rodaje, en 2018, se estudiaron todos los temas presentes en la agenda feminista de ese momento. En su investigación, se dieron cuenta de que la violencia sexual era un tema que después de mucho tiempo, era el corazón de esta cuarta ola feminista.

Márquez quiere recalcar que todas las mujeres, si no han sufrido violencia sexual, han sentido su amenaza. La realidad, dice, es que son muy pocos hombres los que violan, pero que ‘estos pocos consiguen tener atemorizadas a todas las mujeres’.

En España, además de la cuarta ola feminista, ‘la violencia sexual fue visualizada a través del mal llamado caso de La Manada‘. Todo el mundo sabe de este caso, lo que no se conoce tanto es que en esa misma semana de San Fermín ya se habían denunciado otras cinco agresiones sexuales y once casos de abusos. ¿Porqué fue tan revulsivo este caso?

Según las autoras, lo primero es que visibilizó la violencia sexual que se daba en los ambientes de ocio. Y, sobre todo, fue tan mediático por la fuerte reacción del feminismo. Enseguida, hubo protestas que empezaron en Pamplona y siguieron por todos los rincones de España.

Al hablar de esta cuarta ola feminista, Jaenes insiste en que no solo sucede en España. En 2017 salieron a la luz las agresiones y el abuso de poder del #Metoo. ‘Tampoco nada nuevo, estaba establecido casi como un cliché’, asegura. Tanto el caso de San Fermín como el movimiento #Metoo fueron un punto de inflexión. En ese momento, el movimiento feminista llevaba años siendo muy fuerte en España, ‘ya había sacado músculo’, pero no había tenido tanto poder mediático a partir del de estos sucesos.

Las autoras regresan trece años atrás en el tiempo, hasta el caso de Nagore Lafagge, brutalmente asesinada por un compañero de facultad, Diego Yllanes. El movimiento feminista también salió a la calle, pero no tuvo tanta repercusión mediática. Esto se refleja en el juicio por su asesinato, cuando el juzgado popular pudo hacer tres preguntas a la madre de Nagore, a través del juez. Este se dirigió a la madre y le dijo: ‘dos de las preguntas considero que no proceden. Y la tercera te la hago, aunque considere que no debería: ¿su hija era ligona?

El título del libro de estas dos activistas es también la pregunta de una jueza hacia una víctima de violación: ‘¿Cerró usted las piernas?’. Esto es, como poco, llamativo e irrespetuoso. En otros delitos, como en un atraco, no preguntan si has agarrado bien el bolso para que no te lo roben. Esta culpabilización hacia la víctima es uno de los grandes problemas de la cultura de la violación. ¿A quién se juzga? ¿Al violador o a la violada?

En relación con este problema tiene mucho que ver el tratamiento que se hace desde los medios de comunicación. Por desgracia siempre hay casos para ejemplificar estos hechos.

El año 2016, todos lo hilarán con este nombre: Diana Quer. Otra víctima de violencia machista de la que los medios hicieron noticia muy pronto comenzando a especular que había pasado. Al mismo tiempo que se investigaba el caso todavía no resuelto, salían titulares como ‘Las otras desapariciones de Diana Quer’, dando a entender que era una chica conflictiva. También se puso el foco en su madre, la cual estaba en ese momento, en un proceso de divorcio traumático con el padre de Diana. Continuamente salían titulares tratando de culpabilizar a la madre ‘Las fiestas con hombres de la madre de Diana Quer enredan la desaparición de su hija’.

Este tipo de tratamiento mediático reafirma una de las principales normas del patriarcado: ‘El espacio público pertenece a los hombres’. ¿Es que las mujeres tienen que mantenerse en el espacio privado? ¿Al salir al espacio público se arriesgan a que les pase lo mismo que a Diana Quer, las niñas de Alcácer o a Laura Luelmo? Desde luego que no.

Jaenes y Márquez subrayan la concepción errónea que tiene el patriarcado de lo que es una mujer sola en el espacio público. Una mujer sola, no es una mujer sin compañía de un hombre. En 2019, la NASA hizo la primera misión espacial íntegramente femenina y los medios titularon ‘Por primera vez las mujeres caminaron solas por el espacio’. Y es que, si son dos, no están solas. Estaban juntas.

Desde los medios, igual que desde la literatura y el cine, se ha transmitido una idea equivocada de lo que es una violación. La idea estereotipada de que sucede ‘en un callejón oscuro a punta de navaja’ corresponde a cifras mínimas. Según el Ministerio del Interior, el 80 por ciento de las víctimas de violación conocen a sus agresores. Un violador puede ser tu hermano, tu vecino, o tu profesor.

Respecto a los agresores, hay muchos mitos y esto también tiene que ver con el tratamiento mediático. Se tiende a la deshumanización, a tratarles como si fuesen bestias o animales. Como si fuesen ‘los otros’. En el libro, la investigadora Nerea Barjola lo define muy bien y dice que ‘se deshumaniza a los agresores como si hubiese una manzana podrida en el cesto, y al sacarla se acabase el problema’. Este tratamiento erróneo lo que consigue es despolitizar la violencia sexual.

Volviendo al mal llamado caso de La Manada, desde los medios se aprovechó el apodo a estos cinco hombres para jugar con ese símil de animales. Tratándoles como animales, como si viviesen al margen de la sociedad o estuviesen locos; la realidad es que uno era un guardia civil y otro un militar, personas perfectamente integradas en la sociedad, con su parejas y trabajos.

Un violador es una persona de a pie y no marcan la diferencia la edad o el trabajo como tampoco lo hace la nacionalidad. Otro de los mitos que desde la ultraderecha se intenta proclamar es que los violadores casi siempre son extranjeros. Acudiendo de nuevo a los datos del Ministerio del Interior, vemos que el setenta por ciento de autores de los delitos contra la libertad sexual son españoles. Las autoras ponen el acento en la doble moral de VOX, que cuando se habla de un inmigrante dicen ‘como que debería estar cargado de cadenas en un avión de vuelta a su país’ y cuando el acusado de violación se trata de un militante de su partido lo despiden con un ‘mucho ánimo’.

Frente a los (desgraciadamente) frecuentes casos de violación, la violencia sexual, la persecución y el abuso de poder que sufrimos las mujeres por hecho de serlo: el futuro será feminista, o no será.

A Rosa y a Marta, gracias por dejar constancia de ello.