MARÍA MORAL AGUADO  |  Fotografías: Pixabay  |

Hoy en día existe en el mundo del periodismo una categoría en la que debemos hacer especial hincapié, se trata de la prensa amarillista.

El sensacionalismo o prensa amarilla se determina como una técnica o estilo, como una forma de expresar la realidad e interpretarla, cuyo fin es producir impresión, emoción y sensación, y que es aplicable a todos los medios de comunicación (especialmente a la prensa escrita, la radio y la televisión). Se critica a los medios que utilizan esta postura sensacionalista porque genera una tendencia a falsear información, a resaltar el morbo y la violencia o a banalizar la vida social. Los diarios deportivos son un claro ejemplo de esta práctica sobre todo por sus titulares de portada. Por ejemplo, en un titular del diario Marca (2007), los fichajes que se anunciaban provenían únicamente del eterno rival de cada equipo, buscando generar el escándalo de sus seguidores. 

El sensacionalismo se caracteriza por tener una tendencia a la dramatización y a la exageración de la información, e incluso por llegar a distorsionar la realidad para atraer a una mayor audiencia con la difusión de informaciones chocantes y polémicas con el objetivo de llamar la atención. Con ello, lo que se consigue es aumentar las emociones y apelar a los impulsos pasionales del lector; en definitiva, llevarle a una idea alejada de la realidad del hecho noticiable.

El término se originó durante la “batalla periodística” entre el diario New York World, de Joseph Pulitzer, y el New York Journal, de William Randolph Hearst, de 1895 a 1898El primero trató de enfocar los hechos desde perspectivas diferentes a las de la época, mientras que Hearst creó las noticias porque pensaba que toda información podía interesar a la población. Ambos eran dos grandes magnates de la prensa neoyorquina que daban siempre un toque sensacionalista a sus artículos.

Este estilo de periodismo desarrolla formas más emotivas que se centran en captar la mayor atención posible. Pero puede llegar a desinformar, confundir a los lectores y crear una idea errónea sobre la noticia.  El libro La prensa sensacionalista en el Perú, de Juan Gargurevich Regal, constituye un ejemplo de estudio sobre el sensacionalismo que existe en la historia del periodismo.

Resulta difícil no caer en el sensacionalismo, ya que los medios de comunicación y los periodistas que se sirven de él, encuentran una estrategia para llegar a todos los públicos, vender y atrapar el interés del público. Uno de los principales consejos para evitar este tipo de dramatización de los contenidos, sería centrarse únicamente en la noticia e ignorar los detalles innecesarios y provocadores. Para hacer frente a la frivolización, hay que tener en cuenta el uso correcto del lenguaje y evitar inercias que puedan insensibilizar a la audiencia, especialmente en los titulares en los que puede ser negativo el uso repetido de fórmulas. Si queremos ser unos buenos periodistas, debemos dejar de guiarnos por sensaciones y centrarnos más en una información veraz.

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