CLAUDIA DOS SANTOS DIEZ  |  Fotografía: Pixabay  |

Hoy en día, el cine es para muchos un gran entretenimiento, un pasatiempo de fines de semana. Y es que, en un mundo donde el trabajo y el estudio son el pan de cada día, todos necesitamos ese momento de desconexión. Unos minutos de evasión de la realidad de la que formamos parte, pero, ¿el cine es sólo eso? La respuesta parece clara: no.

No en vano, se considera al cine como la séptima de las artes. Y como buen arte tiene varias categorías: los diferentes géneros cinematográficos. La lista es demasiado larga al no poder poner límites a la imaginación. En cambio, si de lo que se va a hablar es de un género en específico, el cine social es de todos ellos sin duda el más importante. Pero, ¿por qué?

En el mundo actual en el que vivimos hasta la información se compra con dinero y las multinacionales dictan a los medios lo que pueden o no decir. En este contexto, esta categoría de cine social en particular juega un papel muy importante.

El cine social es como todos los demás: una manera de contar una historia. Lo que diferencia este género del resto, es que trata sobre problemas de enorme conflicto tales como la desigualdad, el hambre, la crisis, el racismo, las guerras, la homofobia, etc. Es muy amplia la temática a tratar, y esto se debe a que el caracter social hace que no sea un género necesariamente pequeño. Tampoco fue creado ayer. Esta categoría es casi tan longeva como el cine en sí mismo. El séptimo arte data del año 1895 con los hermanos Lumière y su cine mudo. Ya en 1940, tiempos de la Alemania nazi, Charles Chaplin se atrevió con este tipo de cine en El dictador donde interpreta a Adolf Hitler.

Charles Chaplin interpretando a Adolf Hitler en “El dictador”, 1940. / Fotografía: Pixabay

El dictador es una condena contra el nazismo, el fascismo, el antisemitismo y las dictaduras en general. Situaciones reales de la época. ¿Cómo si no iba a llegar la información y las diferentes opiniones a la sociedad en un mundo donde no se gozaba de las tecnologías actuales? Y de aquí la importancia del cine social. Es evidente que no vivimos en el siglo pasado. Sabemos lo que pasa en el momento en el que ocurre con tan solo teclear un poco, pero a pesar de ello el índice de personas con un bajo nivel de cultura general es bastante preocupante.

El cine social no es solo cine, es más que eso. Es una historia. Nuestra historia. Una condena a la desinformación, a la ignorancia. También una bendición para todos esos cerebros pensantes con necesidad de cambio que se niegan a ser tratados como esponjas empapadas de conceptos previamente masticados. En definitiva, una manera de formar nuestra opinión propia para luego ser presentada al mundo.

El cine social es para todos aquellos que sabéis (y queréis) mirar más allá.

 

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