El ocio femenino en la Edad Moderna

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CLARA GARCÍA BERMEJO  |  Fotografía: Javier Liébana

“Es difícil encontrarnos a las mujeres en la historia, porque esta ha sido escrita mayoritariamente por hombres y en masculino”. Así comenzó Mª Isabel Gascón Uceda su conferencia “El ocio femenino en la Edad Moderna” en lo que fue el segundo día del ciclo de conferencias “Juego y ocio en la historia” en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras. Tras una breve presentación y algunos problemas técnicos con el sonido, Mª Isabel, procedente de la Asociación Catalana de Estudios Históricos (la cual tiene una importante función divulgadora en temas histórico-sociales) y experta en temas relacionados con el papel de la mujer en la historia, empezó su amplio recorrido por las actividades que se practicaban por este colectivo en el tiempo de ocio durante la Edad Moderna._DSC0007

La RAE define el ocio como cesación del trabajo, inacción o total omisión de actividad; tiempo libre de una persona; diversión u ocupación reposada. Pues bien, si el ocio, a finales del siglo XIV era algo malo, el recreo femenino era considerado todavía peor, ya que se denominaba “ociosas” a las mujeres que lo realizaban, con toda la connotación despectiva de dicha palabra. De esta forma, Mª Isabel afirmó que “el ocio en las mujeres era lo peor de lo peor”, ya que implicaba el descuido del marido y de los hijos, y, en definitiva, de las tareas que le eran (y le siguen siendo) asignadas a la mujer por la sociedad. Con algunos ejemplos de los siglos XV y XVI, la experta nos mostró cómo los autores de estos siglos dejaban bien claro en sus escritos que las buenas mujeres no le dedicaban tiempo al ocio, el cual solo les servía para distraerse de sus obligaciones.

“En aquella época, el ocio femenino era lo peor de lo peor”


El juego y el ocio son dos cosas distintas; sin embargo, tienen algo en común, y es que, tal y como afirmaba Gascón, “el juego y el ocio tienen una premisa imprescindible: la libertad. Cuando una cosa deja de hacerse con libertad absoluta y por placer, deja de ser ocio o juego y pasa a ser negocio”. Con los juegos infantiles, tan necesarios e importantes en el desarrollo de las niñas y que servían para diferenciar las pautas sociales, la ponente comenzaba así su ruta a través de las etapas de la vida de una mujer y los juegos que correspondían a cada una de ellas. Durante la primera infancia, que duraba hasta los 7 años, niños y niñas juegan a lo mismo. Es a partir de la segunda infancia cuando empieza la diferenciación de roles. Las niñas con juegos más sedentarios y tranquilos, enfocados a aprender a ser una buena ama de casa y los niños con juegos de acción, como cazar pájaros. Pero ya no son solo las diferencias en los juegos; en la etapa adulta, ciertas acciones que no eran consideradas pecado para los hombres sí lo eran para las mujeres, habiendo diferencias a su vez entre las mujeres de pueblo y las de ciudad al regirse cada tipo por unas normas sociales distintas.

“Cuando deja de hacerse una cosa con libertad y placer, dejad de ser ocio y pasa a ser negocio”


Tras comentar numerosos juegos de acción, sedentarios y de ingenio de la época (las tabas, el corro, el columpio, el ajedrez…), la experta hacía gran hincapié en el juguete femenino por excelencia a lo largo de toda la historia: la muñeca, considerada el elemento que introduce a la niña en su vida de adulta. Durante la Edad Moderna, eran utilizadas por mujeres adultas y de todas las clases sociales. Es en el siglo XVI cuando se construye la primera casa de muñecas, que eran consideradas objetos de lujo, y a partir del siglo XIX cuando estas pasan a ser utilizadas también por las capas sociales más bajas. El caso más paradigmático de esta pasión por las casas de muñecas es el de La aldea de la Reina, un terreno con una gran mansión y jardines donde la Reina María Antonieta simulaba jugar a las casitas y ser pastora.

Terminada la ponencia, se abrió la rueda de preguntas. Una de las cuestiones a las que respondió Mª Isabel fue sobre cómo veía la evolución de la diferenciación de los roles desempeñados por niños y niñas en el juego, a lo que esta respondió: “Estoy triste, porque hubo una época en la que los juguetes eran unisex y tanto los niños como las niñas jugaban juntos a más juegos. Sin embargo, llevamos unos años en los que nos ha dado por las princesitas y los dragones, lo cual ha diferenciado los roles desde muy pequeños. Lo que se había conseguido, se está volviendo otra vez a dividir, creándose unos roles como los establecidos a mediados del siglo XX”. Con una reflexión, en base a una de las preguntas de los presentes, sobre los cuadros de Goya, en los cuales nunca aparecen niñas jugando, se dio por finalizado este segundo día de conferencias sobre el ocio y juego en la historia.

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